Una nueva izquierda y la derecha dura ponen en marcha la pelea final por el modelo económico

(Foto: Reuters).

La sociedad se debate entre la expectativa de un amplio sector mejorar la distribución del ingreso y la presión del establishment, que teme una reedición de la trampa de los países de ingresos medios.

En línea con las encuestas previas, el avance del escrutinio ratificaba en Chile al cierre de esta edición el favoritismo del pinochetista José Antonio Kast, del Partido Republicano, y de Gabriel Boric, candidato del izquierdista Frente Amplio. La disputa entre ambos se traslada ahora al balotaje del 19 del mes próximo, cuando quedará definido el nombre de quién gobernará el país vecino en los próximos cuatro años, período que será crucial para una eventual reformulación del modelo económico instaurado por Augusto Pinochet y reformado, tímidamente según una mayoría social, por los gobiernos de la ex-Concertación.

El tablero queda despejado tras la superación de la primera vuelta, la multiplicidad de candidatos y hasta la existencia de uno, el populista de derecha Franco Parisi, que hizo campaña exclusivamente a través de las redes sociales desde Estados Unidos, donde vive desde el año pasado, y que encarnó un “que se vayan todos” llamativamente exitoso.

El próximo jefe de Estado –Kast o Boric– será el encargado de liderar el proceso de ratificación o rechazo en referendo de la Carta Magna que emanará de la Asamblea Constituyente, uno que debe establecer temas de enorme importancia como la definición del carácter de la propiedad y la extensión, a cargo del Estado, de servicios hoy privatizados en buena medida como la educación y la salud, por no mencionar la seguridad social.

El choque de planetas entre los dos clasificados al segundo turno es la mejor representación de lo que se juega en esta encrucijada histórica: ¿podrá Chile, que gracias al crecimiento de las ultimas cuatro décadas ha quedado a la orilla del desarrollo, eludir la llamada “trampa de los países de ingresos medios”, que pierden las condiciones de su progreso en medio de demandas sociales y de un encarecimiento de costos? En términos equivalentes, ¿sería posible, como ha prometido Boric, avanzar hacia la creación de un Estado de bienestar o eso, como afirman Kast y la comunidad de negocios, mataría a la gallina de los huevo de oro de la inversión privada?

Las propuestas de ambos candidatos respecto del futuro del sistema tributario son elocuentes sobre el tamaño de la disyuntiva que los chilenos se disponen a dirimir sin garantías de éxito.

En ese sentido, Boric ha sido, más allá de algunas ambigüedades, el más audaz del progresismo y Kast, el abanderado de la restauración del viejo modelo.

El efecto, el candidato del Frente Amplio ha reivindicado el mensaje del levantamiento popular de hace dos años, grito desesperado de una mayoría social ahogada en medio de un mar de abundancia mal repartida. Su plan de gobierno incluye un incremento de la presión tributaria de 8,5 puntos porcentuales del PBI en 6 a 8 años, con incrementos de los impuestos a las ganancias para los grandes contribuyentes, eliminación de exenciones hoy vigentes, un nuevo gravamen al 0,1% más rico, tributos a los combustibles con criterio ambiental, mayores royalties a las compañías mineras y una vaporosa promesa de reducir la evasión y la elusión por nada menos que 2,5 puntos.

Su enfoque incluye otra demanda fuerte de la calle: el fin de la jubilación privada, fuente de un sistema que termina pagando poco a los jubilados y que, además, deja afuera a muchos chilenos que no han podido aportar en la medida suficiente. En ese punto radica otro motivo de la desconfianza del empresariado, dado por la forma en que el sistema de las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) ha alimentado un mercado de capitales que ha servido largamente a financiar la inversión privada.

Asimismo, Boric ha prometido extender el rol del Estado en la salud y la educación, servicios en gran medida volcados hasta ahora al lucro y que explican los elevados niveles de endeudamiento de las familias.

Como la coyuntura desde octubre de 2019 pasó a estar dominada por una enorme fuerza social de cambio, no debe sorprender que reacción a la misma haya encumbrado a Kast y no al moderado Sebastián Sichel. Eso es así porque los defensores del statu quo sienten que la restauración del modelo pinochetista más puro posible en democracia es la garantía de que Chile no marchará hacia un estancamiento confortable. De ese modo, Kast –a contramano de lo que ha pedido la calle y de lo que la Constituyente hornea a fuego lento– propone una retracción del rol del Estado. De la mano de eso, una reducción de los impuestos a las grandes empresas del actual 27% a 17%, a cero los que rigen para las pymes más pequeñas y del IVA, del 19 al 17%.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).