EMBARGO PETROLERO DE EE.UU. A RUSIA | Entre el impacto en el precio del crudo y un elevado peligro global

(Foto: Reuters)

La Casa Blanca hace punta con un embargo hidrocarburífero que, Alemania, por caso, no se puede permitir. Jugado a todo o nada, el Kremlin presiona a Ucrania con su ejército y a Europa con la amenaza de cerrar sus gasoductos. Riesgo de recesión global.

La noticia de que Joe Biden se disponía a anunciar un embargo a las importaciones de petróleo, gas natural y licuado y carbón de Rusia cayó ayer como una bomba. Hasta ese momento, el precio del crudo subía algo más del 3 % en Nueva York, cifra que trepó a más del 7 % tras la confirmación, para moderarse más tarde y cerrar a casi 125 dólares. La medida amenaza con desatar un proceso que, en un extremo, podría disparar el costo de la energía y la inflación internacional al punto de provocar una recesión global, recaída temible tras la pandemia. Por si eso fuera poco, se anuncian cambios geopolíticos de enorme magnitud.

Con la aclaración de que se trata de una metáfora –algo necesario en tanto el mundo ha debido contener el aliento cuando la invasión rusa a Ucrania alcanzó a las centrales de Chernóbil y Zaporiyia–, podría decirse que Occidente ya presiona el «botón nuclear» en este conflicto. En efecto, si Europa dejara de lado el miedo que le genera su dependencia y también vedara los hidrocarburos rusos, la cotización internacional del petróleo podría saltar a 185 o 200 dólares por barril, según consultoras, o a 300 dólares, según advirtió el propio Kremlin. En cualquiera de esos casos, una recesión global –el gran temor de China– quedaría a la vuelta de la esquina.

Situación

El desarrollo de vastas reservas de petróleo y gas no convencionales le ha permitido a Estados Unidos acercarse al autoabastecimiento, pero todavía realiza importaciones para cubrir la demanda doméstica y para abastecer a refinerías antiguas, que necesitan mezclar los crudos locales con otros de mayor contenido de azufre. Del total de las compras externas de petróleo y productos refinados de la gran potencia, solo el 8 % –672.000 barriles por día en promedio– llegó de Rusia el año pasado, señaló The Wall Street Journal citando datos oficiales. Canadá, México y Arabia Saudita, entre otros países, son proveedores más importantes. De cualquier modo, el impacto en los precios internos será inevitable.

Biden –que se arriesga a enojar a los consumidores más de lo que ya están por una inflación sin precedentes en 40 años poco antes de la elección legislativa de noviembre– corre desde atrás en la carrera iniciada por Putin para someter a Ucrania. El demócrata actúa bajo presión de una opinión pública que no logra conciliar su denuncia de los abusos de Rusia con acciones que hasta ahora no han logrado quebrar al jefe del Kremlin. Hay que recordar que el estadounidense afirmaba hasta hace pocos días que no podía tocar el mercado energético y pedía con el corazón a las petroleras de su país que no aprovecharan la crisis para responderle con el bolsillo subiendo los precios. Lo desesperado de la medida refleja su posición en la crisis.

Dilema

La misma presión social, hábilmente explotada por el presidente de Ucrania Volodímir Zelenski, fermenta en Europa Occidental, pero, en lo que respecta a los hidrocarburos rusos, la región oscila entre el rechazo al embargo y la duda. En efecto, depende en un 30 % de su consumo del petróleo ruso y del gas, en un 40 %, cifras que se elevan por encima del 60 % en el caso de Alemania, país que no puede darse el lujo de dejar sin calefacción y luz a los hogares y a su industria.

Sin embargo, el camino ya tiene dirección cierta: la Comisión Europea reveló ayer un plan para reducir en dos tercios la dependencia del gas ruso este mismo año.

Boris Johnson comprende a sus pares europeos, pero se pega a Washington: dejará de importar crudo de Rusia a fin de año, algo relativamente fácil dado que el Reino Unidos solo le compra a ese país el equivalente al 5 % de su consumo interno. Mientras, el sector privado hace punta: la compañía Shell anunció ayer la «inmediata interrupción de todas las compras al contado» y prometió cerrar sus estaciones de servicio y la producción de lubricantes y combustibles para aviones en Rusia.

Advertencia

Anticipándose a la jugada de Biden, el viceprimer ministro ruso, Alexandr Novak, advirtió temprano que, en caso de veda, su Gobierno podría cerrar los gasoductos que alimentan a Europa Occidental. Tras el movimiento estadounidense, ¿desencadenará Moscú el desastre total o se reservará su propia «opción nuclear» para disuadir a los europeos?

El crecimiento de Rusia hasta el tercer lugar en el mercado petrolero internacional, con una extracción de 11 millones de barriles diarios, no se debió solo a sus ingentes reservas. También fue producto de las sanciones que Estados Unidos y sus aliados impusieron al petróleo de Venezuela e Irán. He ahí cartas que Putin también juega en este TEG dramático.

La carta venezolana

Dispuesto a tragarse cualquier sapo con tal de evitarse una humillación en el teatro europeo, Biden envió el último fin de semana a Caracas una delegación compuesta por su principal asesor para la región, Juan González, el embajador retirado a Colombia James Story y a su consejero para asuntos de rehenes Roger Carstens. Aunque tras reunirse con Maduro le llevaron un caramelo a Juan Guaidó, estos revelaron con su presencia en Miraflores a quién realmente considera Estados Unidos, cháchara aparte, presidente de Venezuela.

Maduro se ilusiona con un alivio de las sanciones que pesan sobre su Gobierno y su país, pero es poco lo que puede ofrecer a la ofensiva estadounidense para incrementar la oferta petrolera. Su mal manejo de PDVSA y, decisivamente, las propias sanciones norteamericanas hacen que la producción de ese país, hoy de 800.000 barriles diarios, pueda estirarse en cuestión de algunos meses a un millón como mucho, dicen expertos. Además, su dependencia financiera, militar y política de Rusia se ha hecho máxima en estos años de castigo occidental.

Peligro nuclear

En paralelo, el régimen iraní flexibilizó su postura en las negociaciones nucleares de Viena, destinadas a ralentizar –difícilmente frustrar– su avance hacia «la bomba», una de verdad en este caso. El detalle es que Irán negocia con el Grupo 5+1, compuesto por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania. Entre los primeros se cuenta, claro, Rusia, que no tiene hoy incentivos para ayudar a Occidente en ese asunto urgente. En él, Biden propone y Putin dispone, pero habrá que ver si el segundo aguanta tanto viento económico de frente –que tendrá correlato social–. La historia prueba que ningún régimen, ni siquiera el soviético, ha sido inexpugnable.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).