La soja es K, los sojeros no

(Foto: Noticias Argentinas).

El “yuyito” ya roza 500 dólares e ilusiona al Gobierno. El sector niega la bonanza. ¿Rebelión ruralista por el maíz o por presunción de suba de retenciones?

“A pesar de lo que piensa la mayoría de los productores, la soja es kirchnerista. Con (Mauricio) Macri, la cotización apenas su pasó en algún momento de los 300 dólares (por tonelada), mientras que ahora se fue de menos de 300 a 500 en cuestión de meses. No hay nada que hacerle…”. La confesión, resignada, fue realizada por un hombre del sector a Letra P el martes, tras el cierre de los mercados, cuando se corroboró que la tendencia alcista reciente del “yuyito” se había acentuado para dejar el producto al filo de los 500 dólares por tonelada, mojón que incluso se llegó a superar durante la rueda. Para el Gobierno, semejante precio, que podría sostenerse a lo largo de la temporada alta de exportaciones que va de marzo-abril a junio-julio, podría ser maná del cielo en un ciclo en el que deberá recomponer las decaídas reservas del Banco Central. Sin embargo, para el sector es augurio de nuevas pulseadas por la apropiación de esa renta excedente. ¿Se viene una nueva vuelta de tuerca sobre las retenciones? Eso es lo que temen los productores y exportadores y por eso ya han salido a mostrar los dientes.

La cotización es casi un 50% mayor que la de hace un año y la más elevada desde junio de 2014… bajo el gobierno de Cristina Kirchner, la misma presidenta que se trabó en una lucha cuerpo a cuerpo con “el campo” a poco de asumir su primer mandato, durante inolvidables 129 días entre marzo y julio, esto es cuando –literalmente- se jugaban los porotos.

Los hombres y mujeres del sector no quieren mostrar la bonanza, como quien esconde su cadenita de oro cuando se le acerca un extraño de movimientos sospechosos. Afirman que los precios son muy buenos, tanto para la soja como para el maíz y el trigo, algo inocultable, aunque explican que eso es producto de la sequía. “Desde noviembre que no llueve casi nada”, le dijo la fuente mencionada a este medio.

“El problema es el clima, así que el Gobierno se equivoca si se pone a sacar cuentas, piensa en una cosecha de 50 millones de toneladas y la multiplica por 500 dólares. Los rinden no van a ser esos porque el escenario productivo está muy comprometido. Le diría que no gaste a cuenta”, añadió.

En efecto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima que la producción de soja oscilará en los 46 millones de toneladas, 7% menos que en la campaña anterior.

“Es muy difícil cuantificar hoy los daños por la sequía porque recién empieza la siembra de segunda. Muchos la tuvieron que resembrar, otros todavía no la sembraron…”, continuó la fuente.

El argumento del sector es que el mayor precio simplemente compensará la merma esperada de la producción. Eso es cierto, pero solo en parte.

De acuerdo con cálculos de la Fundación Mediterránea, este año el complejo agroindustrial aportará alrededor de 31.100 millones de dólares, 4.600 millones –17%– más que el año pasado. Se trata de un flujo de sojadólares que la consultora califica de “aporte crucial” en un contexto de falta de divisas que mantiene bajo presión al dólar y limita las posibilidades de rebote de la economía tras la depresión causada por la pandemia.

La clave es que la sequía argentina es solo uno de los componentes que explican los precios XXXL. Estos pueden compensar, es cierto, la merma de producción esperable, pero hay otros factores, exógenos, que sí beneficiarían de forma neta al país.

Las causas de la bonanza

En primer lugar, la seca incluye a Brasil, donde la cosecha viene demasiado lenta. Ese hecho, al que la Argentina es ajena, aporta mucho a la insuficiencia de la oferta y a la suba de los precios resultante.

Otro, la debilidad del dólar en los mercados internacionales, que hace que, de modo mecánico, suban los precios de todas las materias primas que cotizan en esa moneda. Los analistas de mercados de divisas creen que la era del dólar barato estaría asegurada al menos para el primer semestre del año; otros la extienden a lo largo de todo 2022. Cuanto más extensa, la soja cara durará más y, con eso, el beneficio para el país.

El tercer elemento que aporta al rally de los precios de los granos está dado por la demanda de China, cuya economía crecería este año, según proyecciones del Banco Mundial, 7,9%. Eso está provocando precios máximos en varios años en diferentes commodities que importa ese país, desde el cobre hasta los alimentos.

En el caso de la soja, lo que importa es el ritmo acelerado en el que China busca recomponer su stocks de cerdos, que tienen en la oleaginosa su alimento. He ahí otro elemento, este fundamental, para explicar los precios actuales.

Entonces, la idea de que el precio compensará una caída de la producción es, en el mejor caso, una verdad a medias. Habrá renta excedente e, inevitablemente, una pelea por su apropiación, tal como ocurrió en la “guerra gaucha” de 2008.

Como se sabe, la Sociedad Rural (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y la Federación Agraria (FAA), tres de las cuatro entidades de la Mesa de Enlace –Coninagro no se sumará– realizarán un cese de comercialización entre el lunes y el miércoles de la semana que viene para protestar por el cierre, hasta el 1 de marzo, del registro para las exportaciones de maíz. Eso, con todo, explica parte de la tensión. El resto está dado por la expectativa del sector rural de que, con los actuales precios de la soja, el Gobierno decida un nuevo incremento de las retenciones, algo difícil de concretar dado que la alícuota vigente, del 33%, es la máxima prevista en la ley de Emergencia Económica. Así, un movimiento en ese sentido provocaría un conflicto que excedería lo sectorial y adquiriría componentes políticos.

En el terreno de las especulaciones, la necesidad de evitar que el país importe inflación por vía de los precios de los alimentos que exporta –que no son la soja, aunque esta influye en el reparto de las tierras de cultivo y en la tendencia general– y “cuidar la mesa de los argentinos” serían los argumentos perfectos para ir hacia una mayor carga tributaria.

Según supo Letra P, las autoridades no barajan por el momento esa posibilidad y califican esas prevenciones de especulación. Con todo, la gente de campo cree que es solo cuestión de tiempo para que alguien lo plantee dentro del oficialismo, más cuando la conducción económica parece regirse cada vez con un criterio más intervencionista, reflejo del pliego de condiciones extendido por Cristina Kirchner al presidente Alberto Fernández en el último acto del Frente de Todos en el estadio Diego Armando Maradona de La Plata.

“Esa es la pelea de fondo, de la que nadie habla por ahora. Si me pregunta a mí, yo creo que un aumento de las retenciones a la soja es un hecho y que eso es lo que lleva a sobreactuar la queja sobre el maíz”, se sinceró la fuente.

(Nota publicada en Letra P).