La culpa no es del perro

(Foto: Noticias Argentinas).

La entrevista a Verbitsky y la queja del entorno presidencial: «Solo jugamos para el kirchnerismo». Apariciones cuidadas y arrebatos personales. ¿El precio de la unidad?

Causó sorpresa en propios, en extraños y en antes ilusionados y hoy recelosos la entrevista que le concedió el domingo el presidente Alberto Fernández a Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna, el programa de este en Radio del Plata. Desde ya que el jefe de Estado tiene derecho de hablar con quién quiera y que al periodista le sobra entidad para convocarlo, pero no puede olvidarse que el segundo viene de desencadenar la peor crisis del Gobierno en sus quince meses de camino al haberse declarado como uno de los vacunados VIP y de precipitar, sin querer queriendo, la defenestración de Ginés González García, un amigo de ambos, desde la ventana más alta del Ministerio de Salud.

Más allá de la propia credibilidad de la administración peronista, el caso golpeó de lleno la oscilante confianza social en el proceso de vacunación contra el covid-19 y generó en su momento una pregunta que hasta hoy no tiene una respuesta clara: ¿por qué Verbitsky, un periodista avezado y consciente del impacto de sus palabras, confesó, casi cándidamente, haber sido uno de los beneficiados?

«Decidí vacunarme. Me puse a averiguar dónde hacerlo, llamé a mi viejo amigo Ginés González García, a quien conozco desde mucho antes de que fuera ministro, y me dijo que tenía que ir al Hospital Posadas. Cuando estaba por ir, recibí un mensaje del secretario de Ginés que me dijo que iba a venir un equipo de vacunadores del Posadas al Ministerio y que fuera al Ministerio a darme la vacuna», dijo, como si nada, en El Destape Radio.

Con Verbitsky, entrevistador VIP. (Foto: El Cohete a la Luna).

Más que afiliarse a las teorías conspirativas que han abundado desde entonces, cabe suponer que la verdad que «se le escapó» al Perro Verbitsky buscó primerear con la idea de que solo advirtió la incorrección ética de haberse saltado la cola, en la que no estaba demasiado atrasado debido a su edad, después y no antes de que el caso estallara como una bomba. «Mi vacunación en el Ministerio de Salud fue un error grave, del que me arrepiento, y por el que pido disculpas», dijo poco después en su portal. Para Ginés y para Fernández ya era tarde.

El periodista Roberto Navarro, responsable de El Destape Radio, despidió a Verbitsky por esa incorrección y Ginés, el viejo amigo, no volvió a atenderle el teléfono, según dijo hace poco aquel. Es más, el propio Presidente dijo hace poco que todavía no había retomado el diálogo con el exfuncionario, que se dejó el cargo rumiando mucha bronca.

El propio mandatario dijo el sábado a la noche en C5N, pocas horas antes de la entrevista de la polémica, que «no es verdad que las vacunas se las dan los acomodados. Hubo algún caso aislado y nosotros dimos un claro mensaje que me costó un ministro de la talla de Ginés, que para mí es el más grande sanitarista que tiene la Argentina». No fue bajo el costo pagado, parece.

Hombres y mujeres clave del armado oficial como el jefe de Gabinete, Juan Pablo Cafiero; el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y el jefe de asesores de la Presidencia, Juan Manuel Olmos, insisten desde hace tiempo en que «hay que cuidar las apariciones» mediáticas del presidente. No les gusta verlo a este airado o trastabillando cuando juega de visitante y respondiendo preguntas con demasiado top spin.

Eso explica que las últimas apariciones de Fernández hayan sido una entrevista con Gustavo Sylvestre en C5N, la aparición del último sábado en el programa Sobredosis de TV en el mismo canal y la entrevista a Verbitsky. Sin embargo, esta último provocó malestar entre los principales allegados al jefe de Estado.

«No para de concederle autoridad y poder al kirchnerismo duro», se quejaron varios este lunes, quienes sostienen que en ese tipo de diálogos aparece un Fernández que siempre busca los puntos de contacto con su vicepresidenta, Cristina Kirchner, lo que lo hace aparecer como más radicalizado y, a la vez, débil, algo que –temen– no le pague bien en las encuestas y a la hora de votar.

Más profundamente, el lamento se vincula con la ya conocida actitud de Fernández de saltarse los consejos de quienes manejan la comunicación con conocimientos y de cortarse solo en sus contactos con la prensa. Es imposible ayudar a quien no lo permite.

Esos funcionarios y allegados cercanos creen que el Presidente trata de llenarles los oídos y satisfacer la agenda de los influyentes más cercanos a la vice sin reparar en costos. En el caso del domingo, el haber concedido una entrevista muy amable a quien le provocó la crisis mencionada y en la que la herida más reciente, la de la llamada «vacunación VIP», ni siquiera se mencionó a lo largo de un diálogo de 78 minutos por momentos tediosos.

Fernández tiene respuesta a esas críticas internas. Según él, en los más de 15 meses que lleva de mandato, uno de sus principales logros fue haber preservado la unidad del Frente de Todos a pesar de las evidentes diferencias de criterio, en particular con Cristina. En otro plano, el acierto es contener al electorado K de paladar negro, tantas veces insatisfecho con el rumbo oficial. Lo curioso es que la molestia por la entrevista se dejó ver también en ese sector, si es que las redes sociales son en verdad una referencia.

Ese esfuerzo presidencial exige concesiones. Una fue -casi mojando las orejas de millones de personas mayores que siguen en la cola- no haberle mencionado a Verbitsky la cuestión de su vacuna y haber parecido condescendiente con él. La culpa no es del Perro.

Hay que reconocer que el periodista, que ni bien asumió Fernández se animó a marcarle la cancha en cuestiones como la política económica, también se cuidó mucho. El diálogo, de tono suave y ameno, comenzó con un jocoso pedido de disculpas por haberlo sacado de la cama «a una hora premacrista» y se cerró con chanzas sobre el triunfo de Argentinos Juniors sobre Arsenal… ¡con dos jugadores menos!

En el medio, ambos conversaron sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre la economía y la culpa de los formadores de precios en el fenómeno inflacionario, explicaron que no hay ajuste, dijeron que segmentar las tarifas de servicios públicos llevará tiempo, coincidieron sobre lo malo que es que el trumpista Mauricio Claver-Carone dirija el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ponderaron el acierto oficial de haber convocado a un diálogo sectorial y se explayaron sobre las llagas de la Justicia federal.

«Te felicito, te agradezco y te deseo éxito», cerró Verbitsky. Fue una charla encantadora.

(Nota publicada en Letra P).