SEGUNDO TIEMPO | Plan económico y FMI: las rosas y las espinas del relanzamiento de Todos

(Foto: Noticias Argentinas).

Metas plurianuales: del dicho al hecho. El camino al equilibrio fiscal y el Teorema de la Imposibilidad de Guzmán. Una vieja interna y un Estado dormido.

El presidente Alberto Fernández dio el domingo a la noche varias señales de lo que pretende ser una reacción veloz a la derrota en las urnas, una que garantice cierta paz en la interna oficial y un abordaje más eficaz de los principales desafíos: consolidar la recuperación de la economía y arreglar la deuda en peligro de default con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su promesa de enviar en la primera semana de diciembre un plan con metas plurianuales –consensuado con el organismo– vino con una carga política fuerte: el mismo, que está avalado por la cúpula en pleno del Frente de Todos –aseguró–, obligará a la oposición a dejar de lado los festejos y a sentar posición. La política, al fin, empezará a darles a los argentinos y a las argentinas precisiones sobre las durezas que les propondrá para los próximos años.

Que el Presidente le haya puesto fecha a la presentación de su hoja de ruta económica indica que el acuerdo con el Fondo está cerca, le confirmó a Letra P una fuente del Ministerio de Economía familiarizada con la cuestión. Eso no significa que ya esté cerrado ni que no exista la posibilidad de que aparezca algún escollo, pero sí que el guion está en buena medida cerrado.

El Gobierno, como anticipó el propio Fernández, insistirá en que el plan es suyo y no una imposición de los técnicos de Washington: cualquier otra cosa detonaría las bases de un gobierno peronista. Por eso arrancará el sendero de las metas que se bifurcan con –decimal más, decimal menos– números similares a los que constan en el Presupuesto 2022, ya elevado al Congreso: crecimiento del producto bruto interno (PBI) del 4%, inflación del 33% y déficit fiscal primario –antes del pago de deuda– del 3,3%, 0,7 punto porcentual por debajo del cierre estimado para el año en curso.

Que el plan vaya al Congreso implica, claro, que sus objetivos excederán la fecha de caducidad del gobierno de Fernández, el 10 de diciembre de 2023.

«El acuerdo con el Fondo es necesario y es bueno que el mes que viene ya aparezcan indicios sobre lo que viene en materia económica. La idea de las metas plurianuales es una buena señal, pero esto es Argentina…», dijo en diálogo con este medio el economista Ricardo Delgado, presidente de la consultora Analytica.

El especialista apunta a las dificultades de pasar de los dichos a los hechos. En efecto, aunque sea en clave heterodoxa, esto es sin sacrificar el crecimiento y mejorando el saldo final en buena medida más con incrementos de la recaudación que con recortes netos al gasto, un ajuste de entre 0,7 y 1 punto del PBI cada año es un objetivo que provocaría dolor al cuerpo social. Asimismo, la letra chica de las medidas que harían posible eso contiene veneno concentrado para la interna oficial. La unidad del panperonismo es la condición de posibilidad excluyente del proyecto, pero más allá de la voluntad del jefe de Estado, de Cristina Kirchner y de Sergio Massa, esta no está resuelta de una vez y para siempre.

«Achicar el déficit fiscal en Argentina es difícil porque el gasto está muy concentrado: el 60% está dado por el pago de jubilaciones y al menos el 20%, por los subsidios» a los servicios públicos, recordó Delgado. ¿La obra pública puede ser, como ocurrió en el final del gobierno de Mauricio Macri, la variable de ajuste posible? No es esa la señal dada hasta ahora por los presupuestos de Martín Guzmán.

La clave de la «consolidación fiscal» pactada con el FMI radica en la inflación.

Cuando la vicepresidenta salió con los tapones de punta tras las primarias y no dudó en hablar de «ajuste», tenía en mente datos como que el gasto previsional había evolucionado hasta julio diez puntos por debajo de la inflación. El Poder Ejecutivo finalmente alineó la jubilación mínima con los precios, pero la evolución del universo de esos ingresos –en gran medida achatado e insuficiente– quedó en promedio por debajo de la línea de flotación.

La ley de movilidad ajusta los ingresos de los trabajadores y trabajadoras retiradas en un 50% en base a la evolución de los salarios y en el 50% en función de la recaudación. Las dos variables están hoy arriba del 40% y eso marca los límites legales para un ajuste de ese renglón crucial del gasto. Más allá de los sociales y políticos, claro.

