LA QUINTA PATA | Pasar el verano

Las puestas en escena dan cuenta de la mitad de lo que se que comunicar. Que el ministro de Economía, Martín Guzmán, haya aparecido el último jueves rodeado –además de empresarios y funcionarios de Agricultura, Industria y Minería– por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; por la numero dos de este, Cecilia Todesca; por su par de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y por la jefa de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, indicó la voluntad del presidente Alberto Fernández de poner a su disposición todo el capital político posible. La otra mitad está dada por lo que se dice. En ese sentido, una serie de medidas de cuño productivista fue la sazón destinada a tiernizar el corazón del mensaje: la luz de la emergencia cambiaria ya está encendida en rojo intenso y el Gobierno busca, estimulando la liquidación de remantentes de soja, el puente que lo lleve hasta el final del verano, cuando comenzará la nueva temporada de exportaciones, su gran apuesta para fortalecer las reservas del Banco Central, estabilizar la economía e iniciar un despegue. ¿Pero qué pasaría si esas disposiciones no dieran en el blanco y los dueños de los porotos no arrimaran divisas necesarias como el agua, posibilidad a la que muchos ya se resignan off the record en el propio Gobierno. ¿Habría plan B o la megadevaluación a la que algunos apuestan sería inexorable?

La mencionada sazón es importante y probablemente sea injusto dedicarle tal denominación. El problema es que las decisiones que la componen valen para el mediano plazo y que la Argentina sigue sin salir del loop de la emergencia: el país necesita dólares con urgencia para evitar una recaída grave en su larga crisis.

Fuente: Consultatio Plus.

Una crisis cambiaria desataría la tormenta perfecta que ha estado durante meses en el horizonte, lo que comprometería las chances del Frente de Todos en las elecciones de mitad de mandato, la meta de inflación de 29% para 2021 y, con ello, las condiciones de vida de una sociedad ya sometida a niveles de pobreza que la pandemia elevó al escándalo del 40,9%.

Todo vale para esquivarla. El uso de los yuanes del swap cambiario renovado una y otra vez con China para el comercio bilateral restaría una presión nada despreciable sobre las reservas equivalente a entre 600 y 700 millones de dólares cada mes. 

Otra fuente de drenaje de divisas, la voracidad de unos 4 millones de argentinos por el dólar ahorro, venía en alza, al punto que en agosto, mes récord, “las ‘personas humanas’ compraron de forma neta 920 millones, básicamente por billetes para atesoramiento (750 millones) y para gastos efectuados con tarjetas por consumos en el exterior (137 millones)”, dijo el Banco Central en su último informe cambiario. Se sabía que la situación no podía seguir sin definiciones a partir de septiembre y a mediados de ese mes llegó, de hecho, el cepo ultra de tercera generación. Por regulación del Central no debidamente comunicada, los bancos ahora dejan en off-side incluso a quienes hayan cobrado salarios en empresas que se acogieron al Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) y les reclaman la presentación presencial de comprobantes de ingresos a los monotributistas. 

Los cepos tienen efectos secundarios y el Gobierno prescindiría del actual si pudiera. Además de ser más eficaces para impedir el ingreso de divisas que para frenar su salida, atizan las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial, lo que lleva a los importadores a apurar operaciones y pagos, a la vez que estimula a los exportadores a actuar de modo inverso. Así, –recesión mediante– mientras las compras externas se desploman a un ritmo del 20% interanual, los requerimientos de divisas para realizar pagos anticipados suben en esa misma proporción. Por otro lado, los diferentes dueños de la soja se aferraron en todo lo posible a un bien que cotiza en billetes verdes.

Más que denunciar conspiraciones y plantear batallas ideológicas que nunca se ganan, el asunto es encontrar soluciones, algo que el Gobierno intentó con las medidas del jueves, algo dado tanto por lo dicho por Guzmán como por lo que instrumentó el Banco Central.

En el primer grupo están la reducción de las retenciones a la soja en tres puntos porcentuales este mes –declinante a lo largo de los próximos 90 días para que el beneficio sea uniforme y no crezca hacia el final del plazo debido a las minidevaluaciones permanentes del tipo de cambio oficial– y la emisión de un instrumento de deuda en pesos dollar-linked, esto es atada a la evolución de la moneda estadounidense. El mismo, pagadero en pesos, pero en relación con la cotización del dólar, induce a los productores a cambiar el riesgo de mantener sus porotos en silobolsas al aire libre por un instrumento razonablemente seguro y líquido. En la teoría, eso les permitiría estar cubiertos tanto para la renovación de los alquileres de sus campos como para la adquisición de insumos a valor dólar.

