La industria de Brasil se planta y reclama a Bolsonaro que no deje el Mercosur

(Foto: Noticias Argentinas).

En varios sentidos, el Brasil de hoy es dos países en uno. En lo social, como siempre, por las profundas diferencias que los gobiernos del Partido de los Trabajadores suavizaron pero no eliminaron. En lo político, dada la instalación brutal de la grieta desde, al menos, el proceso de destitución de Dilma Rousseff, profundizado por el fenómeno Bolsonaro y la emergencia de un factor ultraderechista del que casi nadie tenía registro. Y también en lo productivo, con un complejo agrícola e industrial supercompetitivo, que quiere liberarse de un Mercosur que siente como un corset, y con el resto del tejido empresarial, que necesita del bloque para seguir existiendo. Es en este contexto que la industria brasileña sale al cruce de crecientes rumores e indicios de un abandono, ya sea de jure o de facto, y advierte a su gobierno que no tome una decisión que podría resultar ruinosa para el futuro del país.

En medio de los intentos argentinos de evitar una apertura indiscriminada del proyecto a nuevos socios capaces de arrasarlo, una acción de pronóstico por ahora reservado, la Confederação Nacional da Indústria (CNI) elaboró un informe que lleva un título sugestivo: Impactos jurídicos de la salida de Brasil del Mercosur. El mismo fundamenta a lo largo de 82 detalladas páginas una mirada crítica sobre “una posible flexibilización o hasta salida de Brasil del Mercosur (que) debe ser bien estudiada por el gobierno y por el sector empresarial. Tal cautela es necesaria si se tiene en cuenta la complejidad de un proceso de esa naturaleza en términos de tiempo, normas que dejarían de regir, acuerdos que deberían ser renegociados y, principalmente, potenciales impactos económicos”. La impugnación, se ve, va bastante más allá de los problemas jurídicos.

La CNI es, como su nombre lo indica, una confederación que reúne a las entidades industriales de los 27 estados de Brasil y de su distrito federal, Brasilia. En tal condición, la necesidad de hacer equilibrio entre sus componentes más eficientes y globalizados, como el de San Pablo, y el resto, más dependiente del bloque regional, hace que sus posicionamientos resulten a veces sinuosos. Si bien en general prima en ella la defensa de un Mercosur fuerte, tal como lo entiende la Argentina y constituido como una unión aduanera que debe negociar en conjunto acuerdos de libre comercio con países o bloques extrazona, otras veces se hace eco de la corriente más liberal y manifiesta, por caso, su respaldo a un tratado con Estados Unidos que resultaría incompatible con el proyecto original.

El canciller Felipe Solá y el presidente Alberto Fernández buscan vencer la resistencia de Brasil a un retorno del Mercosur a su proyecto original.

En el nuevo informe de la CNI prima el primero de esos enfoques. El mismo advierte contra una “flexibilización” del Mercosur, entendida como la posibilidad de que cada país negocie por las suyas eventuales tratados de libre comercio, tal el proyecto de mínima de Jair Bolsonaro, y mucho más contra una salida lisa y llana. “Además de perder acceso a mercados, Brasil también puede dejar de beneficiarse con otras reglas relacionadas al comercio exterior. No solo en relación con la Argentina, Paraguay y Uruguay, sino también frente a otras economías con las que el bloque tiene acuerdos”, dice.

“En un caso extremo de abandono del Mercosur, Brasil debería renegociar, celebrar y tramitar internamente la gran mayoría de los compromisos existentes en bienes, servicios, compras gubernamentales, inversiones y otros puntos no tarifarios, incluso en el ámbito del acuerdo recientemente concluido (…) con la Unión Europea”, recuerda.

Resulta interesante en ese sentido que el paper haya sido elaborado con la participación de la Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP), abanderada de las posturas más aperturistas. Amagar es una cosa; cumplir las amenazas, otra diferente, más cuando hasta el anhelado (¿aplicable?) acuerdo con la UE quedaría en el aire.

El informe constata que “la posibilidad de una salida del Mercosur ha sido estudiada por el gobierno”, ante lo cual “el sector empresarial evaluó los impactos jurídicos de esa decisión”.

Como se dijo, la argumentación hace eje en lo jurídico, pero va mucho más allá y termina por advertir sobre la inconveniencia económica de semejante paso. “El comercio con el bloque tiene gran importancia económica para Brasil. El Mercosur es destino del 45% de las exportaciones brasileñas hacia América Latina y del 21% de las exportaciones totales de bienes manufacturados hacia el mundo”, recuerda. Más llanamente: más allá de sus eslabones más concentrados, la industria brasileña tendría escaso destino fuera de la región.

Esta, añade, “es todavía un gran destino de inversiones de empresas multinacionales de Brasil”.

De acuerdo con la CNI, “el Mercosur es destino, junto a los Estados Unidos, de las exportaciones que generan mayor volumen de masa salarial”, por lo que “cualquier decisión de dejar o de flexibilizar el bloque debe tener en cuenta su impacto económico y social”.

De más está decir que los riesgos de una ruptura serían análogos y aun peores para una Argentina comparativamente más débil y más dependiente del mantenimiento de las actuales preferencias arancelarias en el mercado brasileño.

En efecto, de acuerdo con la normativa del bloque, la salida de un Estado miembro requiere de una notificación con 60 días de antelación. Una vez concretado eso, lo que la CNI califica como “un período muy corto (…) para negociar los derechos y obligaciones que permanecerán en vigor para el país”, las preferencias tarifarias se mantendrían vigentes por 24 meses más.

Con un sesgo claro de preocupación, el informe recuerda que “el proceso de denuncia se haría por decisión del presidente de la República”. Sin embargo, deja una advertencia: ya está presentada una Acción Directa de Inconstitucionalidad (ADI 1625-3) ante el Supremo Tribunal Federal (STF), la que alega que sería necesaria la aprobación del Congreso.

Bolsonaro, cuyo gobierno está sumido en una grave crisis que incluye un peligro de juicio político y hasta amenazas de autogolpe de algunos de sus aliados militares, tiene, al parecer, urgencias mayores. Sin embargo, mientras Brasil también se ahoga en los efectos de una pandemia subestimada y pésimamente gestionada, un anuncio resonante en torno al Mercosur podría resultarle políticamente atractivo.

Ya se sabe que la llamada “nueva derecha”, sobre todo en América Latina, golpea los tambores del nacionalismo para que un ruido confuso tape su verdadera vocación ultraliberal.

La Argentina aún cuenta dentro de la industria brasileña con aliados para impedir daños irreparables. Una cosa es mejorar lo que se tiene y otra romperlo para lanzarse a una aventura sin garantías.

(Nota publicada en Letra P).