LA QUINTA PATA | ¿CFK vs. Macri?: una titular ya salió a la cancha

(Foto: Noticias Argentinas).

Cristina ordenó la interna, puso programa y reflotó la unidad. Mientras, apura definiciones en JxC y le hace hervir la cabeza al ingeniero. ¿Suplentes afuera?

No hubo esta vez reproches a Alberto Fernández ni descalificaciones al manejo de la economía. Tampoco, frases de catálogo sobre que este no es el tiempo de hablar de candidaturas. Menos, intentos de frenar el clamor que llegaba al palco desde abajo en forma de «Cristina presidenta». Habló del pasado, de su pasado, pero de un modo diferente: como prueba de que es un camino para unir no solo al peronismo sino a todo «el gran movimiento nacional» bajo un proyecto renovado. El futuro es 2023 y Cristina Fernández de Kirchner salió el viernes a la cancha con todo para darle su impronta y ordenar al panperonismo. La pregunta que surge a partir de ese hecho es si no terminará también por ordenar a la oposición, enfrascada en una lucha sin cuartel por la candidatura presidencial, dándole a su némesis, Mauricio Macri,la señal que esperaba para, él también, marcar el paso entre su gente.

Como de cualquiera que haya tenido un rol tan largo y protagónico, muchas cosas pueden decirse de Miguel Ángel Pichetto, pero no precisamente que sea un negado para la política. En Brasil, dijo hace poco, «jugaron los titulares, Lula y Bolsonaro; ese es un buen ejemplo para lo que tiene que pasar en el país. No se puede hacer política con los suplentes». «Lo que viene tienen que jugarlo los que son los líderes y dirimir esa cuestión para un lado o para el otro. Es Macri de un lado y Cristina por el otro», sentenció. Bueno, ella ya está; ¿estará él?

Después de lo ocurrido el viernes y de la frase “voy a hacer lo que tenga que hacer», la fiebre subió en la militancia, que ya la ve a Cristina como candidata presidencial. El dato objetivo es que la definición fue ambigua y podría contarla, efectivamente, como candidata a una tercera presidencia –como Luiz Inácio Lula da Silva–, otra vez como postulante a vice, como cabeza de lista para volver al Senado o, simplemente, como armadora VIP. De lo que no cabe duda es que se dará el rol que entienda más útil para pelear por la permanencia del peronismo en el poder.

Desde el triunfo de Lula en Brasil, sectores del empresariado y las finanzas han temido justamente esto: que la vice anuncie que será protagonista de lo que viene. Con todo, ese hecho le da a Macri el único contexto posible para soñar con el segundo tiempo que tiene entre ceja y ceja.

Hace algo más de un año, Letra P se preguntaba, capciosa, si “Cristina y Macri ya fueron». La respuesta, un poco a contracorriente, era que no.

Como se decía entonces, si el presente es malo y el futuro no promete gran cosa, la tentación de volver a estadios anteriores –debidamente «relatados»– puede ser grande para sectores sociales significativos. Asimismo, la fragmentación del sistema político –lo que se verifica hoy con la emergencia del factor libertario– haría viables candidaturas con niveles de aceptación lo suficientemente altos como para pasar el filtro de la primera vuelta y dirimir los de rechazo, mano a mano, en la segunda.

Cristina sigue siendo la máxima garante de un modelo alternativo al vigente, sometido a los cepos del Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que Macri aún parece el vehículo más eficaz del antiperonismo, rol que buscará reflotar en la áspera cumbre que pretende monopolizar el próximo martes. Patricia Bullrichpuede filtrar en off que a ella nadie –ni Macri– «la ordena» y Horacio Rodríguez Larreta puede afirmar que está dispuesto a desafiar a su viejo padrino político. Lo que ninguno de ellos puede asegurar, mientras se matan a picotazos, es la unidad de todas las facciones del antiperonismo en la batalla final. ¿Podría hacerlo Macri? Su interna no es fácil, pero ganas no le faltan.

Mensajes para Todos

Cristina dijo muchas cosas en un discurso de 40 minutos, el primero desde el atentado del 1 de septiembre y antesala de otro, el jueves 17, en el Día de la Militancia.

