La amenaza delta

(Foto: Noticias Argentinas).

La nueva variante del covid-19 golpea a los mercados globales. ¿Reconfinamientos y freno al rebote? Impacto en la Argentina electoral. ¡A vacunar, a vacunar!

Los mercados financieros, una combinación de millones de microdecisiones globales, algunas gigantescas y otras pequeñas, suelen equivocarse cuando se trata del futuro. Al fin y al cabo, su trayectoria depende de percepciones. Sin embargo, tienen el mérito de reflejar los aciertos y errores de gente que hace del dinero propio un valor central, que se defiende con celo. He ahí una razón para prestarles atención, algo que se ha vuelto inevitable en los últimos días de nuevo pesimismo acerca del decurso de la pandemia y de un posible freno al rebote de la economía internacional. Una tendencia que, como hace algo más de un año, podría tener profundas consecuencias en la Argentina.

La palabra clave es “delta”, tal el nombre de la variante del virus SARS-CoV-2 descubierta en la India, cuya capacidad de contagio es, según las autoridades sanitarias británicas entre 40% y 80% más elevada que la de la alfa, inicialmente detectada en el Reino Unido y primera mutación del modelo original. La buena noticia es que las vacunas disponibles siguen siendo eficaces en los esquemas completos de dos dosis para prevenir os casos graves y las internaciones, pero al respecto hay estudios encontrados que hallan niveles de protección similares a los de las variantes previas y otros, unos menores.

La nueva variante, que ya ha devenido en “delta plus” en la propia India, no dejará de cambiar de forma mientras la circulación siga siendo tan elevada en varios de los países más poblados, imponiendo crecientes dudas sobre el futuro de la pandemia después de meses de alivio en Estados Unidos, Europa y países como Israel y hasta Corea del Sur, considerados modelos mundiales en materia de prevención y, sobre todo, vacunación. Sin embargo, en muchos de esos lugares comienzan a restablecer el uso de barbijos en lugares cerrados y otras medidas de prevención, pasaportes sanitarios con beneficios para los vacunados e inmunización obligatoria en ciertas categorías funcionales, como el personal de la salud en Francia. Si bien la base del rebote de los contagios es baja debido a los éxitos mencionados, no deja de llamar la atención la velocidad de una nueva ola que, en algunos casos, es presentadas como la cuarta o, incluso, la quinta de la pandemia.

El caso del Reino Unido es especialmente interesante. Con el 69,5% de su población inoculada con al menos una dosis y con el 54,2% ya con el esquema completo –allí, como en Argentina, se usó en gran medida la vacuna de AstraZeneca, de amplia difusión en Argentina–, el alivio generado comenzó a perderse en tanto la variante delta se fue haciendo predominante. Inglaterra, uno de sus territorios, aplicó el lunes un desconfinamiento conocido como “día de la libertad”, pero los especialistas advierten que la escalada de contagios podría elevarse este mismo verano boreal a 100 mil o a 200 mil por día, lo que hará que las autoridades supediten la nueva normalidad a que las vacunas se muestren efectivas en la práctica y que eso no se traduzca en una disparada de internaciones y muertes. Queda una ironía final: el primer ministro Boris Johnson encaró el día tan esperado confinado por haber sido contacto estrecho de un ministro enfermo.

Mientras la pandemia no sea tratada como tal, esto es como un drama global, y los países ricos sigan acaparando vacunas para luego, en graciosa concesión, donarlas a otros con fines de diplomacia sanitaria, el virus seguirá circulando, mutando y provocando dolor. De eso acusan recibo los mercados financieros, que no dejan de trastabillar desde hace varias ruedas. El lunes, el índice industrial Dow Jones de la bolsa de Nueva York perdió 2,1%, mientras que la de Londres lo hizo en 2,3%, la de Fráncfort en 2,6%, la de París 2,5%, la de Madrid 2,4% y la de Milán 3,3%. El derrumbe de las acciones viene desde hace semanas y ha sido más intenso en mercados importantes, pero no centrales, como el de Madrid.

La decisión de muchos inversores e inversoras de deshacerse de acciones es la expresión de una nueva oleada de aversión al riesgo, lo que lleva a mucha gente a refugiar su dinero en activos seguros, especialmente los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos. La fuerte tendencia compradora incrementa sus precios y reduce las ganancias que se obtienen con las operaciones, esto es el rendimiento, que cayó del 1,75% en marzo a 1,20% en la actualidad. Es lo que ocurre con el dólar: para hacerse con esos activos, hay que comprar billetes verdes y ese plus de demanda incrementa el precio. Si el dólar sube, bajan todos los activos que cotizan en él, desde las monedas de países emergentes hasta materias primas como el petróleo, el cobre y la soja, producto estrella de la Argentina. Esta, de hecho, ha bajado de cerca de 580 dólares por tonelada a mediados de mayo a todavía muy positivos 530 dólares. ¿Será ese un nivel sostenible?

Los mercados todavía están estudiando la situación, lo que delinea dos escenarios para la Argentina de los 100 mil muertos y tan dañada pero, en buena medida, harta de cuidarse.

Por un lado, si los reconfinamientos no se hicieran masivos y la amenazante variante delta no provocara un incremento de las internaciones y las muertes, la normalización de la actividad global podría proseguir más allá de limitaciones puntuales. En tal caso, el rebote productivo en países clave seguiría vigente y, con él, la mejora del comercio internacional. Las tasas de interés seguirían bajas por meses mientras el proceso de consolida, aunque la Argentina no se beneficiaría de ello porque sus propios problemas elevan su índice de riesgo por encima de los 1.600 puntos básicos, lo que saca de la cancha del crédito barato no solo a un Estado sobreendeudado, sino también a empresas necesitadas de financiar inversiones. Un dólar aún barato a la espera de una consolidación de la mejora de la actividad y el empleo en Estados Unidos, a su vez, mantendría buenos precios internacionales para los productos de exportación que cotizan en esa divisa.

Por el otro, si la delta –o alguna nueva variante– mostrara los dientes como algunos temen, el mundo podría retroceder a un nuevo confinamiento fuerte, lo que abortaría la recuperación económica en marcha. Para nuestro país, podrían regresar los desplomes de actividad de doble dígito, como los de febrero a junio del año pasado, y una caída general del consumo y las exportaciones.

El período electoral septiembre-noviembre es una ventana demasiado sensible como para tener que probar si primará un escenario u otro. La carrera contra el tiempo de una vacunación, ahora sí exitosa, hará una diferencia fundamental. ¿Se llegará a tiempo para amortiguar lo que puede venir?

(Nota publicada en Letra P).