No solo del FMI vive el país: Rusia, China y los dólares que busca el presidente

Aunque a la espera de la negociación de ítems importantes, de una aprobación del Congreso y del visto bueno del Board, la refinanciación de la deuda con el Fondo Monetario internacional (FMI) aliviará en los próximos años la salida de dólares que la Argentina sencillamente no tiene. Para cambiar de fondo esa ecuación, necesitará exportar más, reemplazar –en la medida de lo razonable– importaciones por producción local y recibir inversión extranjera. Eso, básicamente, es lo que fue a buscar el presidente Alberto Fernández a Rusia y a China.

La casa común está agitada y los vecinos se llevan cada vez peor. Estados Unidos como líder de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) planea alterar para siempre el reparto de poder tradicional con Rusia en Europa Oriental, ante lo cual el Kremlin amaga con patear el tablero e invadir el país que emerge como la joya de la corona: Ucrania. En medio de ese tembladeral, la Argentina debe avanzar con su propia agenda internacional.

El equilibrio es delicado y bastante de lo que Fernández le dijo a Vladímir Putin hará ruido en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado, justo a donde el Gobierno había acudido hace muy poco para pedir ayuda en el Fondo. Sin embargo, tanto Rusia como China son socios importantes para un país que busca, como se dijo, más comercio e inversión.

Algo de historia

El acercamiento en tiempos del primer acuerdo para la provisión de la Sputnik V quedó atrás y, desde entonces, Putin mantiene abiertos una serie de reclamos en torno a una agenda que esperaba ejecutar y que nunca vio cumplida. Eso explica el énfasis que puso en jefe de la Casa Rosada en la ponderación de dicha vacuna y los beneficios que le trajo al país, así como una propuesta muy del agrado de Moscú: por iniciativa de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, Argentina impulsará el reconocimiento de dicho inmunizante en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su extendida aplicación en el país y los excelentes resultados obtenidos son la mejor herramienta que podría usar el Instituto Gamaleya para demostrar que las impugnaciones europeas y estadounidense son, simplemente, política de la mala en medio de una calamidad global.

Esa agenda insatisfecha del Kremlin es amplia y, si bien su congelamiento fue responsabilidad de la proestadounidense administración de Mauricio Macri, los reproches de Moscú comenzaban ya a alcanzar a la actual. 

Desafíos

Sus principales puntos son la falta de un mecanismos políticos de primer nivel –paralelos a los canales diplomáticos– para destrabar problemas; el cajoneo en Diputados de la aprobación de un consulado ruso en «Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur», a la vez un reconocimiento de los derechos nacionales sobre Malvinas y una puerta que Rusia desea abrir a la Antártida en su permanente puja con la OTAN; el freno de varias iniciativas de inversión y disposiciones del Banco Central que faciliten la operatoria de los bancos rusos en el país, garantía que se hace clave cuando Estados Unidos los amenaza con excluirlos del sistema multilateral de pagos SWIFT en caso de guerra en Ucrania.

Todo lo mencionado tiene un paraguas: el acuerdo de «asociación estratégica integral» firmado en 2015 con Cristina Kirchner, desactivado por Macri y sin aplicación en lo que va de la actual gestión. Retomarlo fue la principal promesa de este jueves de Alberto Fernández, un guiño tanto a la interna del Frente de Todos como a una Rusia capaz de invertir –si no termina por enfrentarse a las sanciones demoledoras que pergeña Occidente– en energía y otras áreas productivas clave para la Argentina.

A pesar del peso de la importación de vacunas el año pasado, que disparó el intercambio bilateral, la Argentina registró un superávit leve de 29 millones de dólares que sería conveniente incrementar con nuevas oportunidades de negocios.

La promesa de Oriente

En China, a donde viajará a última hora de este jueves para asistir este viernes a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, la agenda económica es aun más intensa. La misma, con todo, choca asimismo con obstáculos en la Casa Blanca debido a conflictos políticos –las violaciones a los derechos humanos en general y en la región musulmana de Xinjiang en particular–, comerciales, tecnológicos –la participación de Huawei en los proyectos de tendido de redes 5G en todo el mundo– y militares –Taiwán y mar de China Meridional–. Todo eso ha derivado en un simbólico «boicot diplomático» –no deportivo– a la cita de parte de Estados Unidos y algunos de sus principales aliados, algo no acatado por Argentina. En verdad, todo aquello es la cáscara que encubre la fruta jugosa: el roce entre la hiperpotencia vigente y la emergente que amenaza su hegemonía.

China es el segundo socio comercial de la Argentina y el saldo bilateral es deficitario para nuestro país en unos 8.000 millones de dólares anuales. Abrir más ese mercado gigantesco y reducir esa brecha con mayores exportaciones –de mayor valor agregado, además– y con el ingreso de inversiones es una de las obsesiones de la diplomacia económica de la Argentina.

Resultó clave, en ese sentido, que Argentina y China hayan firmado, tras varios años de demora, la construcción de la central nuclear de Atucha III en la localidad de Lima, que comenzaría antes de fin de año, involucraría inversiones por 8.300 millones de dólares y generaría unos siete mil empleos directos. Ese proyecto tampoco gusta al norte del hemisferio.

Otro proyecto congelado por el gobierno anterior –que encima habló de posibles hechos de corrupción, un insulto mayúsculo y no calculado al régimen de Pekín– es el de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en la provincia de Santa Cruz. Es intención de ambos gobiernos avanzar por fin en esa cuestión, que implicaría una inversión de 4.000 millones de dólares. 

Asimismo, el presidente y el ministro de Economía, Martín Guzmán –parte de la delegación oficial– buscarían ampliar el swap de monedas entre los Bancos Centrales, de manera de que el nacional pueda reforzar una posición en reservas claramente menguada.

La reunión bilateral que Fernández mantendrá con el jefe de Estado chino Xi Jinping el domingo a la madrugada de la Argentina será rica en definiciones importantes.

(Nota publicada en ambito.com).