#1M APERTURA DE SESIONES | Fernández, la paz de Todos y la doctrina del paso a paso

(Foto: Noticias Argentinas).

Con Cristina, aunque sin Máximo. FMI, un anuncio que no llegó pero llegará. Mensaje a la interna: “no habrá ajuste”. Autocrítica, logros y palos a la herencia.

Los gestos, tanto los de los socios de la alianza gobernante y como los de la oposición, fueron tan importantes como el propio mensaje que Alberto Fernández dirigió este martes a la Asamblea Legislativa. En relación con lo primero, resaltaron la correcta bienvenida que le dieron sus socios del Frente de Todos, Cristina Kirchner y Sergio Massa, y la presión de los legisladores de Juntos por el Cambio, que lo recibieron con banderas de Ucrania colgadas de sus pupitres y pedidos a los gritos para que condene la invasión lanzada por Rusia. De las palabras del Presidente, en tanto, hay que resaltar el cuidado por apaciguar la contenida guerra civil panperonista con promesas de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no significará un plan de ajuste y la intención de sembrar la idea de que en la Argentina del futuro, si todo sale bien, las mejoras de la calidad de vida solo podrán ser graduales. “Tal vez tengamos ahora la oportunidad de ingresar en un sendero de desarrollo integral convirtiéndonos en verdaderos artífices de nuestro futuro”, señaló. Tal vez.

La presentación, como se dijo, fue con Cristina –tal como marca el protocolo– y ambos lograron evitar cualquier señal de tensión. Sin embargo, llamó la atención la ausencia del exjefe de los diputados peronistas, Máximo Kirchner. El dato refuerza la noción de que el acuerdo definitivo con el FMI –que, al revés de la pretensión oficial, no llegó antes del mensaje, pero que Martín Guzmán prometió presentar al Congreso esta misma semana– definitivamente no es digerido por el cristinismo duro.

A tono con el momento bélico que vive el mundo, los diputados y senadores de Juntos por el Cambio lo esperaron con el caso puesto y, esta vez, bajo bandera ucraniana. Fernández habló de la guerra en el inicio de su discurso y mencionó “la invasión militar de la Federación de Rusia sobre Ucrania”, pero evitó condenar al país agresor. Si bien el Gobierno fue afinando su posicionamiento con el correr de los días, período en el que pasó de una ambigüedad llamativa a la debida defensa de los principios de solución pacífica de las controversias y de la integridad territorial de los Estados –una imposición de la causa Malvinas–, la interna panperonista no es fácil al respecto. Como si hubiese sido producto del trabajo de un escenógrafo, Massa –quien sí condenó a Moscú– se sentó a su derecha y Cristina –quien se ha limitado a destacar su rechazo como jefa de Estado en 2014 al referéndum separatista en Crimea–, a su izquierda. La paz interna les sigue requiriendo a todos ellos el sacrificio de morderse las lenguas.

Consciente de que las encuestas no le dicen hoy lo que quisiera escuchar y que lo que queda de este año difícil será crucial para la pelea que todavía pretende plantear en 2023, Fernández dijo y repitió que ha cometido errores, pero resaltó la campaña de vacunación y la recuperación amplia de la economía del año pasado como logros de su gestión.

Salarios e inflación fueron los platillos de la balanza con la que evaluó la primera mitad de su gestión. En medio de las limitaciones de la pandemia –que enfatizó debidamente–, indicó que “los salarios reales del sector privado registrado (…) tuvieron una leve recuperación en 2021, aunque a un ritmo inferior al que queremos”; la inflación “multicausal” es “el mayor problema que tenemos”, completó. Así las cosas, “en 2021 la pobreza dejó de aumentar. Ahora ya estamos en condiciones de iniciar el sendero de su paulatina reducción”, prometió.

La refinanciación de la deuda con el Fondo se llevó el tramo más destacado de su discurso, en el que le habló tanto a la población como a su frente interno. Su problema es que la una y el otro confían ya poco en lo que les digan. Ver para creer.

“Es un acuerdo sin políticas de ajuste y con incremento del gasto real en todos los años del programa. Esto nos pone en un camino transitable para nuestro país con mayor previsibilidad, certezas y visión de futuro”, le avisó a su vecina de la izquierda, una de las que menos cree en sus promesas.

“Quiero ser muy claro ante esta Asamblea Legislativa: no habrá una reforma previsional; la edad jubilatoria no será alterada”, siguió. “Quiero ser claro: no habrá una reforma laboral”, insistió en paralelo. 

