Venezuela expone las venas abiertas del Frente de Todos

(Foto: Noticias Argentinas).

Súbitamente, la política exterior en general y la relación con Venezuela en particular expusieron diferencias de fondo en el Frente de Todos. Aunque no parece probable que el canciller, Felipe Solá, enfrente nuevos sobresaltos una vez conjurada la salida de libreto del embajador ante la Organización de Estados Americano (OEA), Carlos Raimundi, y la renuncia de Alicia Castro a su postulación para la representación en Rusia, las heridas quedan abiertas en la heterogénea coalición panperonista.

Una fuente conocedora del clima de la Cancillería le dijo a Letra P que Solá tiene control sobre su planta, la que “no esta loteada, a diferencia de lo que ocurre en otros ministerios y organismos”. Otros diplomáticos coincidieron con esa apreciación.

A diferencia de Raimundi, quien, tras una reprimenda presidencial volvió sobre sus dichos contrarios al respaldo nacional al informe presentado en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por la alta comisionada Michelle Bachelet, Castro llevó más lejos la porfía. Es más, ya en agosto se había cruzado con el canciller después de que este hablara de un “cuasi Estado de derecho” y de un gobierno “autoritario” en Caracas. “Es llamativo que siga machacando contra Venezuela. Sería oportuno que se exprese contra la proscripción y condena de (Rafael) Correa en Ecuador, el Gobierno de facto de Bolivia que posterga elecciones, la situación de Chile y Brasil”, lo zamarreó. La eclosión era solo cuestión de tiempo.

En declaraciones al programa Siempre es hoy que conduce el periodista Daniel Tognetti en la radio AM 530, Castro dijo este miércoles haber hablado con el presidente Alberto Fernández y reveló que este le pidió que reconsiderada su alejamiento, posibilidad que descartó. Asimismo dijo haber conversado con Cristina Kirchner.

El nombramiento como embajadora de Alicia Castro tenía el visto bueno del Kremlin, pero se encontraba frenado en el Senado por sus reparos a viajar en medio de la pandemia.

“Sí, hablé con ella (…). Le adelanté mi decisión con todo el cariño y el respeto que le tengo. Me considero muy honrada por su amistad y su confianza porque la embajada en Rusia es estratégica”, dijo. “La conversación fue como son normalmente: con confianza, con cariño, con respeto”, añadió, sin involucrar a su jefa política en la disputa.

Castro, cuyo nombramiento en Moscú tenía el visto bueno del Kremlin, pero se encontraba frenado en el Senado por sus reparos a viajar en medio de la pandemia, denunció un “giro dramático” en la política exterior de la Argentina tras el apoyo al informe Bachelet. Sin embargo, el voto positivo del embajador ante las Naciones Unidas, Federico Villegas, siguió la postura trazada por Fernández en la campaña que lo llevó al poder. Asimismo, la posición esbozada en julio, cuando apoyó en la segunda reunión anual del Consejo con sede en Ginebra la actualización oral de la chilena sobre la situación humanitaria bajo el chavismo.

Así, lo que se votó el martes fue simplemente la renovación por dos años del mandato de la comisión investigadora de Naciones Unidas, que constató la ocurrencia de graves crímenes de lesa humanidad, tales como ejecuciones extrajudiciales, torturas y detenciones ilegales.

Así como otros referentes del kirchnerismo de paladar negro como Eduardo SigalMario Secco, Luis D’Elía, Gabriel Mariotto, Hebe de Bonafini y otros, Alicia Castro dijo que el respaldo a esas denuncias es un apartamiento de la tradición nacional de no injerencia. 

Sin embargo, el país se ha sumado, sin quejas conocidas, a las condenas por violaciones de los derechos humanos perpetradas por Israel contra la población de Palestina ocupada. Asimismo, otro reproche, que señala que la misión para Venezuela no pudo investigar en el terreno sino que se limitó a entrevistar a víctimas desde fuera de ese país, tampoco se ha aplicado a la situación análoga del caso israelí. Los países acusados de tales crímenes suelen ser reacios al ingreso de misiones de ese tipo.

Si bien es cierto que el principio de no injerencia es uno de los pilares de la tradición diplomática argentina, también lo es desde la restauración de la democracia la defensa irrestricta de los derechos humanos. He ahí dos principios que colisionan en el caso de Venezuela.

Cabe recordar que la propia Cristina Kirchner ha hablado de falta de Estado de derecho en ese país. Aunque no deja de llamar la atención que muchos referentes cercanos a ella planteen este choque frontal con el Gobierno del que aquella es número dos, sería un verdadero dolor de cabeza que ella, si es que comparte esas posturas, las avalara públicamente. ¿Lo hará?

La política exterior del albertismo se construyó en torno a la centralidad del objetivo de arreglar la deuda en default. Detrás de eso vino lo demás: no confrontar excesivamente con Donald Trump y tomar distancia del chavismo. Cristina Kirchner fue parte central de aquel diagnóstico y de esas conclusiones, según contó Letra P ya en junio del año pasado.

Los críticos de la condena al chavismo indican que el voto en el Consejo de Derechos Humanos bien podría haber sido, como el de México, de abstención. De hecho, en los días previos a la reunión se había especulado mucho en ese sentido, pero los dichos de Raimundi– que se explayó en la OEA sobre las sanciones y las amenazas de invasión a Venezuela, pero nada dijo sobre derechos humanos– obligaron a Fernández, a Solá y a Villegas a endurecer el discurso. Esto es reconocido en Cancillería, según averiguó Letra P.

Eso fue así especialmente dado que el país viene de mantener una puja con Estados Unidos por la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), algo que, sumando un entredicho por Venezuela, podría haber escalado al nivel de disputa y complicado las negociaciones en marcha con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Otro punto que resaltan los cristinistas duros es que la Argentina votó en conjunto con los países del Grupo de Lima, la oposición regional más radical contra el chavismo, liderada por Estados Unidos. Es verdad que la Argentina coincidió con países como Chile y Perú, además del también extremo Brasil, pero también lo que es que coincidió con países europeos como España, Alemania, Italia y los Países Bajos, que militan en el Grupo Internacional de Contacto (GIC), que busca una salida negociada en Venezuela. En la política exterior de los dos Fernández, se acordó que la Argentina desactivaría la pertenencia a Lima legada por Mauricio Macri –sin una salida formal para no irritar a la Casa Blanca–, pero que sus esfuerzos se alinearían con los de GIC.

“Cristina no necesita que nadie hable por ella. Eso es algo que demostró sobradamente. Hasta ahora, quienes se quejaron fueron personajes en alguna medida periféricos. Ella no los va a desautorizar, porque forman parte de su sector, pero tampoco esperamos que se refiera críticamente a este tema. Ella sabe que lo que hizo el Gobierno es lo que debía hacer”, le dijo a Letra P una fuente cercana a Solá.

El Frente de Todos atraviesa una crisis de identidad, llamativamente sobre un tema diplomático, que pone en el centro de la escena, como nunca, la relación entre el Presidente y su vice. Por algo el general Juan Perón decía que “la política exterior es la verdadera política”.

(Nota publicada en Letra P).