El superávit comercial se derrite y presagia más sobresaltos con el dólar

(Foto: Noticias Argentinas).

La reapertura de la economía y la producción industrial, demandante de insumos y partes importadas, y las dudas sobre el futuro del dólar se conjugaron en noviembre en una brusca contracción del superávit comercial, fuente casi excluyente de divisas para el país. La noticia refuerza las especulaciones de algunos agentes económicos sobre una eventual devaluación y complica las perspectivas para una economía que debería rebotar en 2021 desde el pozo al que la llevó la pandemia en el año que termina.

El superávit comercial del mes pasado se ubicó en 271 millones de dólares, casi un 90% menos que el de un año antes.

Fuente: INDEC.

¿Se trata de un dato aislado? No y eso es lo que preocupa. El saldo positivo alcanzó un máximo de 1.893 millones de dólares en mayo, cuando comenzó un proceso acelerado de derretimiento.

Fuente: INDEC.

El economista Gustavo Reija le dijo a Letra P que “el saldo comercial de noviembre enciende luces de alarma para la política económica. La caída de las exportaciones y el aumento de las importaciones configuran un escenario preocupante porque el país se dirige a la pérdida del superávit en 2021”.

Julia Segoviano, economista de la consultora LCG, señaló, también en diálogo con Letra P, que “el repunte de las importaciones no está asociado a una fuerte recuperación de la actividad, que todavía muestra poco dinamismo, y expresa el carácter disruptivo de una brecha como la actual para las transacciones comerciales. Si las exportaciones no mejoran, el país se va a comer el superávit comercial, un lujo que no se puede dar”.

En una economía como la argentina, en la que el acceso a dólares financieros está prácticamente vedado por un riesgo país superior a los 1.300 puntos básicos, la variable comercial resulta fundamental para anticipar cuál será la disponibilidad de divisas en los meses sucesivos.

Fuente: Rava Bursátil.

De acuerdo con el último informe sobre comercio exterior del INDEC, la reducción drástica del superávit comercial respondió a la doble Nelson de una caída interanual de las exportaciones del 25,6% y a un incremento de las importaciones del 20,7%. De no ser por el incremento de 4,3% de los precios de los productos de exportación, el resultado habría sido todavía peor, dado que las cantidades vendidas al exterior se encogieron 28,6%.

Lo ocurrido no puede explicarse en términos de atraso cambiario, ya que el tipo de cambio oficial fue en meses recientes suficiente para acumular saldos más satisfactorios y se viene actualizando en línea con la inflación o incluso por encima de ella. El problema parece, más bien, ligado a la persistencia de expectativas de una corrección brusca del dólar en algún momento de 2021.

Como se esperaba, diciembre fue una tregua para el Gobierno. Por ser tradicionalmente un mes con elevada demanda de pesos por parte de quienes deben hacer frente a pagos de aguinaldos, gastos ligados a las fiestas y a vacaciones, el Banco Central pudo cortar la racha negativa y recomponer reservas por más de 350 millones de dólares. Asimismo, el dólar “contado con liquidación” cedió más del 4% y la brecha con el oficial mayorista bajó a niveles cercanos al 70%.

El problema es que la demanda de dinero volverá a caer hacia el final del verano.

“Es un tema de incentivos. Una brecha tan alta siempre va a motivar un adelantamiento de importaciones porque se las ve baratas”, explicó Segoviano.

Paradójicamente, la recuperación de la economía, estimada por el ministro Martín Guzmán en 5,5% el año próximo, conspira contra la acumulación de dólares comerciales.

“Para tener una idea de lo que hablamos, digamos que cada punto de crecimiento del PBI genera aproximadamente 3% de incremento de las importaciones. Dada la inflexibilidad temporal de las exportaciones, el rebote de la economía impactará en el saldo comercial”, ilustró Reija.

“Este escenario se suma al fantasma de la persistencia de la emergencia sanitaria durante, al menos, el primer cuatrimestre del año entrante, con la probable continuidad de gastos como el IFE y el ATP y su negativo impacto sobre el nivel del déficit fiscal”, añadió.

¿Hay salida?

De acuerdo con la economista de LCG, “es difícil decir si aparecerán tensiones rápidamente o cuándo lo harán, pero sí se puede afirmar que el esquema no da seguridad. Puede haber algunos ‘veranitos’, pero la brecha sostenida va a empezar a afectar a la actividad”.

“Habrá que ver si aparece la oferta de dólares y si se empiezan a acumular reservas sostenidamente para traer calma. Si eso no ocurre, es muy probable que el mercado se vuelva a tensionar rápidamente”, dijo Julia Segoviano.

La recuperación de la economía de China, segundo socio comercial del país, y su necesidad de recomponer su stock de cerdos harán que ese país compre este año un récord de más de 100 millones de toneladas de soja. Eso se traduce en el precio de la oleaginosa, principal producto de exportación del país, que el martes finalizó a 459 dólares por tonelada en los contratos para enero, su mayor nivel desde 2014 y 53% superior al de marzo. Eso podría traducirse en una mayor liquidación de exportaciones cuando comience la nueva temporada de exportaciones a fines de marzo, pero para que eso ocurra será necesario que los actores del sector dejen de pensar que el tipo de cambio puede sufrir una corrección brusca y que eso los lleve a retener grano.

Mayores ventas de soja son la esperanza de Guzmán y del presidente de Banco Central, Miguel Pesce, para tener un 2021 más tranquilo en materia de reservas y mercado cambiario. La “cosecha salvadora” acaso permita sacar las papas del fuego, pero eso solo sería ganancia si se la aprovechara para resolver los problemas de fondo.

“El mantenimiento del actual esquema cambiario, con brechas aún muy altas, distorsiona todo el balance del sector externo. Esto y las proyecciones del déficit fiscal serán centrales en la discusión del acuerdo con el FMI, que cada día se vuelve más importante para la generación y administración de las expectativas”, dijo Reija.

“Recordemos siempre que un buen ministro de Economía es aquel que mejor gerencia las expectativas”, remató.

(Nota publicada en Letra P).