FMI Y DESPUÉS | Las claves del swap chino: cuánto, cuándo y para qué

La letra chica del anuncio de Fernández. Reservas, a la espera del pacto con el Fondo. Una innovación, apéndice de la pelea global. Alivio para la importación.

En su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Alberto Fernández destacó el visto bueno de su homólogo chino Xi Jinping a la ampliación del swap –intercambio– de divisas ya vigente, tema que habían tratado en la reciente visita del argentino a Pekín. La cuestión quedó un tanto opacada por el griterío que rodeó la retirada de la bancada de PRO del recinto, pero constituye, junto al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que acaso se anuncie este mismo miércoles, un elemento importante de la estrategia del Gobierno para darle al tipo de cambio y a las reservas del Banco Central un horizonte de estabilidad que ayude a neutralizar expectativas de devaluación y de incremento de la inflación.

Mientras retumbaba la batahola, Fernández dijo: «Puedo anunciarles que ayer –por el lunes– he recibido la confirmación del gobierno chino de que han accedido a nuestro pedido de ampliación y uso del swap en función de lo expresado en la «declaración conjunta» que firmáramos en mi visita oficial. China siempre nos ha apoyado en los momentos difíciles, y confiamos en que pronto tendremos la autorización técnica correspondiente. Con ello también fortaleceremos la estabilidad cambiaria».

El swap es un esquema vigente desde hace años –por 150.000 millones de yuanes, valor hoy equivalente a 23.000 millones de dólares–, según el cual el Banco Central de la República Argentina entrega pesos al Banco del Pueblo de China a cambio de yuanes, aunque, por supuesto, el aporte relevante viene de allá hacia acá. El dinero queda disponible y comienza a generar intereses del 6% anual conforme partes de la línea son activadas.

Una fuente argentina vinculada a la negociación técnica que ya se abrió le dijo a Letra P que «no hay un plazo concreto, pero en un mes, más o menos, deberíamos tener una idea clara de la voluntad china». «No hay una fecha perentoria para concretarlo, pero no es un tema que dé para una negociación larga», explicó.

Si eso, alrededor de un mes, hace al cuándo, el monto negociado ronda el equivalente en yuanes a unos 3.000 millones de dólares.

El destino de ese dinero es que sirva como vehículo de importaciones nacionales desde china, que el año pasado generaron un déficit comercial de más de 7.000 millones de dólares. Así, la idea es que mientras se trata de equilibrar el intercambio, al menos este no genere presiones mayores sobre el dólar oficial y sobre las acotadas reservas del Banco Central.

Reforzar los activos de la autoridad monetaria es una de las claves de la política económica de este año y parte del propio acuerdo con el FMI. De eso depende que la economía nacional gane solidez, que el tipo de cambio no esté permanentemente en discusión, que los precios no se muevan al ritmo de las expectativas de devaluación y que, en el futuro, el país disponga de los dólares suficientes para poder pagar sus deudas.

Por otro lado, el Gobierno apunta a obtener del Fondo un reintegro de los dólares –expresados en la moneda del organismo, los derechos especiales de giro o DEG– percibidos como ayuda extraordinaria en la pandemia, que alcanzaron a 4.300 millones y fueron usados para mantener los pagos al día. Si ese dinero regresará para fortalecer al Central, también ayudaría el swap chino.

El dinero, como se sabe, es fungible, esto es que sirve para diversos propósitos. De esa manera, evitar el tener que echar mano a las reservas en dólares para pagar parte de las importaciones ayudaría al objetivo mencionado.

Ya en los gobiernos de Cristina Kirchner y hasta de Mauricio Macri se habló muchas veces de activar líneas en yuanes y en pesos para el comercio bilateral, pero nunca se lo puso en marcha. Ahora, afirman en la Casa Rosada, llegó el momento, algo para lo que cuentan como un gesto decisivo el visto bueno de Xi a que Fernández hiciera el anuncio formal ante el Congreso.

Su aplicación depende de cuestiones técnicas que no son del todo sencillas. Básicamente, la apertura en bancos de ambos países de líneas en ambas monedas que hagan posible los intercambios bajo una modalidad que prescinda del dólar. Superar la dependencia de la moneda estadounidense es un objetivo de largo plazo y escala global para China, segunda economía mundial que está entregada a una puja con Washington por la hegemonía.

En función del swap vigente, el Banco del Pueblo de China ya habilitó al ICBC a actuar como clearing house, aunque todavía no se registró ninguna operación. Ahora se busca remover todos los obstáculos burocráticos que aún dificultan al sector privado a facturar y cobrar en sus monedas de origen.

«El tema también es difícil por cuestiones contables. Las grandes empresas chinas que hacen operaciones de comercio exterior tienen preparada su contabilidad para realizarlas en dólares; ahora deberán hacerlo en yuanes», explicó la fuente. Eso debería, asimismo, adaptarse al nuevo esquema.

(Nota publicada en Letra P).