Pobre Argentina

(Foto: Noticias Argentinas).

La indigencia sube y la pobreza ¿baja? El minué de la grieta en una pista sin inocentes, la épica nacional que falta y la ¿misión imposible? de Massa. 

El INDEC anunció este miércoles que la pobreza afectó en el primer semestre al 36,5% de la población, algo menos que el 37,2% del segundo semestre del año pasado. Mientras, la indigencia trepó, en el mismo lapso, del 8,2 al 8,8%. Lo segundo duele demasiado; lo primero no es ni siquiera un consuelo de tontos. El mencionado 36,5% significa que, en Argentina,  más de 17 millones de personas no logran costearse una canasta de bienes y servicios básicos. El 8,8%, en tanto, que 2,6 millones no pueden darse «el lujo» de comer.

Sería injusto no considerar que los índices actuales reflejan aún el impacto del Gran Confinamiento de 2020, pero constituiría una mentira no consignar que un régimen de inflación del orden del 100%, como el actual, es un seguro para la ruina. 

A la par, la política baila el minué de la grieta, en el que quienes fracasaron ayer señalan a quienes fracasan hoy.

Sin inocentes

Letra P acierta cuando titula «Menos pobreza, más indigencia: Fernández, por ahora desaprobado». En rigor, quien pidió que todo su legado fuera juzgado a la luz de ese indicador fue Mauricio Macri, pero todas las presidencias merecerían pasar por el mismo tamiz. Dicho esto, hay que tener en cuenta que, en los últimos 30 años, la pobreza nunca bajó del 25%, incluso en períodos de elevado crecimiento económico. La clave de este drama es entonces estructural y está dado no solo por una macro en crisis permanente, sino por una estructura que reparte la riqueza poco y mal.

Más allá de la distorsión que Cristina Fernández de Kirchner avaló durante años en el INDEC, reconstrucciones de la serie histórica indican que ella entregó el poder a fines de 2015 con una pobreza del orden del 30%. En tanto, Macri terminó con 35,5%. Alberto Fernández, tras la pandemia, serpentea y mira absorto cómo la inflación aborta lo que el crecimiento trata de engendrar.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) difundido ni bien se conocieron los datos del INDEC explicó que «el salario de empleo no registrado perdió contra la inflación (mientras que) la evolución del RIPTE (los sueldos de quienes trabajan en relación de dependencia) en términos reales se mantuvo estable, al igual que la de la jubilación mínima». Así las cosas, ni siquiera la mejora del empleo resuelve la cuestión.

La solución debería provenir, si es que alguna vez llega, de una combinación de estabilidad macro, inversión en alza, consumo tonificado, crecimiento sostenido y distribución más equitativa de la riqueza.

Todo eso, que involucra intereses contrapuestos, como la tasa de ganancia de las empresas vis à vis la remuneración del trabajo, además de la política tributaria, dependería, a su vez, del surgimiento de una sana rebeldía social, constructiva, y de la generación de una épica nacional sin la cual nada será posible.

Un dato clave: más terrenal, Cristina trató con suavidad a Massa, pero no se privó de reclamarle una mayor intervención sobre las empresas de forman los precios de los alimentos. Primer aviso…

Es el salario, Sergio

DesPertar, el newsletter de Letra P, dijo el martes «es el salario, Alberto»; he ahí la madre del borrego. Cabe ahora decirle lo propio al ministro de Economía, quien optó, en el contexto del conflicto en el sector del neumático, que este miércoles volvió a empantanarse en el Ministerio de Trabajo, por una retórica marcadamente proempresa.

Sergio Massa corrigió una postura que había sido poco sensible a las demandas salariales al concurrir a la Cámara de Diputados para defender el proyecto de Presupuesto 2023. «La caída de los ingresos en últimos seis años ha sido muy importante. Hay que trabajar para la recomposición del ingreso en la Argentina». Amén. Su problema es que tiene que hacer todo junto: reducir el déficit fiscal, limitar la emisión de pesos, mantener el tipo cambio a la vez competitivo y bajo control, hacer bajar la inflación, mejorar los ingresos y lograr que la economía crezca. ¿Misión: Imposible?

Presupuesto de emergencia

Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), del Presupuesto surge que «el Gobierno nacional espera para 2023 una reducción real del 3,4% interanual del gasto primario». Eso se llama ajuste, el mismo que el cristinismo no le perdonaba a Martín Guzmán. Como se dijo más arriba, la vice le sacó este jueves la primera amarilla a Massa…

Esos, con todo, son los números de un proyecto de ley y no más que eso. La oposición reprochará la subestimación de la inflación, que no será el año próximo del 60% que consta en el proyecto y que le dejará al Gobierno recaudación no prevista para incrementar el gasto en la campaña electoral de modo discrecional.

Todo es provisorio y precario en la Argentina, pero la emergencia manda y no cabe reprocharle este estado de cosas a un ministro que llegó al cargo hace menos de dos meses.

(Nota publicada en Letra P).

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