El atraso (relativo) del dólar se suma a la incubadora de problemas económicos

(Foto: Noticias Argentinas).

Cuando pase la pesadilla del COVID-19, se sabe, a la Argentina le espera la crisis después de la crisis: superados, se espera, los inconvenientes vinculados al freno de la actividad económica producidos por la cuarentena, el país volverá a sus problemas anteriores: el peligro de default, la inflación elevada y una recesión que ya completará tres años. Pero deberá encararlos en condiciones aún más adversas que antes, con un déficit fiscal inflado por el gasto público de emergencia y con un tipo de cambio que habrá perdido, en comparación con los principales socios comerciales, buena parte de la competitividad lograda desde 2018 en base a devaluaciones dolorosas.

De acuerdo con el último informe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), un centro de estudios fundado en 1983 y vinculado a los principales bancos del mundo, “las monedas de Argentina, India, Indonesia y Sudáfrica quedaron sobrevaluadas” después de la ola de megadevaluaciones de divisas emergentes gatillada por la pandemia.

“Mercados adversos al riesgo mostraron que no quieren financiar grandes déficits de cuenta corriente (ndr: el saldo total de divisas) en mercados emergentes, un cambio que comenzó en 2018 y que se ha acelerado de manera aguda”, explica.

Las monedas de los mercados emergentes han experimentado caídas casi sin precedentes (…) El carácter prolongado del shock del COVID-19 implica que los mercados pueden permanecer desarticulados en los próximos meses”, añade.

“Nuestro modelo señala una sobrevaluación (de la moneda) en Argentina, donde el tipo de cambio real efectivo se ha apreciado debido a la alta inflación, tal como en India, Indonesia y Sudáfrica”, explica.

De acuerdo con ese modelo, el país recoge un atraso del 12,9% en relación con lo que sería un tipo de cambio que asegure el equilibrio de la cuenta corriente. En tanto, por caso, su principal socio comercial, Brasil, quedó 10,1% por encima del punto de equilibrio.

Roberto Reynolds, gerente de Wealth Management en Balanz, le dijo a Letra P que “las monedas emergentes tuvieron una depreciación de alrededor del 20% en lo que va del año, mientras que el peso oficial se mantuvo relativamente estable”.

Hablar de “atraso”, sin embargo, parece demasiado si se tiene en cuenta de los abismos cambiarios de los que viene el país en los últimos dos años. El especialista pone las cosas en su lugar al recordar que “el peso venía de una depreciación significativa en 2019”. En este sentido, “más que el nivel de hoy del tipo de cambio real, lo preocupante es la dinámica potencial, teniendo en cuenta que la fuerte expansión monetaria actual puede traer aparejada una aceleración inflacionaria. Eso haría insostenible la política cambiaria del Gobierno”, advirtió.

Fuente: rava.com.

El Banco Central ha seguido durante la crisis del nuevo coronavirus una política destinada a convalidar solo un deslizamiento suave del dólar, al revés de lo que ocurrió en la mayor parte del mundo emergente. La motivación pasa por usar el tipo de cambio como un ancla para una inflación interanual superior al 50%.

El 3 de marzo se conoció el primer caso registrado de COVID-19 en el país. Entre ese día y el último miércoles, el dólar oficial mayorista pasó de $62,26 a $65,16, lo que marca un avance del 4,65%.

Evolución del dólar mayorista oficial (fuente: ambito.com).

En el mismo lapso, el real brasileño pasó de cotizar a 4,4868 por dólar a hacerlo a 5,1432, lo que supone un aumento del 14,62%.

Evolución del dólar comercial en Brasil (fuente: uol.com.br).

Otro modo de medir la posible magnitud de un problema cambiario es el incremento de la brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos, puntualmente el “contado con liquidación” y el “dólar bolsa”, los que surgen de la compra en pesos de activos financieros que se venden en esa moneda. Ambos cotizan ya apenas por debajo de los $95 y acumulan avances de casi el 10% en el mes y de casi el 30% en el año, mucho frente a un dólar oficial que avanza reptando. Un incremento ulterior de la brecha significaría una luz roja sobre las expectativas de devaluación del oficial.

Fuente: rava.com.

El viento de la crisis económica sopla tan fuerte como el de la sanitaria en esta parte del mundo, como advirtió este jueves la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

 

Cuando la segunda pase, la primera quedará y las demandas económicas, de por sí acuciantes, se convertirán en políticas. Como dice Reynolds, conviene prestar atención a la película más que a la foto. Más allá de la necesidad de asegurarse un saldo de divisas compatible con las necesidades financieras y con las de importación de insumos y bienes finales, el mantra del “atraso cambiario” amenaza con devenir en bandera del sector del empresariado que no suele demorarse demasiado para enarbolarla.

(Nota publicada en Letra P).