LA QUINTA PATA | País en vilo: Guzmán juega al límite por la deuda en dos semanas a todo o nada

A partir de este lunes 9, de acuerdo con el ambicioso cronograma oficial, el proceso de renegociación de la deuda pública en manos de tenedores privados se acelerará de modo dramático, con el ministro de Economía, Martín Guzmán, y aquellos trabados en un póker tenso en el que cada gesto bien o mal administrado puede hacer que miles de millones de dólares pasen de unas manos a otras. En ese sentido, el mercado comienza a advertir que ciertas señales del discípulo de Joseph Stiglitz que inicialmente había juzgado como pasos en falso fueron, en realidad, aspectos de una estrategia destinada a mantener el valor de los títulos públicos a ser canjeados dentro de una determinada banda para maximizar las posibilidades de éxito de la operación y, en paralelo, lograr un costo menor para el país. Los riesgos de ese accionar, con todo, son elevados e invitan a contener el aliento.

El Palacio de Hacienda estableció que la segunda semana de este mes sea la del lanzamiento de la oferta a los bonistas y que el martes 31 el canje quede concluido. De un éxito depende toda la arquitectura económica de un gobierno que, en los hechos, nacerá recién en ese momento.

Sin un acuerdo que deje los menores resentimientos posibles entre los inversores no habría reapertura del crédito para el Estado y las empresas nacionales, no existiría desarrollo posible de esa tabla de salvación que puede ser Vaca Muerta, el dólar podría volver a asustar y la inflación interrumpiría su declinación. Sin él, además, la administración de Alberto Fernández no podría apurar la salida de la recesión, algo fundamental para  que los argentinos lleguen al año electoral de 2021 de buen humor.

En esa esgrima que se desarrolla en una cornisa estrecha y elevada, Guzmán administra las señales de modo que la cotización actual de los títulos públicos no suba ni baje demasiado.

Un ejemplo de esto ocurrió el miércoles 12 de febrero, cuando acudió al Congreso para ilustrar a los legisladores sobre la marcha de la reestructuración de la deuda. De modo casi unánime, economistas, analistas y traders calificaron su desempeño como decepcionante, sobre todo por lo minimalista de sus proyecciones fiscales, según las cuales solo se podría lograr el equilibrio hacia 2023 para converger, “unos años después” (¿cuántos?), en un superávit fiscal primario magro de entre 0,6 % y 0,8% del producto bruto interno. Al día siguiente, los títulos públicos sufrieron una paliza y el riesgo país terminó casi 5% arriba, tras llegar a dispararse hasta un 7%.

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En simultáneo, Guzmán decidió postergar hasta septiembre parte del pago del Bono Dual (AF20) tras percibir que grandes tenedores le habían vaciado una operación de canje y, de inmediato, una emisión de títulos en pesos para hacerse con los fondos necesarios. Con el condicionante de la fallida experiencia del Bono Buenos Aires 2021 (BP21), que el gobernador Axel Kicillof amagó con defaultear pero que terminó pagando, y con los tenedores envalentonados por los frutos que les rindió entonces su estrategia de máxima dureza, Guzmán optó por la confrontación. El resultado fue otra ola de críticas, más castigo para el riesgo argentino y mayores restricciones para rollear vencimientos en moneda local.

Para completar el panorama, el funcionario terminó el último viernes con las dudas que había generado con el Dual y pagó los $26.000 millones del Bogato. Entonces, ¿improvisación o estrategia?

Lo que parecían solo errores no forzados o, peor, evidencias de una limitada voluntad de pago, comienza a cobrar otro sentido para algunos agentes: llenar de buenas señales a los acreedores justo antes de la presentación de la oferta incrementaría los precios de los títulos que serán parte del canje y, con ello, el costo de la deuda que surgirá de él.

Los tenedores quieren que los títulos nuevos que vayan a recibir coticen por encima de los que tienen hoy; ese es su aliciente a aceptar el plan oficial. Así, a mayor valor de los viejos antes del canje, mayor costo de la deuda nueva para el país.

Más allá de las vaporosas proyecciones fiscales públicas de Guzmán, el mercado cree que el nivel de ahorro de los próximos años, es decir los recursos que el país destinará al pago de la deuda nueva, será parte del diálogo posterior a la presentación de la propuesta con los fondos grandes, lo mismo que la posibilidad de que el período de gracia que el Gobierno pretende para volver a pagar tenga como compensación algún edulcorante o desembolso inicial. ¿Acaso financiado por el FMI?

Kristalina Georgieva y Martín Guzmán.

En tanto no termine de desquiciar los mercados centrales, el cisne negro de la epidemia de coronavirus también contribuye a ponerle un techo a la paridad de los títulos: la caída de las tasas en EE.UU. es otro incentivo para que los acreedores acepten una oferta que implicaría retornos interesantes y, además, pagables.

En todo eso se basan quienes mantienen una postura optimista acerca del desenlace de la saga. Los pesimistas, en tanto, temen que las negociaciones se dilaten más allá del 31, que el país no pueda hacer frente a los vencimientos que caen a partir de abril y que eso lo lance a una sucesión de defaults parciales que deterioren el precio de la deuda nacional.

El umbral del peligro es, para algunos, que las cotizaciones caigan por debajo del 30%. Para otros, el nivel crítico es el 25 o el 20%, pero todos tienen lo mismo en mente: la posibilidad de un regreso de los buitres, cuyas exploraciones ya están en el radar del Gobierno.

Guzmán tributa a Alberto Fernández, pero no es ajeno a la influencia de Cristina Kirchner en el Gobierno, creen los pesimistas del mercado sobre el desenlace de la renegociación de la deuda.

Las cláusulas de acción colectiva de los bonos que serán canjeados presentan la ventaja de que, si se alcanzan los pisos de aceptación establecidos, el país quede blindado ante aves de carroña y jueces amantes del clavicordio, pero también un riesgo: que los buitres logren hacerse con tenencias superiores a las minorías de bloqueo en algunas series. Ese es el lado ciego de la estrategia de “precios cuidados” del jefe de Economía.

Guzmán tributa a Alberto Fernández, pero no es ajeno a la influencia de Cristina Kirchner en el Gobierno, creen los pesimistas.

Los próximos días estarán saturados de sobresaltos y fantasmas.

(Nota publicada en Letra P).