Grieta sobre grieta: oficialismo y oposición recrean un 2015 extemporáneo

El gobernador Axel Kicillof reapareció este jueves como una suerte de Papá Noel en una Navidad anticipada. En buena hora. Pudo recuperar la voz –es decir que encontró algo para anunciar al raspar el fondo de la olla de un distrito crónicamente desfinanciado– después de que el presidente Alberto Fernández hubo encontrado los recursos para atender el reclamo salarial de los policías rebeldes. La posibilidad de una solución provino de una sola movida, una que le restó fondos a la Ciudad de Buenos Aires para entregárselos a la Provincia. Una que, en lo político, galvaniza a oficialismo y oposición, cada uno en su trinchera, y los ubica en un estado de la grieta que parece un retorno al 2015 de las posiciones rabiosas. Lo curioso es que este clima agónico se desata cuando hay un gobierno nuevo, al revés de entonces, cuando se daba la posibilidad de dirimirlo electoralmente. 

Muchos análisis insisten con la influencia de Cristina Kirchner sobre el presidente. Ignoran en qué medida el Alberto Fernández acosado –hasta físicamente– de estos días impone, paradójicamente, el poder de su lapicera, por lo pronto sacándole las papas del fuego a la principal germinación del kirchnerismo. El trastorno obsesivo compulsivo con la vicepresidenta oscurece para algunos el modo en que, a la corta o a la larga, el sistema presidencialista aplica su lógica.

“Le mandé un mensaje de texto a Horacio (Rodríguez Larreta), diciéndole ‘quedate tranquilo, vamos a resolver este problema de otro modo. Esto es lo que te dije que íbamos a hacer, pero no tenés que intraquilzarte’. Yo no lo hice para intranquilizar ni jorobar a nadie”, dijo el presidente este jueves en una entrevista en Radio con Vos.

La decisión de hacer cruzar unos $30.000 millones a través de la avenida General Paz, anticipada ya en mayo por Letra P y precisada en la letra chica de la negociación y las compensaciones posibles a principios de este mes por los periodistas Gabriela Pepe y Gonzalo Palese, reflotó la política de la batería de cocina en los barrios porteños más acomodados y digitalizó en la era de las redes sociales el viejo conflicto de unitarios y federales.

“Cuando Jorge Macri me dijo que no estaba enterado de nada de lo que iba a anunciar, me disculpé. Pueden preguntárselo a él. Fueron todos invitados porque son parte del plan. Con toda franqueza, no cambiaba el escenario si había cinco intendentes más o menos. Tampoco está en mi ánimo lastimar, complicar a Rodríguez Larreta”, añadió el jefe de Estado.

El tema, hay que reconocerlo, le cae como anillo al dedo a los exaltados de siempre: plata por plata que va y que viene, decreto por decreto. He ahí una de las claves del problema de fondo.

La Argentina ha perdido institucionalidad de modo progresivo y ya urge revisar la mecánica de las facultades legislativas que ha asumido al Poder Ejecutivo.

El esquema había quedado expuesto recientemente, cuando Fernández declaró a las telecomunicaciones como un “servicio público esencial” a través de un decreto de necesidad y urgencia (DNU). El mismo derogó un DNU de Mauricio Macri que antes había borrado porque sí las partes de la llamada “ley de medios” que limitaban al grupo Clarín. Ley, reforma por decreto, reforma del decreto por decreto. Un país increíble.

Ahora pasó lo mismo, pero de modo más absurdo aun, porque involucró decretos simples.

A la irreformable ley de coparticipación, Macri le agregó, a modo de adenda, el decreto 257/2018, que pasó el porcentaje de coparticipación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires del 1,4% al 3,75%. El argumento fue entregar los recursos correspondientes al traspaso de las funciones de seguridad; el fondo, amurallar el bastión electoral propio.

Alberto Fernández no hizo más que seguir el camino de regreso: decreto, manotazo, argumentos basados en la seguridad y consolidación de territorio amigo. A tuitear con pasión, muchachos y muchachas.

En medio del ruido ensordecedor, lo urgente se impone a lo importante, se deja de hablar del fuego de la pandemia y hasta se pasa por alto que el tema del momento es el árbol que tapa el bosque: lo grave es que se empiezan a quitar la ropa las crisis superpuestas de la Argentina, la previa al covid-19 y la que este empeorará.

Todas las calamidades empiezan afectando a sus eslabones más débiles. Primero aparecieron en escena los desheredados que salieron a tomar tierras; luego los policías bonaerenses a quienes se les ordena desalojarlos. ¿Los efectivos, esos hombres y mujeres armados que rodearon las residencias de Kicillof y Fernández, son eslabones débiles? En términos socioeconómicos, sí. Eso es lo que los hace más peligrosos.

¿Hay manera de salir de esta grieta recargada, extemporánea, que embeleza a los convencidos, pero que deja sin futuro al país? Sí: a través del consenso, esa palabra adocenada. El detalle es que no hay juego posible cuando todos los jugadores hacen trampa.

El aviso presidencial de un hecho consumado a Rodríguez Larreta, consumado en el estribo, no ayuda. Tampoco convocar a intendentes opositores a un acto de tono supuestamente institucional para imponerlos en vivo de la novedad, lo que los dejó por un momento como cómplices ante la tropa propia. Las disculpas siempre llegan tarde.

Tampoco ayuda en nada la morosidad de una oposición que esperó largas horas antes de caer en la cuenta de que el bullying armado de los policías sobre el Presidente y el gobernador era inaceptable. A la voz de aura, cuando el escándalo ya estaba plenamente instalado y hasta surgían iniciativas de movimientos sociales de marchar a Olivos, algunos referentes salieron recién a la tarde con una catarata de tuits que, en muchos casos, enterraban su respaldo a la democracia bajo una montaña de peros. Además, no fueron todos. “Felicitaciones a Clarín y a todo su equipo por 75 años de trayectoria periodística profesional e independiente”, dice el último tuit de Mauricio el silente, posteado el 28 de agosto. Elisa Carrió, en tanto, se olvidó por un instante de “la república” y se limitó a señalar cuánto extraña a María Eugenia Vidal.

Fue una tarde de saudades: muchos extrañaron la otrora potente voz institucionalista de la Unión Cívica Radical.

El futuro es difícil si quien gobierna dialoga poco y quienes deberían sentarse al otro lado de la mesa ni siquiera entran al salón. 

La Argentina es un eterno Juego de la Oca: siempre vuelve al casillero de salida.

(Nota publicada en Letra P).