Guzmán, Pesce, las reservas y la fábula de Crespo y Batistuta

Sí, podían jugar juntos. Las tenencias del BCRA vuelven a 40.000 millones de dólares y las compras equilibran lo perdido en la era Fernández. Peligro: pandemia.

La política de acumulación de reservas por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) –serpenteante, dada la necesidad de intervenir en los mercados cambiarios paralelos, lo que atenúa las ganancias netas– muestra esta semana dos indicios alentadores: por un lado, las mismas se aprestan a cruzar al alza, seguramente este mismo miércoles, el umbral de los 40.000 millones de dólares; por el otro, la entidad se acerca al objetivo de recuperar todos los billetes que había vendido desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández para tranquilizar a los operadores. Ese resultado positivo, pero que no da para festejar con champán en un escenario siempre frágil, es producto de una mejor coordinación de políticas entre el Ministerio de Economía y la autoridad monetaria, algo que comenzó a darse en octubre del año pasado, aunque los analistas pedían desde mucho antes.

“El resultado es producto de una coordinación que se pedía y que el equipo económico supo encontrar. Hay que entender que antes de eso este hacía lo que podía en medio de un tsunami” dado por la crisis del momento y por el golpe de la pandemia, le dijo Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica, a Letra P. “Hoy hay más sintonía entre Martín Guzmán y Miguel Ángel Pesce y eso redunda en una mayor estabilidad cambiaria“, añadió. Sí, al final, al revés que Crespo y Batistuta en la era Bielsa, el ministro y el titular del Central podían jugar juntos.

El analista ponderó que “Guzmán aprendió algunas cosas, lo que lo transformó de un académico en una figura política. Por ejemplo, entendió que la batalla por las tarifas, con su idea de aplicar aumentos del orden del 30%, estaba perdida. Entonces logró que el ala más dura del cristinismo aceptara subas del 6 o del 7% y se guarda la carta para volver sobre el tema de las elecciones”.

“Desde ya que ayudan los altos precios internacionales de la soja, pero también es cierto que los dólares que hoy entran al país tal vez no lo harían en la misma medida en en un contexto diferente, de inestabilidad”, dijo Delgado.

Según informó la propia autoridad monetaria, las reservas internacionales brutas cerraron el martes en 39.990 millones, apenas 10 millones por debajo del mojón –todavía módico, claro– de los 40.000 millones. Asimismo, la compra de divisas reciente era, hasta la publicación de esta nota, apenas 150 millones de dólares inferior a las ventas realizadas en lo que va de la actual administración en el mercado cambiario.

Coopera, como dijo el director de Analytica, que la liquidación de exportaciones del complejo agrícola haya sido récord histórico en el primer trimestre y en especial en marzo. Así y todo, hay un costado menos luminoso de la tendencia: además del mencionado uso de dólares para mantener a raya los tipos de cambio arbitrados en bolsa –el “contado con liquidación, o CCL, y el “dólar MEP”, Mercado Electrónico de Pagos–, las reservas solo se incrementaron en 500 millones de dólares debido a la necesidad de hacer frente a pagos de deuda con organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) y la Corporación Andina de Fomento (CAF).

La buena liquidación sigue este mes. Según datos oficiales, las cerealeras trajeron al país en lo que va de abril unos 1.000 millones de dólares, lo que totaliza 7.800 millones a lo largo del año.

En tanto, el Banco Central compró el martes más de 140 millones –apenas 40 millones menos que lo liquidado por los exportadores de soja–. En lo que va de 2021, la apropiación de divisas llega a más de 3.000 millones de dólares.

“Si se mantiene la tendencia, seguramente se van a recomprar todos los dólares que se vendieron el año pasado para sostener la demanda, especialmente entre julio y noviembre, y las reservas cerrarán este miércoles por encima de los 40.000 millones”, le dijo a Letra P una fuente del BCRA.

“Hay que tener en cuenta que la compra de divisas es solo uno de los factores que inciden en el nivel de reservas internacionales, pero la acumulación de reservas es la señal más importante para garantizar el normal funcionamiento de la actividad económica”, agregó.

“La estabilización cambiaria que se logró fue posible por un primer bimestre que en lo fiscal fue muy contractivo, con superávit, y una buena actividad de emisión de deuda del Tesoro hasta marzo, que también retiró pesos de circulación. Sin embargo, este mes ya hay un vencimiento muy importante de deuda, de 400.000 millones de pesos, 16 o 17% de la base monetaria, que van a ser difíciles de reabsorber con el nivel de tasas de interés vigente”, dijo Delgado.

La entidad no quiere hablar de objetivos específicos de acumulación de dólares para los próximos meses. Delgado, sin embargo, señaló que “para mitad de año, si no hay grandes problemas, las reservas brutas podrían terminar en 45.000 millones, lo que sería un buen resultado. A eso, hacia septiembre u octubre, habría que sumar los 4.500 millones de dólares que llegarán por el aumento del capital del Fondo Monetario Internacional del que podrán hacer uso los países miembros”.

El panorama, con todo, seguirá siendo delicado.

Por un lado, el futuro “dependerá de la medida en la que el Central tenga que intervenir para mantener tranquilos los dólares bursátiles”. Por el otro, continuó Delgado, “qué decisión tomará en lo que hace a la venta de dólares para importaciones industriales, algo que ayudaría al nivel de actividad pero que implicaría un mayor uso de divisas”.

En ese sentido, añadió otro elemento crucial a tener en cuenta: ¿la crisis por el nuevo coronavirus obligará a cerrar otra vez sectores de actividad y a emitir nuevamente pesos para sostener a las empresas y las familias?

“Si la pandemia se agravara y quedaran más pesos sueltos, habría un riesgo” de dolarización de carteras, explicó, al advertir sobre la sustentabilidad de la calma actual.

“A esta altura, la vacuna es el principal instrumento de política económica. Sin ella, es posible que haya que cerrar actividades y que la economía se complique”, cerró.

(Nota publicada en Letra P).