Velocidad del ajuste y normalización del dólar, ejes de la discusión con el FMI

(Foto: Noticias Argentinas).

Vuelven desde este martes las misiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), una gimnasia que se retomó tras una larga interrupción en 2018, cuando el país solicitó el mayor paquete de financiamiento de la historia del organismo, que dejó una deuda de 44.000 millones de dólares que es inevitable reestructurar. Esta vez llegarán al país para mantener una serie de reuniones con funcionarios, empresarios, economistas y sindicalistas la directora adjunta del Departamento para el Hemisferio Occidental, la estadounidense Julie Kozak, y el jefe de la misión para la Argentina, el venezolano Luis Cubeddu, a quienes se sumará el representante de la entidad en el país, el jamaiquino Trevor Alleyne. ¿Qué planteos traerán? En ese sentido, el análisis de los últimos acuerdos firmados por la entidad y, en particular, el alcanzado con Angola en diciembre de 2018 permite sacar conclusiones relevantes.

Los principales encargados oficiales de llevar adelante los diálogos, de carácter exploratorio –para dar lugar luego a un proceso que llevaría no menos de tres meses–, serán el ministro de Economía, Martín Guzmán, el presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, y el representante ante el FMI, Sergio Chodos, entre otros ministros y funcionarios.

Las proyecciones del Presupuesto 2021 –con especial foco en lo fiscal– y las tensiones en el mercado cambiario –sobre todo en relación con las recientes medidas destinadas a reforzar la posición en reservas del Banco Central– centrarán las conversaciones, en las que el Gobierno apunta a obtener un período de gracia hasta 2024 para comenzar a realizar reembolsos.

Tanto el presidente Alberto Fernández como los funcionarios mencionados preferirían mantener el formato del acuerdo negociado por Mauricio Macri, el de un Stand-by, lo que evitaría asumir condicionalidades sensibles, pero que implicaría plazos de amortización más breves. De no ser posible, sería inevitable enmarcarse en un Programa de Facilidades Extendidas (EFF), que permite extender los pagos en hasta los diez años.

En un reciente informe, Consultatio Plus, concluyó, de hecho, que el formato de un EFF es el más probable y, en ese sentido, comparó los últimos programas de ese tipo cerrados por el Fondo. “Concluimos que necesariamente imprimirá ciertos ejes de ortodoxia en la política económica”, concluyó.

“De los 12 EFF que analizamos, todos incluyen metas de déficit fiscal, ocho imponen un techo [mínimo] a las reservas netas con el objetivo explícito de la liberalización o unificación cambiaria, políticas monetarias contractivas con metas de agregados, etcétera”, señala.

El equilibrio fiscal y el fin de las restricciones cambiarias son objetivos que tanto Fernández como Guzmán mencionan como deseables, por lo que cabe concluir que la puja estará dada por la velocidad de su concreción. Una buena noticia para el Gobierno, de acuerdo con esa consultora, es que “solo dos casos incluyeron una reforma previsional y ninguno una amplia reforma laboral”.

En particular, otro informe de Consultatio Plus hace eje en el caso de Angola, que firmó un EFF con el FMI en diciembre de 2018.

Fuente: Consultatio Plus.

Más allá de diferencias importantes –el PBI de se país es un cuarto que el de la Argentina y su estructura productiva descansa casi enteramente en la producción petrolera–, también hay “similitudes que llaman la atención”, que combinan lo ocurrido en el período en que se generó la crisis argentina, bajo el gobierno de Macri, y la situación presente.

Fuente: Consultatio Plus.

“Durante 2016 y 2017, Angola utilizó el tipo de cambio como ancla nominal mientras experimentaba una expansión fiscal fenomenal financiada por el Banco Central; esto derivó en la necesidad de imponer una serie de restricciones cambiarias que llevaron a la brecha cambiaria a niveles de 150%. Los niveles de deuda, inflación y actividad también son bastante comparables”, señala el trabajo.

En una lección interesante para el futuro próximo de la Argentina, el Programa de Facilidades Extendidas alcanzado por ese país y el FMI “puso como meta acelerar la consolidación fiscal que comenzó en 2018”. 

“El ajuste fiscal se basaría principalmente en contraer el gasto corriente (disminución real de salarios públicos, reducción de planta en áreas no prioritarias y reducción en el consumo de bienes y servicios), así como también una reducción en el gasto de capital. Otro aspecto central del ajuste fiscal fue la eliminación de subsidios”, señala el trabajo.

De acuerdo con los lineamientos del Presupuesto 2021, Guzmán podrá decirle a Kozak, a quien el Gobierno considera una pragmática como su jefa Kristalina Georgieva, que algunos de esos requerimientos ya están en ejecución. La disminución de salarios en el Estado es una realidad en el marco de la recesión y de las restricciones que impone la pandemia. Asimismo, los subsidios al transporte, la luz, el gas y el agua comenzarán a actualizarse –en conjunto– de acuerdo con la inflación.

Hay, con todo, dos diferencias. Una, el gasto de capital es la principal apuesta oficial a la reactivación económica a través de un aumento fuerte de la obra pública. Más de fondo, el objetivo del equilibrio fiscal, establecido antes de la emergencia sanitaria global para 2023, queda para más adelante

Apurar o no ese calendario será seguramente uno de los puntos calientes.


Asimismo, las proyecciones para el año próximo apuntan a un déficit fiscal primario (antes del pago de deudas) del 4,5% del producto y a uno total del 6%. Sin embargo, esos números descansan en el supuesto de que la pandemia cesará tras el primer trimestre y que no habrá que incurrir desde entonces en gastos de emergencia. ¿Serán esos solo los pisos del déficit real?

Volviendo al caso angoleño, el Fondo “impuso un límite de financiamiento anual al Tesoro de 10% de los ingresos corrientes del año previo”, dijo Consultatio. El Gobierno deberá trabajar duramente para reforzar la ya perceptible mejora del mercado de deuda en moneda local, de modo de revertir más velozmente la ecuación con la que Guzmán piensa financiar al Tesoro el año que viene: 40% mediante la emisión de deuda en pesos y 60% con emisión de moneda del Banco Central.

Lo más sensible, sin embargo, vendrá del frente cambiario. Tanto en el EFF como en las revisiones posteriores, el FMI insistió en “liberalizar el mercado y eliminar las prácticas de tipos de cambio múltiples, lo cual implica necesariamente recortar la brecha ‘desde abajo’, es decir un ajuste en el tipo de cambio oficial”.

Guzmán y Pesce dirán que la tarea puede también encararse “desde arriba”, esto es reduciendo la brecha entre el dólar oficial y el paralelo arbitrado en bolsa, en particular el “contado con liquidación”. Sin embargo, la pelea por evitar una devaluación brusca recién comienza y s desenlace se jugará en buena medida en el resultado de las recientes medidas para inducir a los productores y acopiadores de soja a liquidar divisas antes de diciembre.

(Nota publicada en Letra P).