Inflación, deuda, reservas y campo: la transición larga complica a Fernández

El calendario electoral argentino -con primarias en agosto, voto a doble vuelta en octubre y noviembre y cambio de mando el 10 de diciembre- a priori luce bien ajustado. Sin embargo, cuando la coyuntura económica es crítica, cuando las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) dan una indicación muy clara sobre el desenlace y cuando el pleito se liquida en el primer turno, el lapso que media hasta la asunción de las nuevas autoridades se hace demasiado extenso y riesgoso. Esta es la combinación difícil de administrar que se ha dado este año, lo que hace que el juego de trascendidos sobre posibles políticas futuras y los reflejos defensivos de los actores económicos compliquen todavía más la situación en lo que hace a precios, deuda, nivel de las reservas internacionales y relación con el sector agroexportador, limitando aún más el de por sí acotado margen de acción del presidente electo, Alberto Fernández.

“Al igual que la naturaleza, la economía tiene ‘horror al vacío’ y, ante la ausencia de definiciones, los mercados y agentes económicos reaccionan adelantando o postergando decisiones en función de las expectativas. Esto es especialmente relevante en medio de la larga transición política que estamos viviendo”, le dijo a Letra P el director de la consultora Mecronomic, Gustavo Reija.

“La reunión que mantuvieron el 28 de octubre, a solo 24 horas de la elección, el candidato derrotado, (Mauricio) Macri, y el triunfante, Fernández, alentó en la sociedad la esperanza de una transición ordenada. Sin embargo, a pesar de haberse anunciado la conformación de un equipo de trabajo para coordinarla, tal transición no existe”, añadió.

Además de la evidente falta de coordinación, lo que abunda son especulaciones acerca de la conformación del futuro gabinete de ministros y sobre posibles políticas, pero lo que falta es certeza. Y eso complica el futuro inmediato en varios niveles.

AUMENTAR POR LAS DUDAS. Después de las PASO, en las que la distancia que Fernández le sacó a Macri sorprendió a más de uno, las tensiones cambiarias rebrotaron y, con estas, los precios. En septiembre, la inflación fue del 5,9% y en octubre se moderó hasta el 3,3% debido al congelamiento electoralista definido por el Gobierno en rubros clave. Sin embargo, la perspectiva de que el entonces candidato del Frente de Todos impusiera alguna suerte de tope a los precios en el marco de su prometido acuerdo económico y social lleva a muchos formadores de precios a remarcar para hacerse de un colchón de rentabilidad. Combustibles, alimentos y hasta bebidas alcohólicas con creativos incrementos a enero pero bonificados hasta entonces suman a un recalentamiento del índice, que evoluciona a un ritmo preocupante de más del 50% anual.

“La probable conformación de un Consejo Económico y Social que pueda imponer controles de precios ha generado la aceleración del proceso de remarcación como estrategia en muchas líneas de productos. Esto se da en varios sectores industriales, que pretenden quedar mejor posicionados en la foto inicial del acuerdo”, explicó Reija.

“Una vez más, la falta de consensos básicos de la dirigencia política somete a la sociedad a niveles de incertidumbre y ansiedad mayores que los necesarios, con sus correspondientes consecuencias en el plano económico”, amplió.

¿Cómo se discrimina lo que corresponde a aumentos de precios vinculados al proceso inflacionario de los llamados preventivos?

“Es difícil separar lo preventivo de lo no preventivo, porque las empresas todavía tienen aumentos reprimidos de precios”, le dijo a este medio Victoria Giarrizzo, directora ejecutiva de la consultora Elypsis. Sin embargo, solo para este mes “estimamos una inflación del 4%, de la cual 0,5 puntos lo explican los aumentos preventivos”, agregó. La tendencia, claro, no empezó en noviembre.

DE TERAPIA INTERMEDIA A INTENSIVA. Diego Demarchi, gerente de Wealth Management en Balanz, le dijo a Letra P que “no hay una fórmula” para ponderar exactamente cómo está impactando esta transición interminable en los precios de títulos de deuda que se encuentran en riesgo inminente de default y que seguramente ingresarán en una renegociación urgente, la que, a diferencia de lo que se pensaba hasta hace un tiempo, seguramente incluirá una quita de capital. Sin embargo, añadió el especialista, el efecto de la incertidumbre “se observa día a día en los precios de los bonos debido a las demoras en el nombramiento del gabinete y los rumores que corren. Todo eso hace que hace que el mercado se vaya adelantando”.

