Guzmán pulsea con el mercado en la cancha de las expectativas por los precios 

(Foto: Noticias Argentinas).

El dato de mayo alentó al ministro, urgido de mostrar resultados. Futuro, entre el optimismo oficial y el escepticismo privado. El 4%, un piso duro de perforar.

Los límites de la paciencia presidencial, una interna oficial apenas adormecida y una economía que da señales más negativas en lo financiero, el consumo y los precios acotan el margen de acción de Martín Guzmán. El ministro de Economía mantiene a rajatabla su idea de que la reducción de la inflación en mayo confirma su hipótesis de que el índice más sensible para el Gobierno va a converger hacia una franja del 2 al 3% hacia fin de año y en eso basa sus chances de permanencia en el gabinete. El mercado, en tanto, cree que el IPC efectivamente bajará desde el alarmante 6,7% de marzo, pero entiende que encontrará un piso de al menos el 4% en el segundo semestre, lo que asegura una inflación superior al 70% en el año. De ser así, el Gobierno encarará el año electoral con una inercia fuerte y con pronóstico reservado respecto del humor social y de sus posibilidades de imponerse en las urnas.

«La inflación es un problema global y aquí hay una tendencia decreciente. Es un tema que no se va a resolver de un día para el otro. Es un proceso y lo importante es que hay una tendencia a la baja», dijo el jefe de Gabinete, Juan Manzur, antes de la reunión de gabinete de este miércoles.

La idea es, a la vez, un voto de confianza hacia su subordinado y un condicionamiento: habrá tolerancia mientras la tendencia mejore. El encuentro de los ministros, centrado en la agenda del crecimiento y el empleo, quedó retratado en una foto que, curiosamente, no cuenta con la presencia de Guzmán, quien llegó algo más tarde.

La caída de la inflación al 5,1% que anunció el INDEC, la reducción al 4,4% del sensible rubro Alimentos y bebidas y, sobre todo, la escalera descendente –6,7% en marzo, 6,1% en abril…– es, más allá del diferente sesgo estacional de los meses comparados, un dato positivo.

La ponderación, con todo, debe ser relativizada: dicho nivel es demasiado elevado y condiciona la evolución de los ingresos, el consumo y el crecimiento, a la vez que traza un pronóstico reservado para lo que viene.

Se suma a la prevención contra cualquier euforia injustificada lo que ocurrió con las diferentes categorías que mide el instituto de estadísticas. «Regulados (5,7%) fue la de mayor variación en el mes por los aumentos de prepagas y combustibles, sumados al alza de cigarrillos y de los servicios de electricidad y agua en algunas regiones del país. El IPC Núcleo (5,2%) fue la segunda categoría de mayor incremento, mientras que Estacionales (3,4%) fue la de menor suba, fundamentalmente por la baja de Verduras, tubérculos y legumbres», dijo. El futuro preocupa: la primera de ellas registrará este mes el impacto de la suba de tarifas de luz y gas en el área metropolitana, la segunda es incluso más alta que el promedio y marca una tendencia subyacente negativa y la tercera siempre es una incógnita.

El economista Claudio Caprarulo, director ejecutivo de la consultora Analytica, le dijo a Letra P que «la inercia que expone la inflación núcleo va a hacer muy difícil bajar el índice por debajo del 4% en los próximos meses».

Esa consultora no hace mediciones mensuales de inflación, sino proyecciones en base a modelos de análisis. De acuerdo con estos, dado lo ocurrido en lo que va de junio, la inflación de este mes sería similar a la de mayo: el número que se esboza, 5,4%, sería, en caso de confirmarse, una interrupción en el ciclo bajista que imagina el ministro.

«Proyectamos una inflación promedio del 4% para el segundo semestre, lo que arrojaría algo más de 72% en el año. Se trata de un piso alto», agregó.

Dicho número está en línea, por otro lado, con el 72,6% que arrojó el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, medida de las expectativas del mercado, que experimentaron un incremento impactante de 7,5 punto porcentuales en apenas 30 días.

De acuerdo con consultoras que sí miden continuamente la evolución de los precios, al efecto tarifas, junio sumaría –por lo menos por lo ocurrido en la primera mitad– una leve aceleración en alimentos.

La clave para por los costos de las empresas y por remarcaciones esperadas no ya en base a la inflación pasada, sino a la que los empresarios calculan para los próximos meses, necesitados de asegurarse la reposición de sus stocks. Aunque los salarios vayan inevitablemente detrás de semejante marcha del IPC, paritarias en torno al 60% le ponen un piso de esa magnitud a la inflación. Si a eso se suman los ajustes de tarifas –menores que aquella, pero que rompen con un largo congelamiento–, los efectos que la guerra en Ucrania sigue teniendo sobre la energía y los granos y el reciente empinamiento los tipos de cambio paralelos que hace presagiar una aceleración de la pauta de actualización del oficial, la mesa queda servida.

(Nota publicada en Letra P).