LA QUINTA PATA | Cornejo, el Mendoexit y la deriva de la UCR

(Foto: Noticias Argentinas).

La obsesión del líder radical con la escisión de su provincia. ¿Dónde están los boina blanca defensores de la Constitución. ¿Libre expresión o posible delito?

Será que balbucear incoherencias resulta cada vez más común en la Argentina y que la grieta es un aliciente para decir a cada rato un disparate mayor que el anterior, pero no deja de llamar la atención la ofensiva creciente del diputado y presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR), Alfredo Cornejo, en pos de una escisión de su provincia, Mendoza, de la República Argentina.

El delirio, que va más allá de la autonomía reforzada que Adolfo Rodríguez Saá soñó para San Luis y que por ahora resulta más irritante que peligroso, bien podría pasar desapercibido porque no merece mayor atención que la que le da su cabeza caliente. Sin embargo, normalizar lo anormal puede ser nocivo para la convivencia democrática.

«Cada vez tiene más sentido la idea de separarse del país», dijo esta semana en una entrevista publicada en Perfil. «Hay un movimiento en Mendoza y Córdoba. Son dirigentes del sector privado que creen que la Argentina los contagia, que de nada vale hacer las cosas bien en las provincias porque las condiciones macroeconómicas se imponen. En ese contexto, hay gente que plantea autonomizarse», ahondó… por así decirlo.

«Dije que Mendoza está siendo cada vez más perjudicada. Le frenaron una obra que es de financiación de la provincia (y) todavía no se puede explicar por qué la frenaron. Veníamos a contribuir en energía a la Argentina y nos ponen trabas todo el tiempo», justificó la iniciativa separatista.

¿Habrá sufrido un brote psicótico pasajero como el de Eduardo Duhalde? No; lo suyo es hábito. Ya en junio del año pasado había señalado que su provincia «tiene todo para vivir como un país independiente, pero no lo tiene hoy» debido a que «necesita de la Argentina y Argentina la perjudica en la calificación de riesgo y el acceso de crédito internacional para traer inversiones».

«Podría ser un país, pero con un programa común de su élite política y empresaria para desarrollar ese camino», esbozó a modo de plan. «Se está obligando a Mendoza a autoafirmarse en sus propios valores e identidades. Estamos lejos de tener autonomía con nuestra actual estructura productiva, pero creo que hay que empezar a pensarlo seriamente», provocó.

Su porfía, obviamente, no es descripción sino propuesta. Una que lleva a preguntarse en qué lugar pone el presidente de la UCR, ante el silencio atroz de sus colegas legisladores y de los demás referentes de su partido, tanto aliados como adversarios en la rosca, la defensa de la Constitución, de la república y de las leyes, valores que tanto evoca esa agrupación cada vez que es oposición. ¿Que se rompa (el país), pero que no se doble? Como sea, todos eso viola Cornejo cuando sale a hablar de un Mendoexit tan malhadado que ni logra replicar la musicalidad del brexit, el término con el que el Reino Unido bautizó su salida de la Unión Europea.

Lo suyo podría ser una chicana más en un caldo político saturado de ellas, pero no lo es. Como diputado nacional –esto es representante del pueblo de la nación–, cobra un salario pagado por los contribuyentes argentinos, con quienes no pareciera tener mayor apego afectivo. Sería bueno que ese dato no pasara desapercibido la próxima vez que se postule a un cargo electivo… en Argentina, claro. ¿O será que, presa de un arrebato nacionalista de nuevo cuño, planea renunciar a su banca en un Congreso que siente ajeno?

El dilema mencionado más arriba –¿hay que darle entidad al disparate o es mejor ignorarlo?– pierde sentido cuando el tema se instala. Aunque no se sabe si para ayudar o para complicar las cosas, el también diputado y también mendocino José Luis Ramón, de la Fuerza Protectora Política, acaba de proponer, como respuesta, una consulta popular no vinculante que le plantee en octubre al electorado de la provincia dos opciones: «ser argentino» o «dejar de ser argentino». «Nuestra fuerza está convencida de que ser mendocino es una identidad por sí misma, pero que se contiene sobre las bases del patriotismo nacional», tranquilizó Ramón, que –todo lo indica– si algo quiere proteger es la argentinidad.

