LA QUINTA PATA | Jorge Argüello: “Sin un salto exportador, Argentina seguirá en un circuito sin salida”

Es difícil exagerar la importancia de Jorge Argüello en el dispositivo diplomático nacional. En las quinielas previas a la formación del gabinete de su amigo Alberto Fernández se lo mencionaba como posible canciller. Ese cargo, como se sabe, recayó en Felipe Solá, pero a aquel se le reservó un rol clave: la embajada en Estados Unidos y la coordinación de las representaciones ante los organismos internacionales con sede en Washington: la ONU, la OEA, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Las primeras tareas fueron generar una corriente de confianza en la Casa Blanca y recabar apoyo para la renegociación de la deuda. “La instrucción que tenemos del Presidente es clara y única: agotar las instancias para evitar el default y lograr un acuerdo sustentable con los acreedores… salvo que no sea posible”, le dijo a Letra P desde Estados Unidos, en el marco de una entrevista por videoconferencia.

Con ese tema encaminado hacia su desenlace, la gestión se enfoca ahora en la apertura de oportunidades de negocios, algo complejo en un contexto de pandemia, recesión global e incertidumbre, coyuntura que Argüello define como una navegación “con brújulas antiguas en un mar no cartografiado”.

“Necesitamos mejorar la penetración de productos nacionales en este mercado”, añadió en el diálogo, en el que se explayó sobre la relación con Donald Trump y el nuevo escenario global.

BIO. Peronista de la Ciudad de Buenos Aires y amigo de Alberto Fernández, Jorge Argüello tiene en su haber una carrera académica, política y diplomática con varios puestos de responsabilidad. Fue representante argentino ante las Naciones Unidas (2007-2011) y embajador en EE.UU (2011-2013) y Portugal (2013- 2015). En febrero retomó la representación en Washington, a lo que suma la coordinación de las representaciones ante la ONU, la OEA, el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Es también sherpa presidencial en el G-20. Está casado y tiene cuatro hijos.

–Tras la elección de Alberto Fernández le tocó despejar posibles desconfianzas con Donald Trump y buscar respaldo a la renegociación de la deuda. Sin embargo, la visita del Presidente a Washington no se produjo. ¿La única causa de eso es la pandemia o persisten los recelos?

–Es todo un dato que el Presidente me haya designado embajador inmediatamente después de haber asumido y que a los pocos días ya me haya hecho cargo de la función. Todo eso indica la voluntad de llegar a la relación más madura. La calidad de la relación bilateral es muy buena, normal, y tenemos mucha comunicación en los andariveles más diversos.

–La agenda bilateral estuvo fuertemente cruzada en el inicio por la cuestión de la deuda. En caminada esa negociación, ¿cuáles son los principales focos de interés de la Argentina?

–Trabajamos muy concentradamente en la detección de las nuevas posibilidades en el marco de la eventual “nueva normalidad” (NdR: posterior al COVID-19). La crisis y la recesión producto de la pandemia nos obligará a utilizar la creatividad, la imaginación y la fluidez del diálogo en procura de una convergencia de intereses en lo que se llama una win-win situation, es decir un resultado en el que todas las partes ganan.

–El trabajo inicial para allanar la negociación de la deuda con los acreedores extranjeros parece cerca de concluir. ¿Será con un acuerdo?

–Desde que asumí en febrero mis funciones en Washington, un honor que me toca por segunda vez, esa cuestión estuvo presente todo el tiempo. Heredamos una deuda de pago imposible en los términos originales. Por lo tanto, la primera acción de esta embajada pasó por explicar, no solo al gobierno de Estados Unidos sino también a los organismos multilaterales, el contexto y las limitaciones objetivas. Junto a los representantes ante el Fondo Monetario Internacional hemos ido logrando que se comprendan las circunstancias. La sustentabilidad de la deuda, ese concepto que tanto se menciona, se vincula con la posibilidad de que el país pueda cumplir con aquello a lo que se compromete. Se comenzó por negociar con los acreedores privados (NdR: de títulos emitidos bajo ley extranjera) bajo la conducción del ministro Martín Guzmán y se acerca al momento de las definiciones. La instrucción que tenemos del Presidente es clara y única: agotar las instancias para evitar el default y lograr un acuerdo sustentable con los acreedores… salvo que no sea posible.

