Maldita inflación, la madre de todas las batallas y las primeras batallas

Julio viene con un piso del 6%, advierten consultoras privadas. El arte de los posible en un margen muy estrecho de maniobra. Dólares, tarifas y metas.

Es la inflación, claro, y el debut de Silvina Batakis no podría ser más complejo. Una ronda de consultas realizada entre economistas de referencia por desPertar y Letra P arrojó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de este mes tiene pronóstico reservado. «El piso va a ser del 6%. Pero el piso, eh», señaló uno de ellos. Lo más delicado es que este jueves recién termina la primera semana del mes y surgen como hongos testimonios de remarcaciones y hasta de faltantes de productos en todo el país.

Ciertos medios hablan de aumentos puntuales del 40%, pero eso resulta demasiado alarmista. Sí puede hablarse con certeza de un rango del 10 al 15% en alimentos de la canasta básica. Sin haber tenido tiempo de dejar sus cosas sobre el escritorio, la ministra ya nada en aguas turbias.

Así lo impone la sumatoria de las restricciones a las importaciones que dejó Martín Guzmán en sus últimos días en el cargo, la consiguiente falta de insumos en varios sectores y la inestabilidad cambiaria que este precipitó con su renuncia vía Twitter. Sin olvidar, claro, los propios modos de la salida de este último, reveladora del cansancio de Guzmán –y cierta falta de responsabilidad– y del alarmante nivel de improvisación de Alberto Fernández y quienes lo rodean en asuntos sensibles.

Para Batakis, las políticas de precios son un acompañamiento y no más que eso de un plan antiinflacionario abarcativo. Sin embargo, las papas queman. La idea de un control estricto, que supere lo conocido en términos de precios cuidados, germina en un cristinismo que busca marcarle el paso a una ministra que no siente como propia y que, encima, se rodea de viejos conocidos en la administración bonaerense de Daniel Scioli, como «los Martines» Di Bella y Pollera, quienes serán, respectivamente, viceministro y secretario de Comercio.

Ahora bien, ¿tendría impacto real una política tan setentista como esta última, tan vintage? En todo caso, ¿por cuánto tiempo? Al final, ¿quién se animaría a levantar la tapa de esa olla a presión? No sea cosa que el agotamiento de las medidas heterodoxas deje en el centro del debate en las elecciones del año que viene a quienes se solazan ante la idea de que la cirugía mayor no tenga anestesia alguna.

Un matafuegos, por favor

Lo anterior está directamente vinculado con las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial. Urge cortarlas.

El dólar blue arrancó la rueda del miércoles nuevamente en baja, alejándose de los 290 pesos de pánico del lunes, pero rebotó hacia el cierre para finalizar a 255. Los bursátiles –legales–, el «MEP» y el «contado con liquidación», subieron hasta 2,5% y el segundo de ellos finalizó a 280,20, por encima del ilegal. Más relevante: el Central vendió 90 millones de dólares este miércoles, con lo que totaliza más de 550 millones en lo que va del mes.

El riesgo país, mientras, ya pasa a ser irrelevante respecto de lo que el mercado considera que son las posibilidades de la Argentina de honrar sus deudas renegociadas: cerró al filo de estratosféricos 2.700 puntos básicos, lo que indica que, en la hipótesis –meramente intelectual– de que el Estado saliera a emitir deuda en el mercado internacional y alguien quisiera comprarla, debería pagar una tasa del 30% anual en dólares.

Batakis entiende la gravedad de la situación y anoche fue más lejos en su idea de sentarse encima de lo que aún queda en el Banco Central. «El derecho a viajar colisiona con el derecho a los puestos de trabajo», dijo el miércoles a la en TN y la oposición pegó el primer salto a la yugular de la flamante ministra. Su viene una nueva vuelta de la rosca falseada del supercepo.

Señales desde Washington

Como se esperaba, Batakis entregó una de sus primeras actividades a realizar un acercamiento al Fondo Monetario Internacional (FMI). Asistida por el representante argentino y del Cono Sur ante el organismo, Sergio Chodos, mantuvo una conversación telefónica con la directora gerente, Kristalina Georgieva; el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental, el brasileño Ilan Goldfajn, y la subdirectora Gita Gopinath. El comunicado nacional dice poco y nada, lo mismo que el posteo de circunstancia que Georgieva dejó en en Twitter.

La búlgara soltó más la lengua en diálogo con la agencia Reuters. «El mundo está cambiando muy rápidamente, pero (Batakis) se comprometió con los objetivos del programa y a trabajar con el Fondo de forma constructiva para cumplirlos», dijo. En el Gobierno leyeron la frase como un silogismo que lleva a la conclusión de que hay margen para cierta flexibilidad ante incumplimientos inevitables en materia fiscal, monetaria y de acumulación de reservas.

Según Georgieva, la ministra ratificó el programa para refinanciar 45.000 millones de dólares, esto es el trazo grueso del plan económico de Guzmán y Fernández, pero, como «el mundo está cambiando muy rápidamente» por la guerra en Europa y el por ajuste monetario que aplica Estados Unidos para contener una inflación récord en 40 años, el FMI publicará a fin de mes un recálculo de sus proyecciones económicas. Es más, aventuró que 2023 será un año de recesión global. Así las cosas, dejó un poco para el frente interno y otro para una relación que obligará a un toma y daca permanente. «La ministra entiende el propósito de la disciplina fiscal y también que, si se quiere ayudar a los pobres, no puede ser en condiciones de inflación galopante», señaló, a la vez que auguró «acciones dolorosas». Con todo, agregó que incluso con Guzmán tenía «puntos de vista diferentes» y que siempre «es importante llegar a un consenso explorando diferentes opciones». Empezó el partido por la flexibilización de las metas.

El arte de lo posible

El margen de acción de Silvina Batakis no es precisamente amplio. Así, el miércoles tuvo reunión y foto con la plana mayor de Energía, el sector rebelde que le hizo la vida imposible a Guzmán y, al final, lo sobrevivió. Todo indica que la «amplia libertad» que le prometió el Presidente para diseñar su equipo incluye la «libertad» de bancarse esas presencias impuestas. Es más, si aquella quiere aumento de tarifas y reducción de subsidios, la idea de Guzmán de una segmentación basada en los ingresos de los usuarios va mutando en una de tipo geográfico. En esta última premisa descansa el plan que le entregaron el secretario de Energía, Darío Martínez, y el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo «El Terrible». El boceto es un tanto basto… ¿En serio se tomaron dos años y medio para pintar de rojo los countries del Gran Buenos Aires y los barrios ricos de la Ciudad?

(Nota publicada en Letra P).

Anuncio publicitario