SEGUNDO TIEMPO | El futuro ya llegó: las ventajas y los peligros de acordar con el FMI

(Foto: Noticias Argentinas).

El mercado tendrá el «plan» que reclama. Ajuste gradual, pero doloroso. Los caminos de la devaluación y el dilema de los precios. Reservas y crecimiento.

Cuando el Gobierno envíe en la primera semana del mes que viene al Congreso, como anunció en el domingo de derrota el presidente Alberto Fernández, su Programa Económico Plurianual para el Desarrollo Sustentablelos analistas que reclaman desde el 10 de diciembre de 2019 un plan económico detallado tendrán que cambiar de discurso. El país no solo tendrá un plan sino que estará consensuado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), avalado por la plana mayor del Frente de Todos y, se espera, legitimado por la amplia mayoría del arco político. Sin embargo, ese será solo el inicio de un camino y está por verse en qué medida semejante tutela le permite al peronismo cumplir, en dos años, la misión de estabilizar una economía enclenque, consolidar un proceso de crecimiento y mejorar las condiciones de vida de la población de un modo compatible con la resurrección electoral para la que ya trabaja.

En dicho plan, el ministro Martín Guzmán plasmará metas plurianuales de crecimiento, inflación, tipo de cambio, saldo fiscal, emisión monetaria y otras, destinadas a asegurarle al organismo que el país será capaz de mantenerse al día con vencimientos de 44.000 millones de dólares reprogramados a diez años… en principio. El texto del entendimiento, encuadrado en un programa de Facilidades Extendidas, debería contener, según espera el Poder Ejecutivo, un par de guiños: la posibilidad de prolongar dicho plazo y de reducir las sobretasas que el FMI cobra a sus deudores más recalcitrantes, todo lo que dependería de reformas que hoy distan de estar aseguradas.

El envío al Congreso del plan –¿Guzmán?– es la condición número uno impuesta por el organismo. Si la deuda contraída por Mauricio Macri se pateará como mínimo a diez años, tocará a al menos tres administraciones pagarla. Se sabe que endeudarse es algo que se puede hacer en cinco minutos.

Si los caminos del Señor son insondables, también lo son las formas del FMI de ayudar a sus países miembros endeudados. En rigor, los costos de no arreglar una deuda insólitamente «arreglada» por el gobierno anterior –con vencimientos de 38.500 millones de dólares en los próximos dos años– son mayores que los beneficios de hacerlo. De que la Argentina no caiga en default con el organismo depende un relacionamiento armónico con toda la comunidad internacional. Asimismo, el financiamiento al Tesoro de las otras entidades multilaterales y, finalmente, para las empresas privadas y sus proyectos de inversión, la expectativa de que alguna vez se reabran los mercados internacionales.

Escenarios

Un reciente informe de la consultora Analytica indica, con acierto, que «ante un escenario de malas opciones, un acuerdo razonable con el FMI es el mejor camino. El Fondo no resolverá ninguno de los desequilibrios –ni la inflación ni la escasez de dólares y menos aun la baja productividad–, pero un default abierto con el mayor acreedor haría muy crítico el devenir».

El dolor, de hecho, está asegurado. De acuerdo con un escenario planteado por Analytica, si el punto de partida para el avance al equilibrio fiscal fuera el déficit del 3,3% incluido en el Presupuesto 2022, «en un escenario positivo, el FMI le podría pedir al Gobierno bajar un punto porcentual en dos años. Para dimensionar eso, el total del gasto de capital –energía, transporte, vivienda, etcétera– de los primeros nueve meses de 2021 representó esa proporción»…

Los subsidios a la tarifas de servicios públicos representan aproximadamente un cuarto del gasto, por lo que Guzmán pretende avanzar en una actualización de las mismas, en promedio, en línea con la inflación. Para eso, ahora sí parece imponer su idea de segmentar los incrementos de acuerdo con el poder adquisitivos de los usuarios, algo que motivó en su momento la pelea con el subsecretario de Energía Eléctrica Federico Basualdo. El Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) ordenó la semana pasada a las distribuidoras Edenor y Edesur que actualizan su padrón de 1,5 millones de usuarios residenciales, quienes podrían ser sancionados con un corte del servicio en caso de no tenerlo, como corresponde, a su nombre.

“Se espera que Martín Guzmán y Miguel Pesce aceleren las minidevaluaciones periódicas del peso, sin alterar en el corto plazo la inevitable vigencia del cepo”.

Si tarifas y subsidios son una obsesión del FMI, también lo es el mercado cambiario, que tradicionalmente ha deseado unificado y libre. Eso, claro, implicaría en la coyuntura actual de escasez aguda de reservas en el Banco Central una megadevaluación ruinosa en términos de inflación y pobreza, algo que el Gobierno no va a convalidar. Sí es dable esperar que la reducción de una brecha entre los tipos de cambio paralelos y oficial del orden del 100% se reduzca, por presión del organismo, a una inferior al 60%, algo que, en principio, Guzmán y Miguel Pesce perseguirían a través de una aceleración de las minidevaluaciones periódicas del peso, de modo de subir lentamente el piso, siempre, claro, sin que se altere en el corto plazo la inevitable vigencia del cepo.

Lo anterior implica una devaluación, aunque sea gradual y limitada, y por lo tanto un aliciente para que la inflación se mantenga sostenida y el poder de compra de la población, bajo presión.

Regresando al informe, Analytica recuerda que también «el Fondo habitualmente exige objetivos de acumulación de reservas internacionales. El riesgo está en que, si esa meta resulta muy ambiciosa, la recuperación de la actividad económica de los próximos años sea muy mediocre», debido a que podría lograrse pisando la provisión de dólares a los importadores.

En ese sentido, el propio trabajo establece una esperanza. «En los acuerdos recientes comparables con el caso argentino –Pakistán, Egipto, Ecuador y Angola–, el Fondo fue razonablemente laxo». A ello habría que añadir que juega a favor la persistencia de altas cotizaciones de los principales productos nacionales de exportación, comenzando por la soja, lo que debería facilitar la acumulación de reservas.

«El FMI puede servir de excusa para comenzar a ordenar los desequilibrios macro. Los costos de no hacerlo, además de volver a incumplir contratos, son muy superiores a los sacrificios necesarios para corregirlos», concluyó Analytica.

(Nota publicada en Letra P).