El mal uso de dólares escasos, otra espina en la relación CFK-Fernández

(Foto: Noticias Argentinas).

Hay divisas para importar, pero menos para producir. La temporada alta de sojadólares es un desperdicio. Un límite al crecimiento y al crecimiento. 

No todo pasa por el acuerdo con el Fondo Monetario internacional (FMI), el tamaño de las retenciones a las exportaciones de alimentos, la inflación sin control y el uso de «la lapicera» –el nuevo fetiche nacional– contra la voracidad empresaria. Un viejo reclamo de Cristina Fernández de Kirchner a la administración de Alberto Fernández apunta a lo que entiende como un mal manejo de las escasas divisas disponibles, que se traduce en el desperdicio de los precios récord de las materias primas de exportación y en que el Banco Central acumule poco y nada en la temporada alta de los sojadólares. Martín Guzmán no quiere apretar más de lo que ya está el manejo de la política comercial, esto es pisar en mayor medida importaciones que se considerarían no esenciales, por el temor a que a economía se enfríe y a que las expectativas se deterioren todavía más. El costo que paga, con todo, es alto, y en él se juega buena parte de su futuro en el gabinete.

Aunque a la vicepresidenta no le guste reconocerlo, los off the record de funcionarios propios sobre la cuestión abundaron en las últimas semanas porque la práctica no era monopolio del equipo de comunicación de Matías Kulfas.

De hecho, ella misma señaló, codo a codo con el Presidente, en el reciente acto por el centenario de YPF.

Allí hizo notar que a pesar de exportaciones abultadas por el factor precio, el Banco Central no logra acumular reservas suficientes, a lo que podría agregarse que en niveles lejanos a los impuestos por el acuerdo con el FMI.

Es más, la vice pidió revisar las autorizaciones a los pagos de deudas privadas, denunció un «festival de importaciones», y le reclamó a su jefe –formal– que use la lapicera y ponga fin al «deporte nacional de apoderarse de las reservas del Banco Central». Techint, su beneficio como proveedor en de tubos en la construcción del gasoducto Néstor Kirchner y la conveniencia de que, a cambio, se le reclamara la producción local de los mismos se inscribieron en la misma línea. A propósito de eso, después pasarían cosas…

De modo pertinente, un informe reciente de la consultora Analytica consignó que «en el primer cuatrimestre, el saldo comercial cayó un 29%, con los términos del intercambio más altos desde 2012. Si se busca evitar una solución de shock» al problema inflacionario, «hay que empezar a preparar los mecanismos de contención para cuando disminuya fuertemente la liquidación de divisas del agro a partir de agosto».

«Sin garantizar un flujo de dólares que alimente las reservas del Banco Central, no habrá estrategia de desinflación posible; en el frente cambiario, además, la política es contradictoria. Mientras aumenta el número de sectores productivos con problemas para importar insumos, la compra de bienes de consumo en el exterior está en niveles récord», puso el dedo en la llaga. La administración de divisas en un contexto de cepo… bien, gracias.

«La participación de los bienes de consumo importados en el consumo total se encuentra en máximos históricos y un 20% por encima de lo que se correspondería a la actual estructura de precios relativos e ingresos reales (…). La línea azul del gráfico muestra que esta relación ya supera los niveles de 2011, cuando el salario real era más alto y había un claro proceso de apreciación cambiaria», continúa.

La explicación del fenómeno radica en la fuga del peso que realizan las empresas en el contexto de inflación creciente, uno que hizo que en apenas dos meses la expectativa promedio del mercado para el año saltara solo en los últimos dos meses 13,4 puntos porcentuales hasta el 72,6%, de acuerdo con los relevamientos del Banco Central. 

«La combinación de brecha cambiaria, elevada inflación e incertidumbre política generan incentivos para estos comportamientos en las empresas y familias, sesgando las decisiones a la adquisición de bienes transables. En palabras simples, lo que tiene olor a dólar, se compra, dijo Analytica.

Asimismo, «la incertidumbre y las distorsiones asociadas a los controles de capitales y la alta inflación no redundan en un buen desempeño de la producción de bienes transables con elevada productividad sino solo en su consumo, entre otros bienes importados».

De acuerdo con la consultora, «es evidente que se está en presencia de los grandes efectos distorsivos que tienen la brecha cambiaria y la inflación sobre la economía real, afectando tanto la composición de la demanda como de la oferta agregada y disminuyendo la capacidad de acumular dólares del Banco Central».

«Faltan dólares para producir, no para consumir», es la conclusión del informe, esbozada ya en su título. Una amenaza que podría convertir el crecimiento actual, uno de los pocos puntos fuertes de la política económica del Gobierno, en uno más magro.

También en ese tema crucial se juega el futuro, tanto para la interna oficial y el futuro de Guzmán como para el cumplimiento de una de metas con el Fondo, que tienen en la acumulación de reservas un punto clave.

Sin dólares no se podrá pagar la deuda, se la patee para adelante como se la patee.

(Nota publicada en Letra P).