El ministro que faltaba

(Foto: Noticias Argentinas).

Rubinstein, a la faena técnica. Massa, a la política, que en el FdT no es poco. Twitter que no me hiciste tanto mal, indulto CFK y ortodoxia nivel Broda.

La costura fue difícil y llevó tiempo, pero al final el ortodoxo Gabriel Rubistein será secretario de Programación Económica, en los hechos, el vice del superministro de Economía, Sergio Massa. Víctima actualizada del “te revisamos el Twitter» macrista de febrero de 2016, Rubinstein había quedado stand-by por haber actuado como un verdadero troll y reproductor de memes antikirchneristas, pasado sobre el que este domingo realizó la autocrítica apenas imprescindible para que Cristina Kirchner –presuntamente– le levantara la interdicción. Según surge de sus dichos, el economista lamenta haber proferido esas ofensas por su inconveniencia, pero no necesariamente por su contenido.

Rubistein será el «ministro» que faltaba y le dará a Massa lo que le faltaba: soporte técnico. Es como si el líder del Frente Renovador pasara a fungir, ahora más claramente, como garante político del alineamiento de la cúpula del Frente de Todos en torno al ajuste en ciernes –¿será así?–, mientras que Rubinstein se dispusiera a oficiar como su reaseguro técnico.

Sin ofender a nadie –especialmente a Alberto Fernández, que anda sensible con el tema–, si Argentina se ha dado en esta etapa un presidente –como dijo desPertar , el newsletter de Letra P,el 29 de julio, ni bien se produjo el nombramiento del tigrense– “a la europea», en buena medida testimonial, el ministro de Economía deviene una suerte de primer ministro y, ahora, Rubinstein en el ministro de Economía de hecho. Mientras funcione…

Otrora parte del equipo de Roberto Lavagna, bajo cuya gestión ofició como director en el Banco Central y colaboró en los acuerdos con el FMI y con los acreedores privados en 2005, el ministro que faltaba es considerado por el mercado un fiscalista que, desde su consultora, Gabriel Rubinstein y Asociados (GRA), se distinguió por la precisión de sus pronósticos macro.

Otros datos completan su perfil, algunos de las cuales él mismo recuerda en su perfil de Twitter: «Exdirector ejecutivo de la Bolsa de Comercio» de la Ciudad de Buenos Aires y de la calificadora Fitch. También se desempeñó como coordinador general del Estudio de Miguel Ángel Broda. En los últimos años ha orbitado intermitentemente en torno a Massa, por lo que su nombramiento no debería sorprender.

Liberal, como se ve, se ha mostrado siempre adverso a los controles de precios y ha defendido el equilibrio fiscal como la receta excluyente contra la inflación. El «cepo» no es de su agrado, pero sabe que, hoy, salir de él es imposible, por lo cual hace no mucho defendió la idea de un desdoblamiento formal del mercado cambiario. En el Central, Miguel Pesce se opone desde hace años a esa posibilidad por afectar a las empresas con deudas en dólares –empezando por YPF, pero también las privadas– y por ser un peligro para la brecha. ¿Qué opinará Massa? ¿Preferirá no patear ese avispero o asumirá el costo –inflacionario– de un incremento de un tipo de cambio libre para restarle presión a las exangües reservas? Por lo pronto, como botón de muestra, Ámbito Financiero recuerda que, «desde que asumió el Gobierno, se fueron 6.227 millones de dólares por turismo al exterior». Para Pesce, la cifra nunca justificó el costo político de mandar a los viajantes a abastecerse de billetes verdes por las suyas, pero ¿no sería hoy bastante más desahogada la situación cambiaria si esas divisas no hubiesen financiado el ocio de un sector desahogado?

Asimismo, Infobae augura que la energía y la importación de gas serán «un Talón de Aquiles que proyecta repetirse en 2023 por el escenario internacional». No sobra nada. En la cuestión de un eventual desdoblamiento hay una línea que será crucial seguir.

Ideas bajo la lupa

Perdón, Gabriel: Letra P también le revisó el Twitter. Así, surge que el 2 de agosto planteó la posibilidad de que una moderación de la inflación «mejore el contexto electoral» para el oficialismo. Acaso esa definición zanje el debate de cortísimo plazo sobre si el superministro apunta a 2023 o a 2027. ¿He ahí una declaración de intenciones expresada por quien le manejará los números al eventual presidenciable?

Más. Un día antes, el 1/8, había posteado un hilo en el que planteaba que «lo urgente e importante es terminar con el desequilibrio fiscal, mejorar la credibilidad interna y externa (importante desde lo político) para fortalecer reservas y mantener un ‘endeudamiento responsable’». Asimismo, que, «bajo estas condiciones, la inflación podría comenzar a estabilizarse en niveles razonables. Caso contrario, el riesgo hiperinflacionario seguirá tocando la puerta, y cada vez más fuerte». Queda claro que su programa no admite mayores concesiones.

Así las cosas, este lunes cabe prestar atención a la reacción del mercado financiero. En términos cambiarios, este será en un rato el punto de partida que quedó tras el cierre de la rueda del viernes:

Fuente: Infodólar.

La oposición lo cuestionó por haber aceptado y puso en duda su «dignidad», pero eso no importará si hay champán en la City.

Socia en silencio 

Se supone que Massa acordó el trazo grueso –y algo más– de su gestión para asegurar, si no el aval, al menos la aceptación de Cristina. Los anuncios iniciales de aquel y la confirmación de Rubinstein actualizan una verdad vieja: los gobiernos débiles frente a mercados envalentonados, especialmente si tienen un sesgo populista o de izquierda, muchas veces deben sobreactuar y pagar más cara la tranquilidad financiera.

Otra vez: ¿por qué acepta la vice este guzmanismo recargado cuando había deplorado activamente el original, más suave, tanto por por voz propia como de terceros, poniendo al Gobierno y al país contra las cuerdas?

Una hipótesis: vio el abismo demasiado cerca. Otra: que, cumplido este mandato, no le dé demasiada sobrevida a la forzada convivencia del panperonismo y así haya comenzado a prepararse para la resistencia en soledad.

(Nota publicada en Letra P).

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