Con sus indultos, Maduro divide más a la oposición (e intriga a la Argentina)

(Foto: Reuters).

El Gobierno argentino saludó la decisión del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de indultar a más de cien opositores presos, pero la expectativa de que el gesto sea el inicio de una distensión política en ese país parece lejos de concretarse.

“Valoramos el indulto del Gobierno de Venezuela a 110 personas, entre ellas políticos encarcelados. Subrayamos la necesidad de colaborar para que los venezolanos puedan solucionar sus problemas mediante la convivencia, el diálogo y la paz”, dijo el canciller Felipe Solá en Twitter.

Su reacción estuvo en línea con la de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. Para evitar un posicionamiento que cierre la puerta a alguna eventual gestión mediadora, ambos optaron por usar la fórmula “políticos encarcelados” en lugar de la de “presos políticos”, a la que adhieren los países de la región que siguen la postura dura de Estados Unidos.

La Argentina pasó a formar a mediados de agosto parte del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela (GIC), que busca una salida negociada que termine con los excesos del chavismo y las violaciones a los derechos humanos pero, a la vez, ponga freno a las sanciones impuestas por Washington y al continuo temor a una intervención militar.

La coordinación con entre el Palacio San Martín y el GIC –en el que participan la Unión Europea, España, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, Suecia, Reino Unido, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Panamá y Uruguay–  se realiza en buena medida a través del vínculo con el español Josep Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Ni el Gobierno argentino ni el GIC se arrogan ninguna participación en las liberaciones dispuestas por el régimen chavista.

El Gobierno de Alberto Fernández, que, a pedido de Donald Trump no puso fin pero sí congeló su participación en el bando de los halcones nucleados en el Grupo de Lima, pretende que las elecciones legislativas del 6 de diciembre sean el inicio de una solución. Con todo, a la espera de cuáles serán las condiciones en las que se desarrollará, la Argentina aún no tiene una posición tomada respecto de su reconocimiento.

El líder de la oposición antichavista más dura, proclamado “presidente encargado” por la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, refutó la explicación de Maduro –que aseguró querer iniciar un proceso de “diálogo profundo”– y consideró los indultos una “trampa” destinada a dividir más a la oposición.

“Vaya nuestro abrazo para los familiares de quienes han sido liberados. Comparto el sentimiento que tienen ustedes y sus familias”, dijo en Twitter. Sin embargo, aclaró que en la lista de los excarcelados “no hay ni un solo policía ni militar, y todavía existen cientos de presos políticos tras las rejas de la dictadura que debemos liberar. La puerta giratoria, en la que entran unos y salen otros, solo parará cuando salgamos de la dictadura”.

El anuncio oficial intenta “legitimar la farsa” electoral de diciembre, una “trampa” en la que –prometió– “no vamos a caer”.

Para la oposición más dura, el indulto, en tanto perdón de un delito, es una figura improcedente para resolver la situación de personas que considera injustamente privadas de su libertad.

En la lista de beneficiados aparecen Roberto Marrero, un hombre allegado a Guaidó, y varios diputados. Uno de ellos es el líder de la socialdemócrata Acción Democrática, Henry Ramos Allup, y otro es Freddy Guevara, hombre de Guaidó que ha estado recluido desde noviembre de 2017 en la embajada chilena en Venezuela.

Guaidó, objeto de varios procesos, no es parte del indulto masivo.

Así las cosas, el antichavismo radical mantiene su postura de boicotear los comicios, al revés de lo que plantean sectores más moderados, entre los que se cuenta en el excandidato presidencial Henrique Capriles.

Luis Vicente León, uno de los más destacados analistas políticos venezolanos y titular de la consultora Datanálisis, le dijo a Ámbito desde Caracas que “mi primera reacción ante la decisión de liberar presos políticos es celebrar y presionar por la de todos a quienes se les violentan sus derechos”.

Sin embargo, estimó que “sería ridículo pensar que no hay un cálculo político” detrás de la medida. “Algunos creen que se trata de ceder a la presión internacional y que es una muestra de debilidad, pero tiendo a pensar que es un movimiento que busca hacer más potable una elección parlamentaria controlada por el Gobierno y a la cual Maduro quiere darle más validez frente a sus propio mercado político, agregando, de carambola, un puntillazo en la fractura de la oposición”.

En ese sentido, detectó dos posturas principales en el antichavismo, la de los que impulsan la abstención electoral, que atribuyó a “quienes controlan el liderazgo opositor”, y la de aquellos que, como Capriles, prefieren “participar en la elección, pese a que no es democrática” para dar lugar a un renacimiento de la movilización opositora.

Luis Vicente León encuentra al sector más radical prisionero de una estrategia basada en el congelamiento de activos del Gobierno en el exterior y, en lo que califica como “un plan B surrealista”, en el supuesto de una intervención extranjera, “una quimera que solo vive en el deseo de quienes la promueven”.

La participación electoral como modo de replantear la estrategia opositora es, para el analista, “de acuerdo a la teoría política y a la evidencia empírica, la opción más racional, pero se enfrenta a bloqueadores que parecen infranqueables: una división irresoluble, el rechazo de Estados Unidos, la desconfianza de la población y una apatía generalizada”.

“Todo luce negro, pero los escenarios son dinámicos y, al menos, los eventos recientes vuelven a poner el juego en movimiento, lo que siempre es el caldo de cultivo para la creatividad”, remató León.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).