Fernández y las cuatro condiciones para tener 2023

(Foto: Noticias Argentinas).

El acuerdo final con el organismo es inminente. ¿Unidad o dispersión de Todos? Las cuatro condiciones y una batalla que se asume perdida. Pedido a la interna. 

La refinanciación de la deuda de 44.500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) parece al caer y, con ello, la etapa más áspera del interminable internismo del Frente de Todos. La cuestión retumbará con fuerza en el Congreso, pero más allá de eso, significará también el final el «gobierno de transición» de Alberto Fernández, período –largo, hay que señalar– que demandó ordenar un frente financiero que Mauricio Macri había dejado hecho un caos y superar los tragos más amargos de la pandemia. Comienza ahora, se ilusiona el entorno del Presidente, «el verdadero gobierno», uno también corto y que, según imaginan allí, podría desembocar en una candidatura a la reelección en 2023. ¿Le dará la nafta? Según reconstruyó Letra P en fuentes del entorno más cercano del mandatario, cuatro son las condiciones que busca crear y considera imprescindibles para tener chances de ir por otro turno en Balcarce 50.

Ajeno a las reyertas políticas, el mercado financiero respondió positivamente el miércoles a la noticia del que el acuerdo pasaba una primera lectura, informal, en el Directorio del Fondo. El índice S&P Merval de la bolsa porteña trepó 2,87%, las acciones argentinas que cotizan en Nueva York obtuvieron avances de hasta el 7%, los tipos de cambio arbitrados en bolsa –legales– declinaron levemente y el blue no dio malas noticias. Fue un día de calma.

El mercado entiende mejor que el ala izquierda del Frente de Todos que, con el acuerdo, el país gana sobre todo tiempo. Por supuesto que seguirá con celo el cumplimiento de las metas fiscales y monetarias que les ponen los pelos de punta a los máximos dirigentes del cristinismo, pero entiende que la firma del entendimiento dará inicio a una danza interminable de revisiones trimestrales, cumplimiento de objetivos, desvíos, pedidos de dispensa, otorgamiento de waivers y vueltas a empezar. Tal vez no haya que tomarse esos números tan a pecho.

Lo relevante, en el corto plazo, es que el organismo financiará con un ida y vuelta contable el megadesembolso que debe realizarse el mes que viene y también reintegrará –se verá en qué plazos– los 4.300 millones de dólares correspondientes a los derechos especiales de giro (DEG) enviados a la Argentina en concepto de ayuda extraordinaria en la pandemia y que el Gobierno usó para hacer frente a vencimientos. Eso sería oxígeno para los pulmones agotados del Banco Central y una ayuda importante para anclar las expectativas cambiarias.

Si el acuerdo con el Fondo es la primera condición del plan «Alberto 2023», la calma financiera que debería propiciar –muy en especial cambiaria– es la segunda. Sí, aunque las encuestas no son un espejo que hoy lo favorezca demasiado, el Presidente cree que la realidad del panperonismo podría volver a caer entonces en sus manos tal como lo hizo en 2019.

Sin embargo, no basta con la firma de la refinanciación y sus consecuencias inmediatas de mercado. Por eso Fernández apuesta a la concreción de otras dos condiciones: la economía debería crecer más allá del arrastre estadístico que dejó 2021, llegando al menos al 4% que promete Martín Guzmán, y la inflación debería mostrar una mejora perceptible tras el 50,9% del año pasado.

Si lo primero parece alcanzable, lo segundo es bien difícil porque la economía parece haberse instalado en un nuevo patrón inflacionario y porque el ordenamiento macro que impondrá el acuerdo con el Fondo no solo contiene elementos que contribuyen al aplanamiento de los precios, como la suba de las tasas de interés, la reducción del déficit fiscal y la moderación de la emisión de pesos. Del otro lado de la balanza pesarán la necesidad de acelerar la actualización del dólar oficial y la de subir las tarifas de servicios públicos, contracara de subsidios que deberán acotarse drásticamente.

El de las tarifas es un tema de enorme calado. La necesidad de ir levantando el pie del acelerador de un «subsidio prorricos», como lo definió Guzmán, encima en beneficio de un electorado que en el AMBA solo es propio a uno de los costados de la General Paz, es conocida. Sin embargo, al ministro –al Gobierno en pleno– le resultará difícil rebatir la narrativa de que habrá «ajuste de la mano del Fondo» cuando muchas familias comiencen a recibir facturas de luz, gas y agua con aumentos bien superiores a la inflación. El entorno presidencial sabe que esa batalla discursiva está perdida de antemano, pero apuesta a atemperar sus consecuencias protegiendo a los sectores más vulnerables y en base a los efectos benéficos de la racionalización macro que se busca.

Asimismo, una mejora –ya demasiado postergada –de los ingresos de la población también puede contribuir a mantener calientes los precios, no porque el salario sea la causa de la inflación –algo sobradamente probado entre el final del macrismo y el inicio del albertismo–, sino porque los empresarios son ágiles a la hora de trasladar ese costo a sus listas de precios.

La admisión de debilidad que supuso tras el golpe de las elecciones intermedias el anuncio de que estaba dispuesto a que en dos años haya primarias para la selección de candidatos a todos los cargos electivos, incluyendo el suyo, no impide que Fernández siga creyendo en sus posibilidades de permanecer en un segundo tiempo. 

En el cálculo presidencial –y también de los actores del Frente de Todos que lo miran cada vez con más recelo– lo único que no parece en discusión es la unidad del espacio, más allá de las diferencias, tanto de estilo como de fondo que se observan. Esos referentes saben que la oposición tiene, a pesar del recuerdo amargo del pasado reciente, un piso electoral cercano al 40%, algo que la haría imbatible en caso de que el peronismo volviera a dispersarse.

Es más, en la Casa Rosada casi se descuenta que en 2023 habrá segunda vuelta, medida de lo empinada que se intuye que será la cuesta. En tal caso, especulan, la política debería moverse otra vez hacia el centro, como ocurrió por otros motivos –la dualidad irresoluble de apoyo-rechazo a Cristina Kirchner– en 2019.

¿Todo confluirá nuevamente en el rostro sonriente de Alberto Fernández? Es pronto para saberlo y las condiciones para eso son muchas y de incierta concreción, pero el hombre no renuncia a lo que cree que es su destino.

(Nota publicada en Letra P).