La recuperación de la economía pide a gritos el combustible del consumo

(Foto: Noticias Argentinas).

Pese al aumento de los casos y la diseminación del nuevo coronavirus por buena parte del país, la actividad económica permanece en proceso de apertura, aunque sujeta a protocolos y restricciones en muchas actividades. En ese contexto, experimenta una recuperación mes a mes que, si bien no logra –ni por lejos– revertir la declinación histórica de abril –cuando la cuarentena fue más drástica–, marca el tono de lo esperable a mediano plazo. Julio, con el refuerzo de un aislamiento social acatado solo parcialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), resultó un tropiezo en ese camino, el que, para afianzarse necesitaría que el Gobierno logre despejar una serie de incertidumbres y que vuelva a poner en marcha la rueda del consumo. 

De acuerdo con el Estimador mensual de actividad económica (EMAE) de julio, difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos INDEC), después del desplome de la actividad en abril, esta fue recuperándose en mayo (9,5% con respecto al mes precedente), en junio (7,5%) y en julio, aunque en mucha menor medida: 1,1%

El EMAE constituye un anticipo estadístico de los datos oficiales de producto bruto interno (PBI) y su evolución mensual marca el ritmo de la esperada recuperación de la economía.

“Durante julio, el Estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró una contracción de 13,2% en la comparación interanual”, dijo el INDEC. En los primeros siete meses del año el EMAE acumuló una caída de 12,6% con relación al mismo período de 2019. En la medición de la serie desestacionalizada, el EMAE de julio mostró un incremento de 1,1% con relación al mes anterior y siguió recuperando parte de la retracción acumulada en el período marzo-abril”, añadió.

“Con excepción de Intermediación financiera (2,9%) y Electricidad, gas y agua (4,4%), el resto de los sectores registró caídas en julio con respecto al mismo mes de 2019. Los sectores Pesca (-67,1%), Hoteles y restaurantes (-65,4%) y Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales (-60,3%) fueron los de mayor caída interanual”, detalló.

¿Qué explica el tropiezo de julio?

El economista Gustavo Reija recordó en dialogo con Letra P que “la desaceleración intermensual que se observó en julio obedece, entre otras cuestiones, al endurecimiento de las restricciones a la movilidad que rigió en los primeros 15 días de ese mes. Era esperable que se observara ese efecto”.

“El EMAE de agosto mostrará una recuperación de estos valores. Sin embargo, se observa, no solo en nuestro país sino en todo el mundo, que las curvas de recuperación de la actividad se asemejan a una raíz cuadrada, con una estabilización (del nivel de actividad) a un nivel menor al anterior de la pandemia”, completó.

De acuerdo con Reija, “de hecho China, el país que va indicando el camino, muestra esta forma de recuperación y los países europeos siguen la misma trayectoria. En nuestro país, además de los efectos de la pandemia, la recuperación está condicionada por la inestabilidad macroeconómica y por las incertidumbres acerca de la evolución de las variables clave en el corto plazo”.

En ese contexto, el especialista dijo que mantiene la previsión de una caída del producto de alrededor del 13% para todo 2020. El dato es levemente más pesimista que el promedio de proyecciones privadas de recesión que surge del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de agosto presentado por el Banco Central.

Para que los brotes sean más verdes, un rasgo que se echa en falta es la recuperación del consumo, variable que da cuenta de dos tercios del PBI nacional. En ese sentido, el gobierno de Alberto Fernández busca cebar ese motor a través de mejoras salariales en sectores de referencia del sector privado y también en el Estado.

“En términos de consumo y en lo que respecta a los asalariados, todavía falta mucho, ya que a la natural caída provocada por el temor a la pandemia se suma la falta de recomposición en muchos sectores laborales que ven una retracción, en términos reales (descontada la inflación), de sus ingresos”, explicó Reija. Asimismo, “en el caso de comerciantes, monotributistas y actores de la economía en negro, la situación es más compleja y la recuperación tardará todavía más”, añadió.

Sin embargo, el simple expediente al otorgamiento de fuertes incrementos salariales no es opción porque el Gobierno se ha dado la obligación de trazar un sendero de reducción del déficit fiscal. Eso supone, según muchos analistas del sector privado, también un posible límite a la ambiciosa pauta de incremento del gasto en obra pública que surge del Presupuesto 2021, en especial si la necesidad de asistencia económica por efecto de la pandemia se extiende entrado el próximo año.

Gustavo Reija apunta, asimismo, a otro factor central de la coyuntura: la necesidad de enviar señales que tranquilicen las turbulencias en el mercado financiero, en general, y cambiario, en particular.

La destrucción de valor de los bonos reestructurados es una señal de alarma y coincide con la pérdida de valor de la cotización de las acciones de empresas argentinas en Neva York”, dijo.

“Enmendar los errores cometidos con las últimas medidas cambiarias, recuperar confianza, mostrar avances hacia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y convergencia hacia equilibrio fiscal serían señales indispensables para consolidar recuperación en último trimestre de este año complejo”, cerró.

(Nota publicada en Letra P).