Para empezar, marcó la cancha con la única cosa que en este momento pretende del Gobierno: que la recomposición de los salarios privados, imposible solo a través de paritarias en un régimen de alta inflación como el actual, incluya el otorgamiento de una suma fija. En lo demás puso algodones, actitud que el Presidente acompañó desde un solitario «contraacto» en Santa Fe.

Cristina reivindicó –incluso contra la postura pública de Máximo Kirchner– su decisión de haber puesto a Fernández como cabeza de fórmula en 2019, un modo de conceder que este hizo lo que pudo en un contexto heredado de alta inflación, hiperendeudamiento, restablecimiento de la injerencia del Fondo y soledad internacional, como de hecho listó. Hecha la concesión retórica, le tocó el sábado al diputado cortar con tanta dulzura al retirarle espectacular y brutalmente al jefe de Estado –en tanto precandidato– el apoyo del PJ bonaerense. La palabra de los Kirchner es performativa en el peronismo: basta con que pronuncien la adecuada para que las cosas ocurran, so pena de una ruptura que nadie podría desear. A Fernández solo le queda ahora el camino del renunciamiento.

También hubo un gesto de Cristina hacia otro a quien necesita tener dentro de la alianza, Sergio Massa, al que, para omitir sus inclinaciones moderadas, ponderó por estar «haciendo un gran esfuerzo administrando lo anterior».¿Acaso piensa en reversionar el año próximo, posturalmente corregida, la fórmula patas para arriba de 2019? ¿Cristina jugaría como número uno y, acaso, Massa terminaría de llenar los posibles huecos en el crucial distrito bonaerense como número dos, expectante –como él mismo ha sugerido– para jugar en 2027? Eso es solo una hipótesis, pero es evidente que la vicepresidenta mira lo que acaba de ocurrir en Brasil y que allí Lula ha dicho que el próximo será su último mandato. 

Si hubo en el acto un tenue pase de facturas para la CGT y los movimientos sociales que no estuvieron del todo incómodos con Macri fue, más que para confrontar, para condicionarlos y que mantengan los pies dentro de su plato. Lo que venga la tendrá como eje, pero debe incluir a todos y todas.

Equipo y estrategia

El plantel está formado y también hay táctica, que en este caso es programa. A diferencia de tantas otras veces, en las que sus referencias al período 2003-2015 parecieron autohomenajes en tono sepia, las referencias del viernes apuntaron a presentarlo como el objetivo alcanzable a partir de diciembre del año que viene. Revisión del problema fiscal –algo que por fin reconoce como tal– en base a una carga tributaria verdaderamente progresista, en la que la minoría rica no termine pagando menos en concepto de Ganancias que los trabajadores y las trabajadoras; recomposición salarial apuntando a rebotar desde el subsuelo actual para volver al fifty-fifty y desde la evidencia de que los sueldos no son la causa actual de la inflación; política antiinflacionaria a partir de una relación activa con las empresas formadoras de precios para que estas no acaparen las ganancias de productividad; abordaje del carácter bimonetario de la economía, pero –a diferencia de otras veces, en las que nadie entendió lo que dijo– aclarando que el mismo no implicaría, como plantean Bullrichy Javier Milei, un blanqueo de esa realidad.

Por último, frente al crecimiento de la ultraderecha en sectores juveniles, reconoció la necesidad de volver a explicarles cosas básicas como la política de derechos humanos. Cristina dejó atrás la nostalgia y pretende convertir la narrativa de su legado en visión de futuro.

Otra vez mirando el ejemplo brasileño –y el atentado que viene de sufrir– planteó también la necesidad de un «diálogo democrático» y de uno «económico y social» amplios. Una duda que surge es si ella sería capaz de generarlo, al menos con la amplitud que desea, toda vez que Lula se ha plantado –zafando por un pelo, pero zafando al fin– como centro de una coalición de salvación democrática frente a Jair Bolsonaro, situación que para ella sería difícil de replicar en la Argentina.

Si el peronismo volverá a girar en torno a su dedo anular, la cuestión de PASO sí o PASO no carece incluso de relevancia. El no haber atacado a Fernández implica entregarle una rama de olivo, pero también un sutil desconocimiento de su deseo de buscar la reelección.

Palabras más, palabras menos: lo que vale es el equipo, Alberto.

(Nota publicada en Letra P).

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