Cuando la economía se normalice, la pobreza bajará, pero no a la prepandemia

(Foto: Noticias Argentinas).

La mala noticia era esperada y proyecciones privadas de hace un par de meses la presagiaban todavía peor. De cualquier forma, que el 40,9% de los argentinos (11,68 millones, 30,4% de los hogares) hayan vivido en situación de pobreza en el primer semestre del año es una herida al orgullo nacional erigido en base a una memoria ya demasiado pretérita. Más grave aun: 10,5% (2,9 millones, 8,1% de hogares) son indigentes, ya que no logran costearse una canasta alimentaria.

Los datos asustan, pero la voluntad de encarar de una vez ese drama debe comenzar por aceptar que la normalización de la actividad pospandemia reducirá el índice, pero que lo dejará un escalón por encima de la situación previa y que el piso consolidado ya es demasiado alto. Las posibles soluciones requerirán imaginación, audacia y una dosis importante de consenso político, requisito ajeno a la grieta que tanto entretiene.

Un dato de especial preocupación está dado por el hecho de que el 56,3% de los chicos de hasta 14 años son pobres.

Esa fotografía de la cruel realidad social surge del informe sobre Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos al primer semestre de 2020 realizado por el INDEC. Cabe señalar que la línea de pobreza se define por la capacidad de los hogares de acceder a la canasta básica total y la de indigencia por hacer lo propio con la canasta básica alimentaria.

El Gobierno admitió la dura realidad, aunque la matizó al señalar que, sin su intervención, el trago seguramente habría resultado más amargo. En ese sentido, apuntó a los beneficios que generaron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP). 

Eso es cierto y de hecho, estimaciones privadas de no demasiado tiempo atrás apuntaban a que, pandemia mediante –con una caída del producto bruto interno del 12% estimada para el año y un desempleo que saltó al 13,1%– la pobreza se iba a estacionar directamente en el 50%.

La economista Victoria Giarrizzo, directora del Centro de Economía Regional y Experimental (CERX), le dijo a Letra P que “si la pobreza ya era un gran problema, la pandemia terminó de profundizarlo a niveles que solo se pueden comparar con 2002, el peor hasta ahora de nuestra historia”.

La consultora Ecolatina señaló en su último informe que “al comparar con el primer semestre del año pasado, hallamos distintos potenciales factores detrás del incremento de la pobreza. Por caso, el salto cambiario tras las PASO, seguido de una elevada incertidumbre que impactó en toda la sociedad, parcialmente compensado con una política de ingresos (refuerzos de AUH, mayores aumentos para las jubilaciones mínimas e IFE)”.

“Estimando que la pobreza se habría ubicado en la zona de 34,5% en el primer trimestre de este año, apenas 0,5 punto porcentual por encima de igual período de 2019, podemos asumir que el deterioro de los indicadores sociales refleja plenamente el impacto de la pandemia/cuarentena”, agregó. 

“La imposibilidad de trabajar impactó en mayor medida sobre los ingresos laborales de las familias de menores recursos, que solo vieron parcialmente compensada la pérdida de recursos por el pago de un IFE. En consecuencia, la tasa de pobreza habría superado 47% en el segundo trimestre de 2020”, detalló. 

“La pobreza afecta incluso a trabajadores ocupados y a empleadores. Se estima que el 25% de los primeros son pobres, así como el 12% de los segundos. Eso refleja la precariedad del mercado laboral, la marginalidad en la que trabaja la mitad de la población y las notorias falencias en las políticas económicas y sociales que se aplicaron en la Argentina en los últimos 40 años”, sumó Giarrizzo.

“Combatir la pobreza hasta ahora fue una batalla perdida para la Argentina. Con crecimiento y sin crecimiento, millones de personas vivieron y viven sin los ingresos necesarios para cubrir sus necesidades básicas. Hasta en los mejores años de las ultimas tres décadas, la pobreza estuvo presente opacando el bienestar”, señaló la directora del CERX. 

En este sentido, el último informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP), elaborado por Agustina Haimovich, Ana Rameri y el director del Banco Nación Claudio Lozano, trazó una evolución de largo plazo de la pobreza y la indigencia, demostrando que las políticas redistributivas lograron mejorar esos indicadores pero sin perforar nunca un nuevo y elevado piso.

Fuente: IPYPP en base a EPH-INDEC.

¿Hay salida a este panorama? Por supuesto, pero dar con un diagnóstico correcto es fundamental para encontrarla. Y, al respecto, las diferencias de mirada persisten.

Según el IPYPP, “lo curioso es que, en este marco, el Gobierno haya descartado la alternativa de garantizar ingresos al conjunto de la población por la vía de transferencias universales, ya que incluso de producirse una eventual salida de la pandemia, el problema sanitario terminaría, pero la pobreza quedará. Es preocupante que en el proyecto de ley del Presupuesto para la Administración Pública Nacional de 2021 se asuma la detracción de los refuerzos brindados por el covid-19“.

En ese sentido, los autores del informe comparan críticamente el esfuerzo fiscal asumido por la Argentina en la emergencia sanitaria en relación con el resto del mundo.

Fuente: IPYPP.

Sin embargo, parte central del programa económico del ministro Martín Guzmán descansa en la premisa de avanzar –gradualmente y evitando ajustes bruscos– hacia un equilibrio fiscal, algo que ocurriría más allá de 2023 y sería necesario para crear las condiciones que permitan refinanciar los vencimientos fijados en la reciente negociación de la deuda pública. Eso hizo que la idea de un ingreso básico universal, enarbolada por sectores del Frente de Todos, quedara definitivamente descartada.

Dadas como están las cartas, la situación mejorará cuando pase la emergencia sanitaria, pero no en la medida de las necesidades.

De acuerdo con los economistas de Ecolatina, “el relajamiento de jure y de facto de la cuarentena permitirá que más personas vuelvan a su fuente laboral, recomponiendo sus ingresos para hacer frente a la aceleración de la inflación. Asimismo, la continuidad del IFE posibilitará a más familias salir de la pobreza en tanto sus miembros vuelvan a ocuparse, aunque sea bajo la informalidad o como cuentapropistas”. 

“Sin embargo, la reversión no será total. El rebote de la economía luego del piso de abril parece haberse diluido, la situación sanitaria está lejos de ser controlada (especialmente en el interior del país) y el creciente riesgo cambiario jaquea la recuperación de la economía”, agregó.

Para Victoria Giarrizzo, “resolver el problema de la pobreza necesita de muchos años de estabilidad, tanto económica como política. Fomentar un sector productivo que pueda invertir, exportar, crear empleo de calidad y generar riqueza”.

“Requiere además mejorar la calidad de la educación y la salud, para que las personas más desfavorecidas acedan a capacitación y condiciones saludables para insertarse en un sector productivo mas dinámico”, añadió.

Para la economista, “terminar con la pobreza es un camino largo, en el que sería fundamental que los gobiernos que se sucedan puedan marcar su impronta y corregir errores, pero continuando lo que comenzó el anterior. Si no, va a ser imposible”.

Queda ya poco espacio real para las grietas inconducentes.

(Nota publicada en Letra P).