En tanto, el conflicto por los subsidios a los servicios públicos permaneció adormecido por la campaña electoral desde el choque entre Guzmán y el subsecretario de Energía Eléctrica Federico Basualdo, con triunfo por ahora para el subordinado insubordinado. A propósito, ¿habrá avanzado este desde aquel cruce en el estudio para segmentar los aumentos que le había encargado el ministro o la pelea arrancará de nuevo desde fojas cero?

La clave de la «consolidación fiscal» pactada con el FMI radica en la inflación. Esta evoluciona hoy por encima del 52% anual y nada indica que la previsión de Guzmán de que se desacelere casi 20 puntos en 2022 pueda cumplirse. Más todavía cuando, «de algún modo, va a haber una devaluación del peso en línea con los pedidos del Fondo. No será de una sola vez, pero al menos sí mediante una aceleración del crawling peg (los ajustes casi cotidianos de la cotización del dólar oficial). Ellos no pueden aceptar que la brecha con los tipos de cambio paralelos supere el 100% y seguramente va a haber decisiones en esa línea», explicó Delgado para ilustrar un punto crucial de las dificultades que encontrará el Gobierno para calmar la tormenta de los precios. La hoja del proyecto de Presupuesto que indica que el tipo de cambio oficial se devaluará el año próximo 28% se ofrece como la primera con chances de devenir en papel mojado.

«Cuando se observa la formación de precios en la economía, puede decirse, en general, que alrededor del 25% está dado por la evolución del tipo de cambio, otro tanto por lo que ocurre con las tarifas y la mitad restante, por la suba de los salarios», explicó el titular de Analytica. Con más devaluación y cierto ajuste tarifario, queda claro por dónde vendría el ajuste ineludible, pero al que nadie quiere ponerle nombre. 

Guzmán no puede ignorar que la inflación va a seguir alta y que no será la del Presupuesto 2022 como tampoco no fue este año la de su versión 2021. Ocurre que si Economía plantea una proyección del 33% –29% en el año que está por culminar–, cualquier política de administración de paritarias necesariamente deber arrancar con números en esa línea. De ahí a una nueva derrota de los salarios contra la inflación hay un solo paso, algo que explica en buena medida la tendencia regresiva en materia de distribución del ingreso que se mantiene ya sea con Mauricio Macri como con Fernández, el deterioro de los ingresos de la población y el resultado de la elección del último domingo.

«Dados los componentes de la formación de precios, el salario es el ancla que se observa para la inflación», explicó Delgado, a los que licúa con su aceleración. «Por otro lado, en un contexto de inflación superior al 50% anual es imposible esperar que el salario real se recupere», añadió.

«Cualquier camino que se encuentre para reducir el déficit fiscal y la inflación debería estar dado por ajustes realizados con criterios micro, verdaderamente quirúrgicos, a fin de no dañar más a una sociedad ya muy afectada», dijo Ricardo Delgado.

Si Javier Milei tiró gas y abandonó cuando le preguntaron por su apego a la democracia al hablar del Teorema de Imposibilidad de Arrow, Delgado traza, con una humorada, un paralelo retórico. «Es lo que llamo ‘teorema de la imposibilidad de Guzmán’: las opciones de política económica son muy limitadas cuando todo se dirime en un triángulo dado por una inflación del 50%, una brecha cambiaria del 100% y un nivel de pobreza del 40%».

«Cualquier camino que se encuentre para reducir el déficit fiscal y la inflación debería estar dado por ajustes realizados con criterios micro, verdaderamente quirúrgicos, a fin de no dañar más a una sociedad ya muy afectada. La pregunta es si existe vocación para trabajar en ese sentido y, más todavía, si el Estado tiene la capacidad técnica para hacerlo», cerró Delgado. 

En ese sentido, el control de precios alla Roberto Feletti es una cuestión que aún está por resolverse. No parece, precisamente, una gema del instrumental de la sintonía fina. «Cuando la medida venza el 7 de enero va a tener que haber una unificación de criterios con Martín» Guzmán, avisan en el Palacio de Hacienda. «Esa medida no le gusta a nadie», explican.

La unidad del oficialismo será un valor a cuidar con esfuerzo cada día.

(Nota publicada en Letra P).