Cristina y la Justicia: después de la espuma

(Foto: Noticias Argentinas).

La defensa pública de la vice condiciona al peronismo. Cercanías, distancias y dilemas. La calle manda. ¿Hay 2023? El precedente de Lula. Futuro imperfecto.

El video de la «ampliación de indagatoria» ad hoc que Cristina Fernández de Kirchner se dio a sí misma después de que se la denegara el tribunal que la juzga en la causa «Vialidad» registraba hasta el martes a la noche unas 430 mil vistas en su canal de YouTube.

A ello había que sumar más de 100 mil del de Infobae, 23 mil del de C5N, 18 mil del de Clarín, otro tanto del de La Nación, lo que registraron muchas otras páginas y, claro, los 12 puntos de rating de los canales de noticias que convirtieron el hecho en una virtual cadena nacional.

Tanta polémica inútil por las cadenas… Cuando el personaje convoca, las multitudes miran.

La platea la vio nerviosa; la popular, justamente indignada. Sin parcialidad, podría decirse que lució más encendida y menos enfocada que otras veces. La alusión a las visitas de Héctor Magnetto a Néstor Kirchner y a la concesión de la fusión de los cables resultó extraña. Asimismo, confundió dos veces a Telecom con Telefónica como adquirida por el Grupo Clarín y a Ushuaia con Jujuy. Y hasta mezcló al Chancalay que es puntero macrista con el jugador de Racing que viene de una expulsión que lo enemistó con los hinchas en el partido con San Lorenzo… Cosas que pasan.

La indagatoria autoconcedida ante el tribunal de la opinión pública dejó un acierto y un tema sin resolver. El primero, la denuncia del doble patrón de la judicatura cuando de peronismo o antiperonismo se trata; el segundo apunta a que si bien es cierto que la corrupción requiere el concurso de los empresarios que coimean, todas las andanzas que le adjudicó al indefendible José López ocurrieron bajo su gobiernosin que, al menos por lo que se sabe, haya tomado ninguna medida para ponerles freno. Con todo, como dijo el martes Letra P, la responsabilidad política sobre lo mucho que pasó –y pasa tan seguido– en la Argentina solo puede devenir responsabilidad penal si el Poder Judicial prueba las acusaciones. Y eso es lo que está por verse.

Un clima enrarecido

La Argentina se entrega a otro ciclo de vida anormal. Alarma que cualquier ciudadano o ciudadana –mucho más si es la vicepresidenta de la Nación, democráticamente votada– solo pueda moverse de casa al trabajo y del trabajo a casa gracias a las vigilias que montan quienes la quieren proteger de escraches y posibles ataques.La aparición de una anciana que, cuchillo en mano, amenazó a los militantes kirchneristas resulta elocuente de la sensación térmica imperante.

Movilizarse o no movilizarse: ese es el dilema. Alberto Fernández –que la miró por tevé en Olivos junto a Julio Vitobello y el intendente Mario Ishii– calificó el discurso de Cristina de “espléndido». ¿Le alcanzará al Presidente con los pronunciamientos vía Twitter? Difícil.

«Esto no es un juicio a Cristina Kirchner. Es un juicio al peronismo, a los gobiernos nacionales y populares, a los que peleamos por la memoria, verdad, justicia, el salario, las jubilaciones, la obra pública», advirtió ella en su mensaje para, al asomarse a un balcón del Congreso, hasta cantar la marcha. Sabrá cada cual de qué lado de la mecha colocarse.

Algo pasa en la base, que ha decidido autoconvocarse y que en los próximos días probablemente generará un acto callejero de alto impacto. No es difícil imaginar a movimientos sociales, sindicatos y referentes del Gobierno más o menos cristinistas plegándose al movimiento grass root, so pena de sufrir en carne propia el apotegma del General sobre los dirigentes y las cabezas.

Para Fernández, que está en contacto solidario con su vice, el costo de no estar a la altura de lo que se espera de él sería mucho mayor que el testimonial pedido de juicio político anunciado por el radical Ricardo Buryaile, se supone que por interferencia en el Poder Judicial. ¿Pero qué debería hacer? El indulto que algunos le reclaman sería un balazo en el pie y cualquier forma de intervención sobre aquel, algo política e institucionalmente suicida. Estar preso de las circunstancias parece el destino del desdichado jefe de Estado.

Sergio Massa, que ha medido al extremo las muestras de respaldo, tiene una excusa, que si fuera del todo cierta, sería muy buena: la necesidad de lidiar con agentes económicos sensibles y chillones. También él tendrá que elegir si quiere mantener con vida las elucubraciones sobre 2023 o 2027.

Apuntes del futuro

Para Cristina, la sentencia ya está redactada y hacia fin de año simplemente será noticia ruidosa. De cualquier forma, entre la primera instancia y el sueño húmedo del antiperonismo pueden mediar años. ¿Puede entonces haber «CFK 2023»?’

«¿Esta vez sí está acabada?». «¿Puede resurgir si se muestra como una víctima?». Esas eran las preguntas con las que inversores del exterior atormentaban ayer a sus cautelosos managers locales.

Luiz Inácio Lula da Silva escribirá en octubre el prólogo del best seller del año que viene. Las encuestas le sonríen al brasileño con todos los dientes a la vista, pero a diferencia de este, Cristina no cuenta con reivindicación judicial, declaración de la ONU sobre una persecución judicial, intención de voto suficiente ni una tolerancia  social mínimamente aceptable, como se ha visto en las calles en los últimos días.

De acuerdo con una encuesta del Observatorio de Psicología Social de la UBA (OSPA), completada una semana antes del alegato del fiscal-futbolista Diego Luciani y publicada por Perfil, el 80% de los dos mil consultados en Santa Fe, Córdoba, Capital y provincia de Buenos Aires la cree culpable, mientras que solo el 8% la ve inocente.

¿Podría ser candidata en esas condiciones? Claro, pero el espectáculo de la movilización militante no debería engañar y es extremadamente difícil que la vice eleve, en su hora más comprometida, su conocido techo electoral. Así las cosas, sería la postulante de una minoría fuerte, pero resignada a no gobernar, tanto por número como por predominante humor social. La gran pregunta, en tal caso, sería hacia qué orillas navegarían los trozos flotantes del peronismo restante.

(Nota publicada en Letra P).

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