El futuro de la inflación y los ingresos recalentará la interna del Gobierno

(Foto: Noticias Argentinas).

Los precios sacan ventaja y las paritarias acortan la brecha, pero la carrera se complica. El consumo, a dos velocidades. La dinámica afecta a la base propia. 

Los ingresos de la población sufrieron la erosión inflacionaria en el primer cuatrimestre caliente del año, pero los sectores más necesitados resultaron particularmente dañados. La definición, que se puede ilustrar con números, explica en buena medida la tensión política que cruza al Frente de Todos, que Cristina Kirchner sintetiza en dos claves que considera ruinosas para el proyecto oficial y para el futuro electoral de la alianza: el surgimiento –el resurgimiento, más bien– del fenómeno de la pobreza dentro del mundo de trabajo formal y las penurias crecientes de los más rezagados, sectores insatisfechos que constituyen la base electoral del panperonismo. El futuro cercano, en ese sentido, tampoco augura buenas nuevas.

Los datos duros surgen de un interesante informe de Ecolatina, realizado en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. A ellos cabe superponerles, en una elaboración propia –esto es ajena a dicha consultora– la variable política para explicar lo que está pasando y lo que puede venir.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC cerró abril en 6%, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre fue del 23,1% y el de los doce meses previos, 58%. Sin embargo, explica Ecolatina, «no solo la inflación acumulada del primer cuatrimestre ya superó la de los últimos seis meses del año anterior, sino que también la del decil más pobre fue mayor a la del decil más rico en el comienzo de 2022: 2 puntos porcentuales de diferencia».

Pero sobre llovido, mojado.

«No solo la inflación por decil se movió de manera dispar, sino que también lo hicieron los ingresos laborales. Si bien en todos los deciles existió una pérdida real del poder adquisitivo en el primer cuatrimestre, fue bastante heterogénea al interior: mientras que la caída de los ingresos laborales rondó 2% en el 50% más rico, fue de casi 4% en la mitad más pobre. Al comparar entre el decil más pobre (-4,6%) y más rico (-1,3%) la diferencia observada es aun más grande», añade.

La explicación es sencilla: los precios de los alimentos «subieron cómodamente por encima del 6% en promedio durante los primeros cuatro meses del año» debido tanto a factores externos –la guerra en Ucrania– como internos –la sequía y la recomposición de márgenes de ganancias de las empresas–. 

El objetivo declarado del Gobierno es que los ingresos le ganen la carrera a los precios. Un problema para lograrlo es la propia estructura del mercado laboral argentino, en la que los más pobres suelen trabajar de modo informal y los mejor acomodados, en blanco, sindicalizados y sujetos a paritarias.

El desmadre reciente de los precios hizo que el Alberto Fernández y Martín Guzmán anunciaran para el primero de esos sectores medidas como «el bono a jubilados y perceptores de asignaciones, la implementación de un nuevo ingreso familiar de emergencia (IFE) por un monto de 18.000 y el adelanto en la suba del salario mínimo». Para el segundo, deben funcionar las negociaciones paritarias, que en el contexto actual, probablemente tengan una segunda vuelta hacia el final del año para evitar que los precios limen cualquier ajuste salarial que se negocie. En ese sentido, cabe recordar que sindicatos fuertes como el de los bancarios cerraron aumentos del orden del 60% –algo saludado en su momento por la vicepresidenta–, pero que esa cifra muy probablemente resulte superada por al IPC del año en, al menos, cinco puntos porcentuales.

La dispersión en lo que hace al efecto de la inflación sobre los diferentes deciles de ingresos de la sociedad y la dispar evolución de los ingresos da lugar a lo que la consultora define como una paradoja. «Los niveles actuales de consumo no parecen corresponderse con la marcada aceleración nominal», dice.

La sociedad consume a dos velocidades muy distintas. Por un lado, los sectores que cuentan con mejores defensas contra la inflación huyen del peso con su posibilidad de adquirir «relativamente más servicios y bienes de segunda necesidad», con gastos en turismo, esparcimiento, ropa y electrodomésticos, explica Ecolatina.

En tanto, los sectores de menores recursos recortan consumos esenciales. Ahí se encuentra, en lo político, la raíz de las quejas de Cristina Kirchner, su embestida contra Guzmán y, por el otro lado, las seguridades que este último le transmite al presidente respecto de que, a fin de año, la generalidad de los ingresos podrá con la inflación, lo que hará que el panorama luzca mejor en lo electoral para el Frente de Todos en 2023.

Ecolatina duda de que eso sea lo que vaya a ocurrir. 

«Incluso dentro de los trabajadores alcanzados por las paritarias, la dinámica de estas depende de cada sector en particular». En los sectores menos favorecidos del sector formal se afirma el reproche del cristinismo a Guzmán por el fenómeno de los trabajadores pobres. 

«Esto arroja que no necesariamente los sectores con mayor pérdida lograrán los mejores aumentos. Estas diferencias ‘intraparitarias’, junto a las mencionadas en relación con aquellos que están fuera del circuito formal, son las que materializan el riesgo asociado a un nuevo escalón inflacionario», explica Ecolatina.  

«Estas distintas tendencias podrán acelerarse en el corto y mediano plazo en tanto la volatilidad nominal dé lugar a distintas velocidades en la recuperación del poder adquisitivo», concluye.

Las cartas están sobre la mesa: Fernández y Guzmán apuestan a reducir la inflación alineando las metas fiscales y monetarias con lo pactado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en base a una mejora de las expectativas y acusa a sus rivales internos de jugar contra esto último; Cristina no cree en esas recetas, no está dispuesta a esperar un deterioro mayor de los ingresos de la base electoral peronista y, jugadas como están las cosas, pretende que el Gobierno contenga esa tendencia aun a riesgo de acelerar la carrera entre precios e inflación.

La continuidad de la pelea parece asegurada.

(Nota publicada en Letra P).