Argentina habilita una refundación del Mercosur y compromete su futuro

Con su decisión de bajarse de las conversaciones en pos del libre comercio que el Mercosur lleva adelante con Corea del Sur, Singapur, Líbano, Canadá y la India, entre otros países, el Gobierno de Alberto Fernández admite de hecho una refundación drástica del bloque, que dejaría de constituir una unión aduanera (aunque imperfecta) para convertirse en una mera zona de libre comercio.

Según anunció la Cancillería a través de un comunicado, “a Argentina dejó en claro que la incertidumbre internacional y la propia situación de nuestra economía aconsejan detener la marcha de esas negociaciones”. La mencionada incertidumbre se vincula con su decisión de “prevenir los efectos de la pandemia mientras protege las empresas, el empleo y la situación de las familias más humildes”.

“La Argentina dejó en claro que la incertidumbre internacional y la propia situación de nuestra economía aconsejan detener la marcha de esas negociaciones. También afirmó ante sus socios que en este escenario (…) seguirá acompañando la marcha de los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea y la EFTA (European Free Trade Agreement), sin entrar en debates por ahora estériles”.

El último punto es relevante: el país renuncia a firmar nuevos tratados de libre comercio, pero no a los ya cerrados con la UE y con el bloque que incluye a Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza. ¿Por qué? Porque entiende que los disensos internos entre los miembros de ambos, que incluyen reparos a una apertura al comercio agrícola, dificultará al menos por un buen tiempo la puesta en marcha de lo pactado. Así, plantear reparos desde la Argentina, implicaría justamente “entrar en debates por ahora estériles”.

Con su decisión, el ministerio conducido por Felipe Solá ejecuta la decisión del Presidente de cerrar el país a una estrategia de apertura de mercados basada en negociaciones de libre comercio que impliquen concesiones recíprocas. Recoge así los planteos que ha recibido tanto de la Unión Industrial Argentina (UIA) como de la Confederación General del Trabajo (CGT) y los convierte en política exterior.

La adhesión al libre comercio, se sabe, está teñida de fuertes disensos ideológicos. Unos la consideran la mejor puerta a una apertura de mercados para una Argentina que, si alguna vez quiere pagar sus deudas, darse un proceso de desarrollo y terminar con la histórica escasez de divisas, debería abrirse al mundo para mejorar su productividad y el nivel de sus exportaciones. Otros creen que ese camino no conduce sino a la muerte definitiva de la industria nacional, menos competitiva, complementaria de los golpes que esta ya recibió a partir de la segunda mitad de los años 70 y en la década del 90.

Si lo anterior es discutible, no lo es que el país parece, desde su debilidad actual, dada por las crisis superpuestas generadas en el último bienio de Mauricio Macri y, más recientemente, por la pandemia de COVID-19, aceptar finalmente los planteos del Brasil de Jair Bolsonaro y los históricos de Uruguay y Paraguay para degradar el nivel de integración del Mercosur.

Según dijo en un comunicado la Cancillería de Paraguay, país que detenta la presidencia pro tempore del bloque, los Estados miembros ahora “evaluarán las medidas jurídicas, institucionales y operativas más adecuadas en razón de la decisión soberana de la República Argentina de manera a no afectar el proceso de construcción comunitaria del Mercosur y de las negociaciones comerciales en curso”. En otras palabras, se buscará un mecanismo para que los países puedan avanzar a diferentes velocidad o, incluso, unilateralmente en negociaciones comerciales.

Eso es justamente lo que la Argentina rechazó avalar primero ante las largas presiones de Uruguay y Paraguay y luego, ya con Bolsonaro en el poder, también de Brasil. Si estos tres países avanzan ahora en pactos de libre comercio con las naciones mencionadas o hasta con Estados Unidos o China, como se ha tanteado, la Argentina se convertiría, de hecho, en un socio comercial más entre muchos otros, dado que sus exportaciones no serían las únicas que ingresarían con arancel cero a esos mercados.

El Mercosur pasaría, entonces, de ser una unión aduanera imperfecta a constituir una mera zona de libre comercio, en la que las empresas nacionales perderían sus actuales reservas de mercado en los viejos socios.

¿Qué ocurriría cuando, superada la pandemia, la Argentina busque una salida de la crisis que debería incluir una fuerte actitud exportadora? En ese caso, sus empresas, acostumbradas a encontrar preferencias en el enorme mercado brasileño, encontrarían competencia de otros países que hasta ahora no existía, los que cuentan con niveles de productividad mayores y costos de producción, logísticos o incluso salariales en algunos casos, menores.

El presente, tan urgente, está llevando al país a resignar futuro.

(Nota publicada en ambito.com).