Los aplausos desde las bancas que albergaban a las tribus propias y los gritos desde las ajenas arreciaron cuando hizo la genealogía de la deuda con el Fondo. “En 2018 el entonces presidente, Mauricio Macri, decidió endeudar a la Argentina con el Fondo Monetario Internacional por un monto total de 57 mil millones de dólares”, tronó.

“Conocimos esa decisión a través de un discurso transmitido en cadena nacional. El Congreso Nacional no autorizó ese endeudamiento ni fue consultado respecto de las obligaciones que el Estado Nacional asumía al tiempo de tomar la deuda”, al revés de lo que ocurrirá ahora, en lo que supondrá un espectáculo para alquilar balcones. ¿Qué harán el camporismo en general y Máximo Kirchner en particular? ¿Cuál será el aporte opositor de votos para que el entendimiento no naufrague en el Poder Legislativo, que deberá expedirse sobre el texto sin posibilidad de enmiendas ni tachaduras?

“El dinero que ingresó de ese préstamo no fortaleció las reservas del Banco Central porque fue enteramente utilizado para pagar deuda externa insostenible y financiar la fuga de capitales. No quedó nada del dinero recibido en Argentina. Ni un puente ni una carretera. Solo nos quedó una deuda externa impagable”, recordó. Aplausos y gritos otra vez.

“Se iniciarán los pagos en 2026 para terminar en 2034”, refrescó lo que ya se conocía. No será su –¿primer?– gobierno el que pague, sino el que le siga, sea quien sea quien se siente en el que hoy es su sillón. 

“Logramos un entendimiento inusual en el marco de un programa con el FMI. Es un acuerdo sin políticas de ajuste y con incremento del gasto real en todos los años del programa. Esto nos pone en un camino transitable para nuestro país con mayor previsibilidad, certezas y visión de futuro”, dijo Fernández con énfasis, mientras Cristina miraba al frente y se esforzaba en gesticular lo menos posible.

La del futuro de las tarifas fue una referencia importante. “En Argentina se acabaron los tarifazos”, aseguró. “Vamos a segmentar los subsidios para lograr niveles de tarifas razonables, con justicia y equidad distributiva para los servicios públicos de gas y electricidad. Por eso, en principio, apuntamos a que el 10% de mayor capacidad económica deje de ser beneficiario de subsidios. Para el resto de los usuarios, nuestra política se inspirará en la Ley 27.443 votada en este Congreso de Nación en el año 2018 y vetada por el entonces presidente Mauricio Macri. Esa normativa establecía que las tarifas solo podrían incrementarse teniendo como tope el Coeficiente de Variación Salarial. Lo que haremos será utilizar ese mismo indicador, pero estableciendo que la evolución de las tarifas estará claramente por debajo de la evolución de los salarios. Así, alineamos el tema de las tarifas con una política clara para recomponer los ingresos en términos reales”. Pocas precisiones para un tema que se discutió hasta el final vía Washington y para cuya definición se echa mano a una segmentación cuyos contornos no parecen por el momento a la altura del trabajo de dos años que, afirma Guzmán, se ha hecho.

La batahola estalló cuando recordó que el año pasado impulsó “una querella criminal tendiente a establecer la verdad y las responsabilidades sobre este endeudamiento. Este acuerdo tampoco releva al Poder Judicial de avanzar en esa investigación. Los argentinos y las argentinas tienen el derecho de saber como ocurrieron los hechos y quienes fueron los responsables de tanto desatino”, dijo, disparando hacia afuera y hacia adentro. A los propios les recordó así que refinanciar los vencimientos con el Fondo no implica validar el modo en que esa deuda se contrajo.

Tan grande fue el griterío que al mandatario le costó retomar el hilo para anunciar un acuerdo para “la ampliación y uso del swap” que gestionó en su reciente viaje a Pekín. Con eso “fortaleceremos la estabilidad cambiaria (…). China siempre nos ha apoyado en los momentos difíciles”, ponderó.

Sobre el final, el repaso de la agenda legislativa que viene resultó de bajo impacto, aunque resaltó el que será su Plan de Desarrollo Integral, que consta del logro de nueve objetivos económicamente mensurables. 

Fernández delineó en su mensaje su visión del futuro posible. No está mal que se haya privado de prometer cosas impropias de un país tan debilitado y condicionado. Según él, hay futuro, pero este legaría paso a paso y solo si todo sale bien.

Sabe que en el medio lo esperan las banderas de guerra de la oposición de afuera y el fuego amigo de la que tiene adentro. Su objetivo para 2023, al que no renuncia pese a todo, está cerca en el tiempo, pero lejos en los hechos.

(Nota publicada en Letra P).