DIPLOMACIA LIBREPENSANTE | Bielsa, la amonestación de Cafiero y el riesgo de volverse en primera ronda 

(Foto: Noticias Argentinas).

Diálogo con el canciller chileno para distender un conflicto. Si ganara Kast, ¿llegaría el tiempo del reemplazo? De la percepción personal al interés nacional.

El embajador argentino en Chile, Rafael Bielsa, provocó el lunes un cortocircuito evitable con aquel país al calificar al candidato presidencial de la derecha, José Antonio Kast, de «antiargentino», «xenófobo» y representante de una derecha afín a Jair Bolsonaro y a Donald Trump. Eso produjo de inmediato una dura respuesta de la Cancillería chilena y derivó en una conversación telefónica entre los ministros del área, Santiago Cafiero y Andrés Allamand, en la que el primero tomó distancia, atribuyó a Bielsa la responsabilidad por sus dichos y logró que Santiago acepte dar por concluido el entredicho. Sin embargo, en vistas de la segunda vuelta del 19 de diciembre y de la posibilidad de que Kast venza al izquierdista Gabriel Boric, cabe preguntarse por el futuro de un embajador que salió con los tapones de punta. ¿Será que Bielsa se juega también el todo por el todo en el resultado?

En efecto, el resultado de la primera vuelta del domingo dejó abierto el escenario para la segunda y las primeras encuestas arrojan un empate técnico entre aquellos. Entrevistado el lunes en Radio Con Vos, el embajador se manejó como un analista político sin responsabilidades políticas.

Tanto es así que en su respuesta fue bastante más allá de lo que le había pedido su entrevistador, Reynaldo Sietecase, quien le planteó «una pregunta sobre los dos (postulantes) para no complicarte el escenario como embajador».

«Si uno toma las declaraciones públicas, todo puede cambiar porque Kast ha exhibido su antiargentinismo como una etiqueta. Desde decir que hemos robado históricamente territorio y que tenemos que dejar de robar hasta todo tipo de expresión xenófoba teniendo Argentina como objetivo, que tengo perfectamente registradas, archivadas, leídas y estudiadas. Además, él tiene asesores que permanentemente agitan en páginas web, etcétera, ese tipo de reivindicaciones, básicamente de naturaleza territorial y con mucha hostilidad respecto del peronismo», contestó.

«Si uno se atiene a lo que él ha dicho, sería una situación muy difícil de imaginar porque al mismo tiempo la relación de la Argentina con Chile es la más compleja, en el buen sentido, la más diversificada de todas las que tiene con los países vecinos», añadió.

El diálogo entre Cafiero y Allamand, descripto por fuentes del Palacio San Martín como «una conversación privada», el primero tomó distancia de los dichos de Bielsa y manifestó la voluntad del Gobierno de «trabajar con quien resulte ganador una vez que finalice el proceso electoral», sin prejuicios.

Si bien Cafiero dejó claro en la charla que el embajador habló por su cuenta, evitó remover el piso debajo de sus pies y explicó que sus dichos se difundieron a través de un recorte que no se corresponde totalmente con sus intenciones.

Ahora bien, ¿es cierto lo que dijo Bielsa?

Es imposible saber si Kast es, en su fuero íntimo, realmente antiargentino, pero sí es cierto que ha tenido numerosas expresiones críticas hacia nuestro país. Hace poco apuntó al conflicto mapuche y a la administración de Alberto Fernández. «Muchos gobiernos, como el actual gobierno argentino, negaban que hubiese terrorismo, pero se han tenido que rendir ante los hechos porque claramente lo que tenemos aquí son políticas del terror que llevaban adelantes algunos, fundados en la reivindicación de tierras, pero que claramente lo usan para otros fines».

En esa entrevista con Clarín, añadió que «el gran desarrollo que ha tenido Chile ha sido poder armonizar bien que no es el Estado, generalmente, el que produce o genera la mejor calidad en algunas cosas. Si vemos el ejemplo de Argentina, que podría ser una potencia agroalimentaria, energética, y no lo es, es porque es un mal Estado».

En la misma línea indicó que «un Estado de bienestar tiene beneficiarios, que son las personas. El Estado está al servicio de las personas y nos las personas al servicio del Estado. En muchos países de Latinoamérica eso no es así. Tenemos Estados gigantes, que se dicen benefactores, pero tienen a su gente en la miseria y pobreza. Si comparamos con Argentina, claramente están en una situación de pobreza que uno se podría imaginar. Eso es porque tienen mal gobierno».

«Tienen inflación, tienen más campamentos (barrios precarios) que en Chile, una tasa de supervivencia menor de la de Chile. ¿Eso culpa de quién es? ¡Tienen un Estado mucho más grande que el nuestro! Una república federal, con parlamentos locales, por lo que tienen más políticos al servicio de la gente, supuestamente, y aun así no logran salir adelante», enfatizó.

¿Antiargentino? No necesariamente, al menos si los argentinos con los que se cruza son de derecha dura como él.

Como sea, nuestro país no puede definir quién debe gobernar a los demás, un principio que queda deslucido en la medida en que las embajadas y demás representaciones diplomáticas se llenan de librepensadores antes que de profesionales.

Así ocurrió en su momento con Alicia Castro, cuya designación en Moscú se terminó frustrando. También con Carlos Raimundi, quien estiró demasiado la postura oficial del Gobierno en temas sensibles como el de Venezuela. 

Bielsa parece sumarse a esa tendencia y su reconocida inteligencia no hace posible pensar que lo dicho haya sido simplemente un lapsus. ¿Estará atado su futuro al resultado del ballotage del 19N? ¿Querrá él mismo servir ante un eventual gobierno del pinochetista Kast?

De hecho, aquel ya había motivado una reacción chilena por presunta «injerencia» debido a los términos que había usado al prestar respaldo consular al referente radical mapuche Facundo Jones Huala –acusado allí de actos de violencia y terrorismo–, considerados excesivos incluso en la Cancillería argentina.

Como sea, queda claro que uno de los desafíos de Cafiero al frente de la Cancillería es ordenar un cuerpo diplomático en el que algunos nombramientos, especialmente los de contenido político, suelen deparar ruidos innecesarios. Se trata, ni más ni menos, que pasar de una diplomacia de librepensadores a una más encuadrada en lo que el Gobierno entiende como el interés nacional.

(Nota publicada en Letra P).