El diputado Cornejo apela al peor sentimiento que pueden albergar los seres humanos que viven en una comunidad, el egoísmo, porque su argumento no tiene nada que ver con los separatismos que, en otras partes del mundo, reconocen motivaciones nacionales, lingüísticas, culturales o hasta religiosas. Nada de eso existe en Mendoza, cuna de la independencia nacional, que no es Cataluña ni el País Vasco ni Escocia ni Flandes ni Quebec…

Claro que la autodeterminación de los pueblos es un principio del derecho internacional, así como el de integridad territorial de los Estados, algo que el radical parece desconocer. Sin embargo, un simple conjunto de personas no es de por sí un pueblo y en este caso no se habla de ningún nuevo sentimiento nacional mendocino genuino y mayoritario, algo que plantearía un desafío primero político y luego constitucional, como ocurre entre Cataluña y el gobierno central español. No, solo se trata de una ficción, dada, al parecer, por la contaminación que el riesgo país de la Argentina le provoca a su provincia. Pero ni eso es cierto: a Mendoza, que cerró hace poco una refinanciación de su abultada deuda en términos de sustentabilidad al menos polémicos, la vida en soledad podría resultarle todavía más dura.

Cornejo, en tanto protector de los pueblos y defensor de la autodeterminación de todos ellos –del mendocino, del Emirato de Vaca Muerta, del de la provincia de Buenos Aires perjudicada por la coparticipación, del de la Ciudad de Buenos Aires de renta europea, del de Venado Tuerto o del de la República de Puerto Madero, entre otros–, ¿apoyaría también una independencia mapuche, dadas las 27 comunidades que habitan en su provincia? ¿Respaldaría asimismo la que parte de los kelpers reclaman para nuestras islas Malvinas? ¿Cornejo está en contra de la propia causa Malvinas, también de rango constitucional?

Si fuera válido el criterio de que un territorio puede violar la Constitución y escindirse cuando cree que la comunidad nacional no sirve a sus fines económicos, cualquier ordenamiento civilizado se haría imposible. ¿Por qué pagar impuestos? ¿Por qué convivir con los pobres y contribuir a su superación, en particular en la Argentina del 42% de olvidados? Que se sepa: Cornejo propone un modelo en el que es válido desentenderse de la familia.

La línea entre la libertad de expresión y la apología del delito –en este caso, el de sedición, esto es el levantamiento contra las autoridades legítimas– puede ser fina. Con todo, el tema merece, desde ya, respuestas discursivas y políticas, no judiciales, al menos en tanto no se convierta en un problema de verdad.

Más allá de eso hay que mencionar que Cornejo acaso haya olvidado la Constitución de la Argentina, el país del que «cada vez tiene más sentido separarse». Si es así, aquí le dejamos, con humildad, el enlace, por si le es de utilidad.

La misma señala en su artículo 5 que «cada provincia dictará para sí una Constitución bajo el sistema representativo republicano, de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la Constitución Nacional». Así, la unión impone a sus partes constitutivas replicar su ordenamiento jurídico.

El 22 trata directamente sobre la sedición, aunque en términos excesivos para este caso. Además, entre el 121 y el 128 la Carta Magna precisa las atribuciones y limitaciones de los poderes provinciales, sentando siempre la primacía de la Nación.

Con el debido pedido de disculpas por volver atrás en el capitulado constitucional por razones de claridad, el artículo 1 sostiene que «la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal, según la establece la presente Constitución». Cornejo desconoce el primer punto de la Carta Magna, ya que en el diálogo con Perfil sostuvo que «el periodista me dijo que si los del Mendoexit tienen razón. Le dije que la Constitución es de una federación, no de una confederación, con lo cual uno se puede ir».

¿Cómo se le explica lo más importante a quien tanto ignora, más cuando es licenciado en Ciencia Política, disciplina que, encima, enseñó? Al revés de lo que cree el Bolívar de las Vides, una federación es un ordenamiento más rígido que el de una confederación, en la que la cesión de soberanía al Estado es restringida. Así, la Constitución no admite sus demasías.

A lo mejor, lo del líder radical es simplemente un equívoco que, si alguien se lo despejara, nos habría ahorrado toda esta columna. Seguramente alguno de sus correligionarios de la UCR podrá aclararle ese punto clave. Al fin y al cabo, sobran en ese partido juristas de nota y celosos defensores de las instituciones.

(Nota publicada en Letra P).