La amenaza de Trump de rechazar el resultado electoral toca el hueso institucional de EE.UU.

“Tengo que ver. Mire… tengo que ver. No voy a decir simplemente ‘sí’ o ‘no’. Es lo que hice la última vez”. Con esas frases atropelladas, bien en su estilo y dichas en una entrevista en Fox, su canal amigo, Donald Trump puso patas para arriba a los Estados Unidos como pocas veces. Dejó así flotando la duda de si reconocería una eventual derrota en las elecciones del 3 de noviembre, escenario que las encuestas, al menos hoy, abren. Al no brindar garantías, sin embargo, y al hablar de un posible fraude, tiñó de sospechas el proceso que es la base de la institucionalidad norteamericana y socavó el sentimiento de superioridad que es parte fundamental del inconsciente colectivo en ese país. Hagamos grande de nuevo a Estados Unidos…

Desde que habló el domingo, el opositor Partido Demócrata se puso en pie de guerra y los analistas anticiparon escenarios de pesadilla. Uno, que Trump se imponga por estrecho margen en los estados clave para el Colegio Electoral en la votación presencial, pero que termine por perder cuando, días después, se cuenten los sufragios que se envían por correo, el centro de sus denuncias sin prueba. Dos, que la competencia con Joe Biden coincida con un eventual rebrote del nuevo coronavirus –entonces volverá a hacer frío y difícilmente la vacuna esté disponible–, lo que condicionaría el proceso. Si algo de eso ocurriera y todo dependiera de las reacciones de un político silvestre como el magnate, Estados Unidos se dirigiría a una crisis constitucional segura.

En el promedio de encuestas que realiza Real Clear Politics, Biden sigue al frente, superando a Trump por 8,7 puntos porcentuales. Si se hila más fino y se bucea en los estados oscilantes, fundamentales para el Colegio Electoral, se ve que el liderazgo del demócrata se estrecha, lo que podría confluir en uno de los mencionados estados de pesadilla.

Siempre según ese sitio, la ventaja del opositor es amplia, 7 puntos, en Florida, un estado de vasta población anciana donde la pandemia está haciendo estragos. Ayer registró un récord de 173 muertes, lo que llevó el total a 5.518, un 46% de ellos residentes o personal de geriátricos. No es casual que la factura para el presidente desaprensivo sea mayor allí que en otros territorios decisivos.

Algo más apretadas están las cosas en Pennsylvania (6,6 puntos, siempre a favor de Biden) y en Wisconsin (6), pero especialmente en Arizona (2,8) y Carolina del Norte (2).

Desde que llegó al poder en enero de 2017, Trump vulneró todos los límites éticos, políticos, institucionales y diplomáticos, lo que llevó al mundo, y a parte importante de los propios estadounidenses, a preguntarse sobre la verdadera calidad de una democracia que, acaso, había estado sobrevalorada por demasiado tiempo.

Las interpretaciones, con todo, dan para cada gusto. Por un lado, el presidente que se ha negado a presentar sus declaraciones juradas de impuestos, que ha ocultado escándalos, que ha obstruido a la Justicia, que se ha visto involucrado en una trama de injerencia externa en su favor en la campaña pasada, que ha mentido, que ha insultado, que ha discriminado y que ha presionado de modo inédito a instituciones como la Reserva Federal llegará, todo lo indica, al final de su mandato y nada asegura que no obtenga la reelección. Por el otro, puede afirmarse que ese sistema, aun golpeado, ha resistido los embates debido, justamente, a su robustez.

¿Por qué Trump pone en duda la limpieza de los comicios? La teoría del fraude contra el oficialismo era hasta hoy una especie exótica solo conocida en la Argentina de 2019.

Básicamente porque está en problemas. La economía rebota desde su piso de la pandemia, la que él desestimó justamente para no perder terreno en la carrera electoral; poner el cuerpo y salvar vidas no pasó por su mente como un modo de sacar partido. Sin embargo, faltan poco más de tres meses para los comicios y el desempleo sigue por encima de lo deseable, con 1,4 millones de subsidios nuevos pedidos en la última semana, una cifra superior a la proyectada por el mercado.

Ya en 2016 Trump había puesto en duda su reconocimiento del resultado, un intento de mantener movilizada a su base de ultraderecha, cuya participación es fundamental en un país en el que el sufragio es optativo. Hoy repite aquella operación.

Hay que recordar que perdió en voto popular frente a Hillary Clinton –lo que, afirma, fue parte de un primer fraude–, aunque la distribución regional más eficaz de sus apoyos le permitió ganar los estados cruciales y hacerse con la mayoría de Colegio Electoral.

Mostrarse en peligro para alentar a participar a los convencidos y socavar la fe en el sistema de los apáticos –y poco confiables– es su receta para sobrevivir a la adversidad y aprovechar los atajos de un sistema basado en la despolitización general y el voto optativo e intermediado. Curioso populismo el suyo.

La polémica, al menos, sacude la modorra. No deja de tener cierto color que el presidente se haya vanagloriado –en Fox, ¿dónde si no?– de haber salido airoso de un examen cognitivo.

Según contó, le dijeron y debía repetir la frase “persona, mujer, hombre, cámara, televisión”. Lo logró y en orden, lo que le dio “puntos extra”.

«Después, diez minutos, quince o veinte minutos después te dicen: ‘¿Se acuerda de esa pregunta? Repítala». «Y entonces decís: ‘persona, mujer, hombre, cámara, televisión’».

«Las últimas preguntas son mucho más difíciles”, agregó, no sin aclarar que hay que estar a la altura de hombres “fuertes” como el chino Xi Jinping, el ruso Vladímir Putin y el turco Recep Tayyip Erdogan. Joe (Biden) debería hacer ese test porque algo está pasando, y lo digo con respecto”, azuzó a su rival.

No puede decirse que esta puja peculiar entre él, un hombre de 74 años, y Biden, de 77, carezca de adrenalina.

(Nota publicada en Ámbito Financiero).