Pan para hoy: el presidente anticepo arma el cepo más grande del mundo

Alberto Fernández fue un crítico tenaz del cepo cambiario durante el segundo mandato de Cristina Kirchner ya que entendía que el afán de evitar la salida de dólares terminaba por inviabilizar su necesario ingreso. Él mismo se explayaba sobre esa postura hace menos de un año, cuando ya era el candidato presidencial designado por la exmandataria, aunque entonces, advertido de la crisis que le dejaba Mauricio Macri, se mostraba más flexible en función de los contextos. Al final, esa pesada herencia y el golpe de la pandemia convirtieron al “presidente anticepo” en el autor de uno todavía más apretado que aquel, de acuerdo con nuevas medidas restrictivas conocidas en las últimas horas.

 

La Comisión Nacional de Valores (CNV), ente que regula la operatoria bursátil, definió a través de la Resolución General 841/2020 la aplicación de “un plazo mínimo de tenencia de cinco días hábiles (…) como requisito para dar curso a operaciones (…) con liquidación en moneda extranjera y para efectuar sus transferencias a entidades depositarias del exterior”. Así, a sola firma, estableció el llamado parking (la obligación del inversor de permanecer comprado varios días, imponiendo una fuerte incertidumbre sobre el previo de venta del papel en cuestión) y le dio un golpe letal a las operaciones del “dólar bolsa” o “MEP” (Mercado Electrónico de Pagos) y del “contado con liquidación” (CCL).

Ambas, perfectamente legales, surgen de la compra en pesos de un activo financiero que, luego, se revende en dólares, de lo que resulta una cotización. Si la operación culmina en el país, tal el caso del “dólar MEP”, los dólares quedan depositados en él; si, en cambio, lo hace en el exterior (“contado con liqui”), es allí donde quedan colocados.

La preocupación oficial responde a la evolución reciente de dichos tipos de cambio: ambos crecieron más del 50% en lo que va del año, contra apenas un 11,5% del oficial, sometido al cepo. Esa ampliación de la brecha, que llegó a superar el 80%, resultaba una fuente de problemas por la expectativa que evidenciaba de devaluación del oficial.

Así las cosas, hasta este último golpe, que se reflejaba pasado el mediodía en una caída de ambas cotizaciones de casi el 5%, el crescendo de medidas restrictivas fue veloz.

El jueves 23 de abril, la propia la Comisión Nacional de Valores (CNV) limitó las tenencias de depósitos en moneda extranjera de los Fondos Comunes de Inversión (FCI) a través de la Resolución General 835. El 28, emitió la Resolución 836, que obligó a esos fondos a colocar un mínimo del 75% de su patrimonio en “valores negociables emitidos en la República Argentina exclusivamente en moneda nacional”.

El 4 de mayo, fue el Banco Central el que salió a la cancha al prohibir la realización de operaciones de CCL a las empresas que accedían a ayudas estatales en la pandemia y a las personas físicas o jurídicas que hayan comprado los 200 dólares permitidos en el marco del cepo en los 30 días previos. Ahora llega el parking.

“La decisión mata esta operatoria, porque el dato de salida deja de ser inmediato, lo que le añade una fuerte incertidumbre de cotización. En estas condiciones, deja de ser una operación de cambio y pasa a ser una operación bursátil como cualquier otra”, le dijo a Letra P el analista financiero Christian Buteler.

La urgencia todo lo puede, pero la ofensiva contra los dólares alternativos tiene una contracara obvia: el crecimiento del ilegal, el blue.

“El Gobierno cierra dos caminos totalmente legales que existían para que la gente se dolarizara y empuja a quien quiera hacerlo al mercado del blue”, dijo el analista.

Más allá de su carácter ilegal, el dólar blue tiene el inconveniente de que, a diferencia del MEP y el CCL, sí puede afectar, en parte, las reservas. Si aquellos surgen de operaciones entre privados, en las que uno aporta los dólares que el otro adquiere, en el caso del dólar informal se abren maniobras especulativas o “rulos” como el llamado “dólar puré”, que consiste en la compra de los 200 mensuales habilitados y su reventa en el mercado informal, lo que hoy generaría, incluso tras abonarse el impuesto del 30%, una ganancia inmediata del 38%.

Es cierto que dicha ganancia se genera sobre un monto exiguo, pero también lo es que esas compras, sumadas al goteo de depósitos bancarios en dólares, le vienen provocando al Banco Central una persistente pérdida de reservas en momentos en que estas no sobran: las netas llegan a apenas 10 mil millones de dólares.

¿Se evitará el Gobierno, al menos, que se siga hablando de la brecha y que eso alimente las especulaciones sobre una devaluación del tipo de cambio oficial? No, esas conjeturas corrosivas simplemente se van a trasladar a un mercado como el del blue que no solo es más pequeño sino también poco transparente.

María Castiglioni, socia y directora de C&T Asesores Económicos, le dijo a Letra P que “las nuevas medidas, que extienden a todos las medidas de parking que hasta ahora regían solamente para personas físicas, probablemente reduzcan los volúmenes al aumentar el riesgo de las operaciones. Sin embargo, no es tan evidente que logren reducir la brecha cambiaria, al menos en forma sostenible. Algunas operaciones podrán ser canalizadas a través del blue”.

“Con una mayor demanda, el precio del blue va a aumentar y la expectativa de devaluación se va a reflejar en el mediano plazo en ese último mercado”, anticipó, por su parte, Buteler.

“El cepo actual es infinitamente más estricto que el que había con Cristina”. (Christian Buteler)

La coyuntura lleva entonces al “presidente anticepo” a armar uno de los más grandes que se recuerden.

Al respecto, Buteler señaló que “el cepo actual es infinitamente más estricto que el que había con Cristina. En ese momento, después de idas y vueltas, se terminó permitiendo la compra de más de 200 dólares si así lo permitían los ingresos. Además, estaban disponibles el ‘dólar MEP’ y el ‘contado con liquidación’, aunque tal vez no estaban tan popularizados como ahora. Hoy, con el límite de 200 dólares mensuales y con estas últimas medidas, el país llega a un nivel de endurecimiento cambiario pocas veces visto”.

Para Castiglioni, la política restrictiva “no resuelve el problema de fondo, que es la demanda de divisas debido a la incertidumbre. Lo que se requiere para evitar este problema es, en el corto plazo, que se resuelva positivamente la renegociación de la deuda y, a mediano plazo, que se reduzca la incertidumbre sobre el rumbo macroeconómico, en particular en los escenarios fiscal y monetario”.

(Nota publicada en Letra P).