Massa sembró afuera para cosechar en casa: la supergira y el dilema 2023

(Foto: Noticias Argentinas).

El ministro trajo todo lo que podía y se consagró como el frontman del Gobierno en EE.UU. Las variables que condicionan su futuro. Abril dirá.

Sergio Massa culminó una visita a Estados Unidos que fue inusual por al menos tres motivos: la importancia de los temas tratados en una coyuntura compleja para la Argentina, la duración de seis días y el traslado masivo de funcionarios y funcionarias. Ministro de Economía al fin, regresa satisfecho por una excursión que juzga todo lo exitosa que podría haber sido en una situación tan volátil, lo que le impone cautela a la euforia. Con todo, lo que más llama la atención es el nivel de contactos que logró hacer el ex presidente de la Cámara de Diputados, esto es el contenido político de la rotation.

El cierre de la misión fue el anuncio de un virtual acuerdo para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) apruebe el cumplimiento de las metas trimestrales y libere los más de 4.100 millones de dólares necesarios para el pago de los próximos vencimientos, lo que despejará el riesgo de un default y le ahorrará al país un elemento de enorme disrupción financiera. Asimismo, abrirá la puerta al reordenamiento de la deuda con el Club de París.

Según Massa, el acuerdo será elevado al Directorio del Fondo “en las próximas horas o días», mientras que el organismo, más parco, habló de lo segundo. Como sea, habrá paz.

El clima del encuentro fue muy bueno. Kristalina Georgieva ponderó el compromiso del ministro Massa con el cumplimiento de las metas acordadas con Martín Guzmán, lo que modera temores vigentes hasta no hace mucho. Tras el cara a cara, el FMI publicó una declaración de su directora gerente que destacó los “concluyentes avances» conseguidos en lo macroeconómico, la reducción del déficit fiscal, la contención monetaria, la acumulación de reservas y la modernización del marco tributario.

Antes de visitar el Fondo, el superministro había pasado por el Departamento del Tesoro, donde fue recibido por la secretaria Janet Yellen, su asesor David Lipton –uno de los máximos responsables del paquete récord que llegó al país en 2018 casi como un aporte de campaña sin precedentes–, el secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Kaplan, y el subsecretario de Asuntos Internacionales, Andy Baukol. Yellen no dejó pasar la oportunidad de instarlo a que acelere las reformas –N. del R.: el ajuste– que, entiende, necesita la Argentina.

Días atrás, Massa había pasado por el Departamento de Estado y la Casa Blanca, donde conversó con el alto funcionariado concernido con América Latina. Asimismo, estuvo con ceos de grandes compañías y, en Houston, con responsables de empresas petroleras que decidirán inversiones cuando encuentren condiciones para repatriar las ganancias que generen.

Como se ve, el tigrense cerró, con el concurso del embajador Jorge Argüello, todo el arco de contactos en Estados Unidos y completó los que ya traía de antaño en el Partido Republicano y parte de la comunidad de negocios de ese país.

Es la política

Massa entiende que todos los encuentros fueron positivos y que toda la misión probó la solidez de sus relaciones en Estados Unidos.

Sujeto a la interna omnipresente, está seguro también de haber enviado los mensajes necesarios para la persistencia de la marca Frente de Todos: ratificó, sí, el ajuste con el Fondo, pero sus reuniones con el sector empresarial se centraron en la economía productiva –en especial, pero no solamente, la energética, en Houston– y no, como ocurre tantas veces, con el establishment financiero de Nueva York.

Massa percibe que reforzó su perfil de interlocutor confiable en Estados Unidos. Parte de esa confiabilidad fue haber expuesto abiertamente el pragmatismo que quiere imprimir a los negocios con China.

¿Al final es 2023 o 2027?

Su problema es ahora cómo convertir el capital político logrado en el exterior en votos en casa. La tarea es difícil, lo que se da la mano con su insistencia en que su mira electoral está puesta en 2027 y no en 2023.

¿Dice toda la verdad? No necesariamente. Es obvio que, si los números –los de la economía y los de las encuestas– le dieran positivos, no dejaría pasar la chance el año que viene. Sin embargo, intuye que el paso por el Palacio de Hacienda es un revulsivo para su carrera política que probablemente haya llegado tarde para el próximo turno electoral.

¿A qué apunta, entonces? Sí, a 2027 –para eso le sirve todo el capital político que pueda acumular–, pero la decisión sobre lo que hará el año que viene llegará entre abril y mayo próximos. Si para entonces lograra reducir la brecha entre los tipos de cambio paralelos y el oficial en base a una mayor reducción de la cotización de los primeros –este lunes tuvo, otra vez, buenas noticias al respecto–, si el Banco Central siguiera fortaleciendo sus reservas –el dólar soja sigue funcionando muy bien en el corto plazo– y, muy especialmente, si la inflación se proyectara –imagina– hacia un 60% anual, cree que las clases media y trabajadora le darían una oportunidad. Lo difícil del intento es que tal escenario implicaría que el índice de precios al consumidor se reduzca casi a la mitad del 100% que rondará este año, guarismo que hace imposible pensar que el consumo se mantenga robusto.

(Nota publicada en Letra P).