El curioso caso de Perú y la izquierda que parece de derecha

(Foto: Noticias Argentinas).

El marxismo-leninismo de amplio espectro del presidente Castillo. Raíces de una homofobia y una misoginia llamativas. Ruido interno y un futuro incierto.

Pedro Castillo, el nuevo presidente de Perú, se presenta como un enigma en la política regional. Llevado al poder por un partido marxista-leninista, Perú Libre, ha prometido en su discurso de asunción apegarse a su agenda de cambios al modelo liberal vigente, pero que la misma será «responsable» y «respetuosa la propiedad privada y a los avances logrados en los últimos años», esto es sin «expropiaciones o estatizaciones». Más curiosas resultan sus posturas, y la de su controvertido jefe de gabinete, Guido Bellido Ugarte, en temas sociales y de género, entre las que resaltan el rechazo al aborto legal, a la eutanasia, al matrimonio igualitario y a toda la agenda de diversidad de género.

Por si eso fuera poco, tras su jura el último miércoles 28, anunció que «los jóvenes que no estudian ni trabajan deberán acudir al servicio militar», prometió incluir las rondas de campesinas autodefensa en el Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana y expulsar a los «delincuentes extranjeros» en 72 horas, un plazo que parece demasiado exiguo como para asegurar la vigencia del principio de presunción de inocencia.

Más allá de un programa económico que, todo lo indica, tendrá mayores dosis de intervención del Estado y un énfasis desconocido hasta el momento en términos de políticas sociales, la plataforma de seguridad y su agenda social causan perplejidad. 

Lo anterior se acentúa en la medida en que su presidente del Consejo de Ministros (jefe de gabinete) será un hombre como Bellido, que ha sido investigado por «apología al terrorismo».

Algunas intervenciones en programas de televisión no lo han ayudado precisamente a cultivar una imagen moderada al respecto.

Asimismo, Bellido ha sido responsable de frases y autor de posteos en las redes sociales de indudable contenido homofóbico y misógino.

El Perú diverso, comprensiblemente, esta en guardia.

Desatado el escándalo que rodeó su nombramiento, el premier reaccionó mejor, prometiendo una gestión libre de discriminación.

También está en guardia la flamante y heterogénea alianza de sectores y figuras que gobierna Perú. Por caso, durante su jura, el nuevo ministro de Economía y Finanzas, el progresista Pedro Francke, prometió una gestión libre de esas rémoras.

La izquierda, en todo el mundo, pero en especial en América Latina ha pecado en lo que hace machismo y homofobia en una medida parecida a la derecha. Basta, al respecto, recordar el legado en la materia de la Revolución Cubana. Sin embargo, llama la atención que esos resabios subsistan con tanta dureza en visiones que se presumen progresistas de la tercera década del siglo XXI.

En diálogo con Letra P, el analista político y profesor universitario Bruno Rivas explicó desde Lima que «resulta confuso» que, por un lado, Castillo y su gobierno «presenten propuestas progresistas en lo económico, pero conservadoras en lo social. Sin embargo, esa divergencia se explica en alguna medida por la forma en que surgieron su proyecto y su candidatura».

«Castillo es un sindicalista (docente) que tuvo una participación importante en una huelga en 2017. En base a eso es que decide ficharlo el partido Perú Libre, que es un movimiento de izquierda bastante ortodoxa, antiimperialista, cuyo líder es Vladimir Cerrón, un médico que se formó en Cuba y es admirador de Fidel Castro«, añadió. 

Cerrón ha sido gobernador de Junín, una de las provincias más pobres de Perú, cargo en el que tuvo una participación que terminó inmersa en una investigación por corrupción que le impidió ser candidato a vicepresidente en fórmula con Castillo.

«En principio, entonces, hay que señalar que Castillo no es un militante de ese partido. En segundo lugar, Perú Libre tenía como objetivo hacerse de una bancada en el Congreso, no ganar la elección presidencial. Sin embargo, las cosas cambiaron en la primera vuelta del 11 de abril, cuando, en buena medida por los efectos de la crisis del covid-19, Castillo terminó ganando» con menos del 19% de los votos y pasando al segundo turno con Keiko Fujimori.

«A partir de ese hecho, todo lo que condujo a la segunda vuelta del 6 de junio estuvo sujeto a negociaciones, en las que Castillo trató de acercar a los diferentes sectores de la izquierda. Muchos técnicos de la izquierda moderada buscaron empujarlo hacia una postura progresista, momento en el que apareció Pedro Francke», nombrado el último viernes ministro de Economía y Finanzas. Este «apunta a generar un capitalismo más social, similar a la que se ve en Bolivia o, en su momento, en Ecuador, con una mayor intervención del Estado como socio del capital privado en la explotación de recursos naturales, y lejos del modelo neoliberal que ha sido hegemónico en el Perú», señaló Rivas.

Sin embargo, «después de la victoria en la segunda vuelta, Perú Libre, con Cerrón a la cabeza, regresó para recuperar el protagonismo perdido en la segunda parte de la campaña», ponderó. «Castillo no puede desmarcarse de Perú Libre porque en tal caso pedería buena parte del apoyo que tiene en el Congreso. Esa es la causa por la que designó a Bellido como primer ministro», explicó.

Más allá dela influencia de Bellido, el propio «Castillo es un hombre muy católico, lo que lo lleva a estar en contra de la igualdad de género y de la lucha LGTBI. Tiene un origen rural y en esas zonas del interior del Perú esa temática progresista tiene menos resonancia».

«Es entonces en sus propios orígenes donde hay que ubicar ese conservadurismo, esa reticencia frente a ese tipo de progresismo social», dijo el analista.

Según Rivas, «a Castillo hay que ubicarlo en los términos que planteaba Ernesto Laclau, el de un populismo que articula en la figura de un líder una serie de demandas. En ese sentido, su objetivo es conversar con la izquierda, en sus diferentes vertientes, y encontrar allí ciertas respuestas».

«Por el momento, la izquierda más ortodoxa, la de Cerrón, parece hacer ganado la pulseada porque tiene una llave en el Poder Legislativo. Pero en el entorno presidencial se van a seguir encontrando respuestas diferentes, que a veces pueden ser progresistas y otras veces, más ortodoxas. Y, al mismo tiempo, una discusión entre esas mismas izquierdas para dirimir cuál va a ser la reacción del presidente ante temas» de interés social, cerró Rivas. 

Pedro Castillo seguirá siendo, hasta que muestre todas sus cartas, un modelo para armar. ¿Le alcanzará con el instrumental que ha mostrado hasta ahora para domar un sistema político que se ha deshecho de tres presidentes en los últimos cinco años?

(Nota publicada en Letra P).