La melancolía del albertismo

El Presidente decidió los cambios en su gabinete en una soledad que desespera. Épicas perdidas y fantasías 2023, con las PASO como tronco en la correntada.

Las salidas de Juan Zabaleta del Ministerio de Desarrollo Social –para no perder el mango de la sartén en Hurlingham– y de Elizabeth Gómez Alcorta del de Mujeres, Géneros y Diversidad –en repudio a la represión federal a una comunidad mapuche en la Patagonia– arrastraron, como se esperaba, al discutidísimo Claudio Moroni, el titular de Trabajo, pero no fue esa la sorpresa del fin de semana largo, sino el proceso en el que se decidieron los reemplazos Victoria Tolosa PazAyelén Mazzina y Kelly Olmos respectivamente–, el criterio que se usó y lo que estos dicen sobre el futuro de la presidencia de Alberto Fernández, cuando faltan 14 meses –¿poco, mucho?– para su finalización.

El mandatario consultó solo con sus incondicionales, con prescindencia de lo que pudieran pensar Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, cuya gestión es colindante con dos de las carteras renovadas, encargadas del rearmado urgente de la red de contención social y la política de ingresos en la emergencia inflacionaria.

El criterio que usó el jefe de Estado fue mantener esas estructuras bajo su ala para elevar un poco el perfil de una presidencia diluida entre la vicepresidenta y el ministro de Economía. Hacia el futuro, algunos análisis ven en la movida una actitud de autonomía pensando en dar pelea en 2023, aferrado a las PASO. Es posible que Fernández lo sienta así, pero ¿no es eso una ilusión cuando son más quienes quieren salir que quienes desean entrar? Tal vez haya que pensar más bien en el ensimismamiento de una presidencia crepuscular y melancólica.

¿Palos en la rueda?

La decisión presidencial de decidir casi en soledad los nombres de las nuevas funcionarias no sorprendió a Massa, quien se conforma con que ni desde Desarrollo Social ni desde Trabajo le pongan palos en la rueda. En ese sentido, le inquieta más el retorno de la crítica que plantea otra vez Cristina.

Así, se concentró en el viaje que iniciará hoy a Estados Unidos.

Allí participará, junto al viceministro Gabriel Rubinstein, su jefe de asesores Leonardo Madcur y el titular del INDEC, Marco Lavagna, de la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

Además, seguirá conversando con inversores difíciles de seducir y se involucrará en la movida para que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) vuelva a ser conducido por alguna personalidad de América Latina tras la caída sin gloria de Mauricio Claver-Carone.

Volvió «Alberta»

El portazo de Gómez Alcorta fue doloroso para el Presidente, tanto por poner en cuestión el lugar que el Gobierno reserva al cuidado de los derechos humanos como por comprometer la causa feminista, con la que siempre intentó mostrarse consustanciado. La crisis fue oportunidad y las tres salidas mencionadas –una mujer y dos hombres– derivaron en tres incorporaciones femeninas.

Salvo por el breve interregno de Silvina Batakis, hasta ahora «cada uno de los cambios anteriores introducidos en el gabinete nacional desde la asunción de Fernández había restado mujeres y había sumado varones», recuerda Ingrid Beck en Letra P. No esta vez. El giro tiene valor en sí mismo, pero acaso exprese también un matiz de melancolía: el de un Presidente que comienza a pensar cómo contará la Historia sus años de protagonismo.

Mazzina llega al Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad desde la Secretaría de la Mujer, Diversidad e Igualdad de la provincia de San Luis. Su salto a la política nacional parece, en buena medida, una apuesta personal de Fernández, con la que, además, tiende lazos con el gobierno peronista de esa provincia, el del otro Alberto. «Estuvo a cargo de la exitosa organización del 35 Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries en Territorio Huarpe, Comechingón y Ranquel. Fue Concejala por la Ciudad de San Luis y es profesora en Ciencia Política», describe el comunicado oficial los acotados antecedentes de la designada, de 32 años. 

La apuesta podría haber sido por alguna figura más representativa y, acaso, con mayor idea de la escala nacional de la tarea. Por el contrario, Fernández dejó el reclutamiento en manos de Vilma Ibarra y de Dora Barrancos, con el encargo de que miraran en las provincias. Aunque sea al precio de levantar la sospecha de que, tal vez, Mazzina sea la ministra de una etapa de ajuste y escasos recursos, pareciera que Alberto Fernández, que se autopercibe feminista y federal, comienza a buscar los modos de dejar huella. Este relato se tiñe otra vez de melancolía.

De Juanchi a Victoria

Albertista de pura cepa, la platense Tolosa Paz le permite al sector que responde al jefe de Estado retener Desarrollo Social, estructura clave en la crisis.

Conocedora de la problemática social y con antecedentes en diversos cargos de ese ministerio, llega al cargo que codiciaba desde hacía tiempo.

Será, para ella, una suerte de renacimiento tras al golpe que sufrió en las últimas elecciones legislativas como cabeza de lista en la provincia de Buenos Aires, uno que podría ponerla en la grilla para pelear por la intendencia de su ciudad. La tarea no será sencilla porque el conflicto ya está instalado en las calles y, en el último año de gestión, las necesidades serán mayores que los recursos.

De Daniel Arroyo a Zabaleta y de este a Tolosa Paz:, que el sillón principal de Desarrollo Social esté electrificado demuestra hasta qué punto la identidad del panperonismo está en crisis.

¿Será, por fin, el salario?

Con todo, la mayor sorpresa fue el nombramiento de Olmos en Trabajo, una decisión que apela al pasado menemista y al semillero senior del peronismo porteño, lo que, en tanto tal, no le gusta a casi nadie, ni al cristinismo ni a la CGT ni a Massa.

El problema principal del peronismo crepuscular es el salario o, en general, los ingresos, si se incluye a quienes sufren en la economía informal.

Según dijo, la economista, que no tiene experiencia en relaciones laborales ni tiempo de gestión para hacer la escuela, se propone «recuperar el salario». Sin embargo, a la hora de explicar el cómo, pareció aferrarse a una versión de la «teoría del derrame»: «La mejor manera de trabajar por el salario de los argentinos es combatir la inflación». ¡Uf! Eso puede llevar mucho tiempo… Mientras, se anticipa que piensa en el otorgamiento de una suma fija para robustecer los ingresos y mejorar su recepción en el sindicalismo. ¿Qué dirá Massa al respecto? ¿No debería haber sido consultado para cubrir un área tan sensible?

Lo que Cristina ya pide en público es que el Gobierno –Massa– controle a los formadores de precios, que –con Massa y ahora Tolosa Paz– establezca un bono significativo y no efímero para los sectores más afectados por la inflación y que –con Massa y ahora Olmos– lance la tarea urgente de recuperar salarios que siguen casi 20% por debajo del mejor momento –por llamarlo de algún modo– de la era Macri. La responsabilidad que asumió el ministro de Economía es colosal y este lunes se lo privó de, al menos, tener la influencia que desearía en un área clave de la gestión.

(Nota publicada en Letra P).

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