Del shock al shock: el Presupuesto nonato para anabolizar la economía 2022

(Foto: Noticias Argentinas).

Máximo Kirchner anticipó reformas al proyecto de Guzmán. Sociología mata matemática. Gasto, subsidios y déficit fiscal. Una tensión que sigue latente.

La lucha fratricida de la semana pasada en el Frente de Todos no tuvo solo la particularidad de darse en medio de un proceso electoral. También coincidió, no casualmente, con la presentación del proyecto de Presupuesto 2022 de Martín Guzmán, que establece un descenso del déficit fiscal compatible con la necesidad de darle la puntada final a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en momentos en que la vicepresidenta, Cristina Kirchner, presiona por un mayor gasto público para atender necesidades sociales acuciantes. Si esta planteó una disputa pública en torno a la subejecución del gasto en el Presupuesto vigente, cabe esperar desde el vamos una pelea parecida –aunque ojalá que más civilizada– en torno al que viene. ¿Del shock de gasto hasta fin de año a un nuevo shock en 2022?

Así pareció anticiparlo el domingo el jefe de los diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, quien advirtió en Radio Del Plata que el plan económico del ministro de Economía para el año próximo “se discutirá en el Congreso”.

“Ese tipo de cosas hay que debatirlas en los ámbitos correspondientes. La oposición, en sus diferentes expresiones, (también) va a expresarse y se dará la discusión. Tiene que verse como está la sociedad. No se puede actuar en base simplemente a cuentas matemáticas sino ver cómo se impacta en la realidad cotidiana”, dijo. La crítica a “la planilla de Excel” ya es un clásico criollo a la altura de la zamba.

Más que un compendio articulado de predicciones, un presupuesto es una declaración de intenciones, se supone que viables. En ese sentido, las de Guzmán delinean una economía que funciona cada vez mejor, con un crecimiento que se sostendría en niveles importantes –4% tras el 8% estimado para el año en curso–, una inflación en baja –33%, bien por debajo del 45% en que cerraría 2021– y un déficit fiscal primario –antes del pago de deuda– del 3,3%, después de cerrar este período en 4%. En tanto, el tipo de cambio oficial volvería a evolucionar algo por debajo de la inflación proyectada –28%, cinco puntos porcentuales menos–, lo que se sumaría al retraso de 15% que registró frente a la inflación de 2021. ¿Resistirá en esas condiciones el superávit comercial, fuente de divisas genuinas para un Banco Central siempre estresado por la voracidad del mercado?

Desde ya que las metas presupuestarias, en especial en la Argentina de la crisis permanente, siguen lo que los politólogos denominan “ley de hierro de Tu Sam”: pueden fallar. De hecho, casi ninguna de las de este año se cumplió, en especial el incremento de los precios al consumidor que se había proyectado en 29 a 33% y que finalizaría, se dice ahora, en 45%. Eso, el aumento de los precios y el retraso de los ingresos de la población, que inicialmente se buscó alinear con la idea de una inflación menor, explica buena parte de la pelea política que ha conmovido al país. Esa relación, crucial para el alineamiento de las paritarias por venir, será esta vez mirada con lupa en el Congreso.

Ahora, bien, si de gasto público se trata, ¿dónde pondrá la mira el cristinismo para estimular más el crecimiento y su principal combustible, el consumo privado?

De acuerdo con un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), “en 2022 se espera recortar en 0,7% del PBI el déficit primario anual del Sector Público Nacional, que pasaría a ser del 3,3% del PBI. Esta corrección se realizaría en un contexto en el que la economía argentina, según el proyecto presupuestario, volvería a aumentar su nivel de actividad, lo que generaría (…) una mayor base imponible”.

La inversión en obra pública crecería 0,3 puntos porcentuales del PBI, ya una marca en el orillo de la gestión Guzmán, que prioriza ese rubro por su efecto sobre el nivel de actividad y la productividad de la economía por encima de los subsidios sociales. Así las cosas, la variable de “ajuste” –perdón por la palabra– volvería a ser este último ítem.

Siempre según el IARAF, “la corrección del resultado primario se espera, por lo tanto, por el lado del gasto, en el que la principal caída –de 0,6 punto porcentual del PBI– se espera en el rubro de las ‘transferencias corrientes’, que recogen de manera agregada los subsidios económicos –a las tarifas de energía y transporte, por ejemplo– más los subsidios a las familias”. Ese será, parece, el gran tema de debate en el Congreso.

Fuente: IARAF.

Vale recordar, al respecto, la puja nunca resuelta –lo que es un modo de resolverla– entre el ministro y el subsecretario de Energía EléctricaFederico Basualdo, quien, según el primero, no avanzaba con la proyectada segmentación del universo de usuarios y obstaculizaba de ese modo una actualización tarifaria –y la reducción de los subsidios– con carácter progresivo. Mientras que Guzmán pretendía que en el área metropolitana las tarifas subieran este año en promedio –más para los acomodados, menos para los postergados– en línea con la inflación, las de gas lo hicieron solo 6% y las de electricidad, 9%.

Ese enfrentamiento presagiaba en buena medida el que terminó de estallar la semana pasada al más alto nivel del Frente de Todos, entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

El tema vuelve a ser sensible, tanto que Ministerio de Economía salió el domingo con un “comunicado aclaratorio sobre la planificación y decisiones presupuestarias“. El mismo explica, “en vista de interpretaciones erróneas de algunos medios de comunicación”, que “el Presupuesto 2022 establece un gasto en subsidios de las tarifas del 1,5% del PBI” y que, para alcanzarlo, se apunta entres direcciones: la caducidad de la Resolución 46, que subsidiaba en exceso la extracción de gas natural, lo que gracias a su reemplazo por el Plan GasAr, permitiría un ahorro del 600 millones de dólares; la inversión de más de 100.000 millones de pesos en obras de infraestructura que permitirán sustituir importaciones; y la “segmentación en el subsidio de las tarifas que permita construir un esquema tarifario más progresivo y seguir acompañando a los sectores que lo requieren a través de un uso eficiente de los recursos del Estado”.

Según proyecciones privadas, en base a los lineamientos para el año próximo las tarifas de luz, por caso, deberían subir del 30 al 35% en promedio. A propósito del ratificado objetivo de segmentar ese impacto, ¿ya se habrán puesto de acuerdo al respecto Guzmán y su supuesto subordinado o la disputa se repetirá?

(Nota publicada en Letra P).