El reparto de embajadas extiende los confines del Frente de Todos

Las designaciones de embajadores en varios de los destinos más importantes para el país revelan objetivos al mismo tiempo diplomáticos y políticos: los primeros, dados por la búsqueda de perfiles con línea directa hacia el presidente Alberto Fernández o el canciller Felipe Solá; los segundos, por la necesidad de ampliar las fronteras del Frente de Todos y asegurar la sujeción de electrones libres del peronismo de las provincias, la fidelidad de la vieja transversalidad kirchnerista y la adhesión del progresismo no K y hasta del ala de la Unión Cívica Radical (UCR) más crítica del matrimonio con el PRO.

El último de esos nombramientos, que llena tanto el casillero de la relación personal con el Presidente como el de la necesidad de ensanchar la base de sustentación del Gobierno, es el de Ricardo Alfonsín en la embajada en España. Su vínculo con Fernández es cercano y su perfil, ideal para un país con el que hay varias heridas que suturar, desde los modos de la expropiación de YPF a Repsol en tiempos de Cristina Kirchner hasta la forma en que Mauricio Macri convirtió el mercado de las telecomunicaciones en una cancha inclinada a favor de Clarín en detrimento de Telefónica.

La condición de radical y no kirchnerista de Alfonsín, el ser hijo de su padre –un hombre de estrechos vínculos con la socialdemocracia que volvió al poder en Madrid– y su talante moderado son factores que causaron satisfacción en el principal socio político que el país tiene en Europa.

Otra designación destacada es la de Daniel Scioli en Brasil, que deparó un fenómeno político peculiar: su confirmación volvió a nuclear a varios hombres y mujeres de lo que en su momento se dio en llamar “sciolismo” y que habían quedado huérfanos desde su salida de la gobernación bonaerense en 2015. Esto se vio el jueves 23 de enero en la despedida que se le armó en el Palacio San Martín, en el marco de la presentación del brasileño Caio Dornelles da Rocha como representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en la Argentina.

En el caso de Scioli, la iniciativa correspondió a Solá, que lo consideró el hombre ideal, por moderación, pragmatismo y escasa tendencia a enojarse cuando de política se trata, para lidiar con Jair Bolsonaro. El objetivo se logró: el factor Scioli contribuyó a la precaria distensión que se ha establecido con la derecha dura que gobierna Brasil.

Alberto Iribarne, futuro embajador (también político) en Uruguay, escapa al molde de la ampliación de las fronteras de la alianza de poder. En su caso predominó lo personal, ya que es uno de los miembros del círculo de amigos cercanos que el Presidente hizo en sus tiempos de militancia activa en el Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires. Será prácticamente su delegado personal ante la administración que iniciará en marzo próximo Luis Lacalle Pou, el hombre del Partido Nacional (centro-derecha) que pondrá fin a la hegemonía reciente del Frente Amplio.

Domingo Peppo, quien cruzará la frontera para representar a la Argentina en Paraguay, y Sergio Urribarri, que viajará a Israel, son dos de los posibles electrones libres del peronismo de interior cuya fidelidad conviene asegurar. A Peppo se lo bajó hacia fines del año pasado de su intención de competir por la reelección en Chaco, aspiración que debió ceder, en buena medida por demanda de Cristina Kirchner, en favor de Jorge Capitanich.

En tanto, Urribarri ocupará un destino que siempre es importante debido a la amplitud de la comunidad judía argentina y a la prioridad que se le dará a ese país en el contexto de una relación que se pretende cuidar con su aliado más importante, los Estados Unidos de Donald Trump, algo que quedó en caro durante el reciente viaje de Fernández a Jerusalén. La designación de Urribarri fue bien recibida por la comunidad israelita de su provincia y también por el gobierno de Benjamín Netanyahu, que le extendió el plácet de modo veloz.

Otro peronista de la capital pero que mantiene con Fernández una relación de cercanía más política que personal es Carlos Tomada, quien viajará a México. Hombre más cercano a Cristina que al propio Fernández y el exministro de Trabajo que sirvió durante los 12 años de la era K, tendrá la responsabilidad de representar al país ante el único gobierno importante con el que existirá afinidad ideológica en América Latina, el de Andrés Manuel López Obrador, clave para la coordinación de posiciones, por caso, en torno a la crisis de Venezuela. Fuera de lo diplomático, la lectura política de la designación de Tomada es la de un gesto a un hombre importante de los gobiernos kirchneristas y de confianza de la expresidenta.

Aunque no se trata de un destino estratégico, la sede en Bulgaria también cobra relevancia por otro nombramiento de un embajador político: Alfredo Atanasoff. En este caso, el contenido es el de tender puentes con el expresidente Eduardo Duhalde, de quien Atanasoff fue jefe de Gabinete.

Duhaldismo albertista. Atanasoff, embajador del bonaerense en el gobierno de Todos.

Carlos “Chacho” Álvarez será el representante en Perú, donde gobierna Martín Vizcarra, otro mandatario con el que el Gobierno quiere priorizar el vínculo. Como en el caso de Scioli, se trata de otra preferencia del canciller Solá, aunque en este caso el vínculo personal sea más sólido que con el exgobernador.

Álvarez fue, desde mediados de los años 90 y hasta principios de 2000, el principal referente de un sector del progresismo que, en 2003, recaló en el kirchnerismo. Hacia ese sector policromático también tiende puentes el Gobierno.

En ese listado se puede incluir a Carlos Raimundi, exdiputado de larga pertenencia al kirchnerismo que representará al país ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Asimismo, a Alicia Castro, una kirchnerista dura, exsindicalista del sector aeronáutico y exembajadora en Venezuela y en el Reino Unido, que se desplazará a Rusia, un país con el que Fernández también busca reconstruir una relación que fue sólida hasta 2015 y se enfrió durante el macrismo.

Alicia, de Caracas a Moscú. La exembajadora en Venezuela, instruida para reconstruir el vínculo con el Kremlin, detonado por Macri.

Otro progresista, aunque de diferente palo, es Fernando “Pino” Solanas. Fue un opositor a Cristina Kirchner, pero el año pasado fue uno de los primeros miembros del progresismo no K en aproximarse al armado de Todos. Su caso tiene que ver más con consolidar la nueva transversalidad del frente que en sostener la antigua. Su destino será la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, con sede en París.

Rafael Bielsa, futuro representante en Chile, atenderá otro vínculo estratégico para el país. Canciller de Néstor Kirchner, llega al cargo más por su prestigio personal que por su lugar en la política, pero su nombramiento es, de todos modos, político.

En cambio, solo dos casilleros importantes se llenaron hasta ahora con diplomáticos de carrera: Luis María Kreckler en China y María Fernanda Silva en el Vaticano.

Un párrafo aparte merece Jorge Argüello, quien será embajador en Estados Unidos y también tendrá a su cargo las representaciones ante instancias de contenido financiero y económico como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BN), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Grupo de los 20.

Amigo personal del Presidente y también hombre del PJ de la capital, Argüello bien podría haber sido el ministro de Relaciones Exteriores. No lo fue, pero el tenor de la agenda diplomática inicial del Gobierno, tan ligada a la reestructuración de la deuda, lo convierte casi en un canciller paralelo, dueño de las relaciones con todas las instancias clave para ese propósito. Conformar a Trump, algo que resultará difícil a veces dadas las diferencias ideológicas entre los respectivos gobiernos, no será su único objetivo, pero sí uno de los más importantes y delicados. Si lo logra, buena parte de lo demás llegará casi por decantación.

(Nota publicada en Letra P).