“Hace dos semanas recibí en la embajada al secretario de Comercio, Wilbur Ross. Como resultado de eso, nuestros equipos ya están trabajando sobre la agenda para la pospandemia”. (Jorge Argüello)

–Más allá de la deuda, hay toda una agenda con Estados Unidos vinculada a la promoción del comercio. ¿En qué medida el período pospandemia puede complicar ese objetivo?

–Todos los países navegan hoy con brújulas antiguas en un mar aún no cartografiado. La realidad cambió y los países, organismos multilaterales y organizaciones varias deberán adecuarse a ella. La nueva situación presenta múltiples oportunidades ante las cuales hay que estar abiertos. Le doy un ejemplo: la Argentina acaba de multiplicar de manera muy importante sus exportaciones de carne a Estados Unidos porque el COVID-19 afectó mucho las plantas frigoríficas de este país, que tuvieron que cerrar. Eso fue posible dado que había un excedente por el achicamiento del mercado de China, pero sobre todo gracias a un reconocimiento rápido de esa realidad. Otro: el Gobierno argentino envió el miércoles al Congreso un proyecto de ley para subir las multas a los infractores de pesca. En este tema tenemos una agenda convergente con Estados Unidos porque los dos países trabajamos en pos de la eliminación de los subsidios que promueven la pesca ilegal. Se trata de descubrir nichos de oportunidad y de trabajar sobre ellos.

–Todo esto es parte de diálogos directos, se supone.

–Hace dos semanas recibí en la embajada para un almuerzo de trabajo al secretario de Comercio, Wilbur Ross. En el encuentro repasamos las alternativas del mercado internacional y de la relación bilateral en función de los objetivos de los dos países, que pasan por incrementar las exportaciones, algo que requiere de acuerdos y sistemas de compensación. Como resultado de eso, nuestros equipos ya están trabajando sobre la agenda que se acordó para la pospandemia.

–Más allá de las reuniones de alto nivel, ¿cómo es el trabajo cotidiano en la embajada para abrir puertas en el gobierno y en el sector privado?

–Hoy, básicamente pasa por estar sentado frente a una pantalla porque las reuniones físicas se limitan a las imprescindibles. En semanas pasadas organizamos dos encuentros con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, una entidad muy poderosa. En el primero, el expositor fue el ministro Guzmán, que después dialogó con los participantes, representantes de 985 compañías. Diez días después hubo otra presentación, a cargo del canciller Solá, también ante un grupo de empresas muy importante. Fuera de eso se buscan también otras herramientas, como el asesoramiento de consultores locales, del mismo modo que lo hace la mayoría de los países de América Latina. Uno de ellos es Arnold & Porter, donde el hombre más conocido es un viejo amigo de la Argentina, Thomas Shannon, quien fue funcionario durante muchos años y ahora asesora al gobierno argentino junto a la consultora Glover Park Group. Si no es capaz de dar un salto en su capacidad exportadora, la Argentina seguirá encerrada en un circuito sin salida.

–En el marco de esa búsqueda, ¿la relación con Estados Unidos es compatible con una también importante con China o los enfrentamientos entre ambos países imponen un obstáculo?

–El presidente Fernández tomó la decisión de no caer en el falso dilema de optar entre Estados Unidos y China. Tenemos muchas y muy fructíferas relaciones con los dos y no vemos ninguna razón para cambiar eso. Estados Unidos es desde 2012 el principal inversor en la Argentina, mientras que el comercio con China es muy importante. ¿Sería razonable anular a uno para privilegiar al otro? No, todo lo contrario. Necesitamos más comercio con más actores, independientemente de la intensidad de la competencia que exista entre ellos. No puede haber una limitación ideológica en la búsqueda del bienestar y el crecimiento de nuestro país.

(Nota publicada en Letra P).