Santiago Cafiero, Martín Guzmán, Matías Kulfas y Eva Perón.

Dichas decisiones se acompañaron de otras, a cargo del Central: en la Actualización de los lineamientos de política monetaria, sugirió un incremento de las tasas de interés –que debería traducirse en un premio mayor para las colocaciones en pesos– y una política cambiaria menos previsible, que seguirá basándose en minidevaluaciones periódicas, pero de un modo menos parecido al de una “tablita” como pasaba hasta ahora. 

¿Responderá el complejo sojero? ¿Liquidará stocks?

“El ideal serían 3.000 o 4.000 millones de dólares”, arriesgó el ministro de Agricultura, Luis Basterra, en declaraciones a Radio Con Vos.

Se ve que Basterra se entusiasma en público; en las reuniones con sus colaboradores en Paseo Colón 982, dijo, más medido, que la cifra acaso llegue a 1.000 millones.

Fuentes del complejo sojero consultadas por Letra P calcularon en unos 7.200 millones de dólares la mercadería almacenada en silos y silobolsas y no más de 1.800 millones la que está en poder de acopiadores.

“Liquidaciones va a haber en la medida habitual de esta altura del año. Será la mínima que necesite hacer el productor que empiece a adelantar gastos para la próxima campaña”, le dijo una de esas fuentes a este sitio. “Lo que el Gobierno espera no va a pasar porque no termina de entender que quien retiene está mirando la brecha” entre los tipos de cambio paralelos y el oficial. En criollo: espera una devaluación fuerte de este último.

El edulcorante ofrecido incluyó en la rueda del viernes un aumento del dólar oficial de casi del 2%, casi la pauta de devaluación que se mantenía hasta ahora para todo un mes. Sin embargo, cabe preguntarse si bastará con subir el oficial para que la brecha insidiosa se reduzca.

Fuente: Rava Bursátil.
Fuente: Infodólar.

La Mesa de Enlace ya rechazó la iniciativa oficial. Por sus antecedentes, puede presumirse en ella una disposición política, pero en el sector, en general, prima la idea de que una reducción por un mes de 3 puntos porcentuales de las retenciones a la soja –una mejora del precio del 9%– no es premio suficiente. Más cuando el poroto mantiene una tendencia al alza en los mercados internacionales que, en paralelo a las expectativas cambiarias, también invita a retener.

Fuente: Ámbito Financiero.

Así las cosas, ¿hay plan B a una devaluación brusca? Acaso sí.

Si, raspando el fondo de la olla, algo quedara en el Banco Central, Guzmán podría insistir con una idea defendida antes de la adopción del cepo XXXL por Todesca y, dicen en Economía, por él mismo: el desdoblamiento formal del mercado, con un tipo de cambio oficial – disponible únicamente para el comercio exterior– y con uno financiero o libre, que debería vehiculizar toda la entrada y salida de divisas con fines de atesoramiento, turismo, inversiones o lo que fuera. El final de aquella puja es conocido: a mediados del mes pasado, Fernández le subió el pulgar a la propuesta del titular de la autoridad monetaria, Miguel Pesce, el cepo se cerró más y el mercado respondió con una nueva oleada de desconfianza que incluso provocó un retiro considerable de depósitos en dólares y, consecuentemente, de reservas.

La diferencia del desdoblamiento formal con el esquema actual es que hoy la función del dólar libre la cumplen los tipos de cambio arbitrados en bolsa –los legales “MEP” y “contado con liquidación”– y el blue, calificado por Pesce de “delictivo”. Se supone que la ventaja es que sobre los primeros el Central impone restricciones a la operatoria para reducir la brecha y, con eso, las expectativas de devaluación del oficial, mientras que el segundo es directamente ninguneado. He ahí el problema: la brecha persiste en torno a un peligroso 80%.

En cambio, en un marco de desdoblamiento formal, el cepo dejaría de existir, el dólar libre sería reconocido, su mercado sería más líquido, las operaciones que lo involucrasen deberían quedar registradas y la autoridad monetaria hasta podría influir en su cotización a través de operaciones de compra y venta.

He ahí el plan B: un desdoblamiento formal antes que una devaluación destructiva. La duda es si, llegado el momento, quedan dólares suficientes para aplicarlo.

Ojalá que en abril la vacuna traiga libertad y la nueva temporada sojera, el largamente deseado alivio económico. Por ahora, como habría dicho Álvaro Alsogaray, hay que pasar el verano.

(Nota publicada en Letra P).