Pasaron cosas: un reparto del ingreso a lo PRO amenaza a Todos en las urnas

(Foto: Noticias Argentinas).

De la promesa de platos llenos al peligro del revoleo por la cabeza. Donde hay una necesidad, nace un dilema endiablado. Objetivo 2023: ¿dos años a pura macro?

El análisis político y económico suele concentrarse en el día a día de las disputas ideológicas, las grietas y el debate en tono sostenido, pero ciertas tendencias subyacentes pesan más de lo que les gustaría a los actores. Eso es lo que le ocurre hoy al gobierno del Frente de Todos, que deberá encarar este domingo una cita electoral crucial sin haber podido cumplir con el principal objetivo que se dio dos años atrás: comenzar a revertir la distribución regresiva del ingreso dejada por el macrismo.

Un interesante informe de la consultora Analytica le pone conceptos y números a esa cuestión caliente. «Tres años consecutivos en recesión», esto es 2018, 2019 y 2020, «y una pandemia dejan una estructura económica y social muy deteriorada (…). La participación de los trabajadores en el PBI (incluyendo registrados, no registrados y cuentapropistas) está 12 puntos por debajo de los niveles de 2016, pasando de 52% a 40%», sentencia.

De acuerdo con el mismo, tanto la combinación de las horas totales trabajadas como el salario por hora «cayeron en el primer semestre respecto de 2016. Pero los órdenes de magnitud son completamente distintos: mientras las horas trabajadas se redujeron solo 2%, los salarios se desplomaron 21%».

Analytica pone el índice en la llaga de la interna oficial al explicar que «la necesaria moderación fiscal y monetaria observada hasta antes de las PASO hizo que el peso del ajuste recaiga casi en su totalidad tanto en los salarios como en la calidad del empleo (…). El nivel de empleo es similar al de 2016, pero cambió levemente su composición: aumentaron los cuentapropistas y se redujeron los asalariados». El peso fáctico de la larga duración condena hoy a Alberto Fernández y a Martín Guzmán del mismo modo en que lo hizo en su momento con algunos funcionarios de Juntos por el Cambio, a quienes se les llenaban los ojos de lágrimas de emoción cada vez que encontraban a un exasalariado instalando un parripollo en la puerta de su casa.

Pasada la mitad del año, sin embargo, el Gran Confinamiento instalado el 20 de marzo de 2020 fue desmontado y la economía normalizó su pulso. Así, señala el trabajo, el salario real creció 2,1% mensual en julio y 0,9% en agosto, aunque la inflación apuró el paso en septiembre. «Seguramente la participación de los trabajadores crezca, pero muy lentamente por el objetivo de las empresas de no perder rentabilidad en un contexto de recuperación y gran incertidumbre respecto a las ganancias futuras. La participación de las firmas subió 11 puntos respecto de 2016, pasó del 40% al 51% en el segundo trimestre». Esa pelea desigual es la que el Gobierno –a través del impulso de Cristina Kirchner– ha tratado de nivelar con la política de control de precios iniciada por el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, de modo de que el rebote productivo no quede en manos de «cuatro vivos». El pronóstico de la movida en el largo plazo es reservado.

Mientras los funcionarios y dirigentes que rodean a Fernández ya se ponen el casco para la balacera interna que intuyen desde el mismo domingo a la noche, todos –la población, los observadores, el Fondo Monetario Internacional y los países interesados en el rumbo de la Argentina– aguardan por definiciones.

¿Habrá más cristinismo, entendido como políticas de distribución progresiva del ingreso a como dé lugar, o más albertismo, con Guzmán y otros ministros del ramo como Matías Kulfas resistiendo en sus puestos e intentando la pelea por equilibrar gradualmente la macro sin resignar la recuperación de la actividad desde el subsuelo macrista y pandmémico?

«En los próximos meses, las tensiones van a ir en aumento. Ante este cuadro, el Gobierno estará tentado a inclinar la cancha para que los trabajadores recuperen participación en el ingreso, tanto para sostener la base de electores que le da legitimidad política como para contener a los sindicatos dentro de su coalición. La duda es que, acuerdo con el FMI mediante, el espacio para la distribución luce muy acotado. Pocas veces en la historia han existido tantas necesidades contrapuestas entre estabilizar la macro y mejorar la distribución del ingreso», sintetizó Analytica los dilemas del futuro imperfecto.

El economista Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEDEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, dijo en diálogo con Letra P que «el ingreso de trabajadores y jubilados, que ya venía cayendo en 2018-2019, se siguió deteriorando en 2020, cuando en un solo trimestre se perdieron 4 millones de puestos de trabajo, un quinto del total, la mayoría asalariados desprotegidos o precarios y no asalariados, como cuentapropistas y pequeños propietarios». 

«Una gran distancia separa hoy las necesidades sociales de las posibilidades de la macroeconomía».

«Pese a que con el desconfinamiento se produjo una recuperación ocupacional importante, «los niveles de ingresos declinaron ya que volvieron primero los trabajos peor remunerados. Pese a los esfuerzos fiscales iniciales, entre el segundo trimestre de 2020, el peor momento de la pandemia, y el segundo de 2021, la participación de los salarios en el ingreso total cayó diez puntos: de 50 a 40%. No hay registros de semejante caída entre trimestres de años consecutivos», repasó.

Lindenboim recuerda que Fernández prometió en su campaña de 2019 aumentar las jubilaciones en base al final del festival de endeudamiento del Banco Central a través de las Letras de Liquidez (Leliq), pero también que estas «no desaparecieron sino que aumentaron y las jubilaciones, en términos reales, cayeron primero por la suspensión de la ley de movilidad y después por el cambio de la misma». He ahí un ejemplo concreto acerca de la magnitud que separa hoy las necesidades sociales de las posibilidades de la macro.

«Con los resultados electorales se abre una ventana de oportunidad para un acuerdo político, para lo cual las grandes fuerzas deberán incluir y manejar a sus extremos. La finalidad de eso debería ser el inicio de un ordenamiento de la economía para transformarla en una que estimule la producción y no la cohíba, derivando de eso la recreación del mercado de trabajo», estimó el economista de la UBA. «Pero eso requiere un plan de largo aliento. Nada se puede resolver de inmediato. Eso es lo que ha intentado el Gobierno hasta aquí: parches infructuosos», remató.

Buena parte de la película inminente se dirimirá en esos términos. La misma comenzará el domingo a las 18; será bueno estar atentos.

(Nota publicada en Letra P).