Así, en medio de un estrangulamiento de compromisos que el propio Gobierno admitió al anunciar el “reperfilamiento” de las Letras del Tesoro, el riesgo país saltó de 872 puntos básicos en la previa de las PASO a un nivel superior a los 2.300 puntos en la actualidad.

“Dado que los mercados descuentan una reestructuración de la deuda con quitas y alargamiento de plazos, aumenta el valor de los seguros contra default (CDS) y el riesgo país”, dijo Gustavo Reija.

“Ante la falta de definiciones, el mercado se pone más conservador, el inversor minorista o mayorista tradicional decide salir de los activos argentinos o no ingresar. Mientras, quienes están mirando son los que buscan deuda a precios muy baratos, como los fondos distressed o incluso los hedge funds”, es decir los inversores más especulativos, explicó Demarchi en alusión a una leche con la que el país ya se ha quemado varias veces.

“Dado que los mercados descuentan una reestructuración con quitas y alargamiento de plazos, aumenta el valor de los seguros contra default (CDS) y el riesgo país. A pocos días de asumir, Fernández deberá comenzar a pagar títulos que ya han sido reperfilados. Casi con seguridad ingresarán a una reestructuración, pero, ¿bajo qué condiciones? Las dudas se extienden ante la falta de certezas”, indicó, por su parte, el director de Mecronomic.

SIN RESERVAS EN EL TANQUE. En paralelo, el deterioro de la economía, las expectativas de devaluación que se reactivaron y la perspectiva de un cambio de gobierno y de las reglas de juego se tradujeron en un desplome de las reservas internacionales del Banco Central desde los 66.309 millones de dólares de la rueda previa a las primarias a 43.691 millones el lunes último. El cepo cambiario light y electoralista que rigió hasta que se consumó la derrota de Macri el 27 de octubre fue un colador que permitió que la dolarización de carteras dirritiera esos activos en paralelo a vencimientos de deuda que resultaba imposible renovar.

El cepo posterior, que redujo de 10.000 dólares a apenas 200 la posibilidad de compra de las personas físicas, detuvo la sangría, pero la pérdida en esa transición superó los 20.000 millones de dólares para desesperación de Fernández.

¿Cómo explicar una demora tan costosa para el país de un modo que no se base en la decisión oficial de no irritar antes de las elecciones a un segmento influyente de la clase media, conformado por los aproximadamente 1,5 millón de argentinos con capacidad de ahorro en divisas? “Bueno, eso (el endurecimiento del cepo) pudo haber sido antes, después o pudo no haberse dado”, minimizó la cuestión el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, en una entrevista con Radio Con Vos. ¿Será así? En realidad, el mercado descontó durante semanas dicho endurecimiento para el mismo lunes siguiente a la elección. Como sea, esa cuenta también debe cargarse en la lista de las complicaciones de la transición XXXL.

RETENCIONES QUE NO RETIENEN. “En la Argentina que viene, todos tenemos que hacer un esfuerzo. Lo tendrá que hacer el sector del petróleo, el minero y el del campo (…) Me encantaría no cobrar retenciones, pero le hubieran dicho a Macri, que me va a dejar cinco o seis puntos de déficit fiscal. Díganme cómo quieren que tenga déficit cero sin mejorar mis ingresos”, dijo Alberto Fernández en una entrevista reciente.

La medida, que reemplazará el esquema impuesto por Macri, que desde el inicio pareció diseñado para que su impacto se diluyera con la inflación y la devaluación del peso, llevaría las imposiciones al 35% para la soja, al 20% para el trigo y al 15% para el maíz, según los últimos trascendidos. Ante esa expectativa, justificada por el presidente electo en las necesidades fiscales del país y en la superrenta que genera un dólar tan alto como el actual, productores y exportadores tiran una gambeta larga y liquidan stocks. En este punto se observa, acaso como en ningún otro, la desventaja de la inexistencia de un empalme de políticas entre los funcionarios salientes y los entrantes. ¿Por qué?

Ante el previsto aumento de las retenciones, productores y exportadores tiran una gambeta larga y liquidan stocks. “El efecto recaudatorio del aumento de retenciones va a ser bastante escaso”, dijo una fuente del mercado.

La retención que se pagará se declara cuando el exportador deja constancia de una fecha de operación y de embarque determinada; en ese momento se fijan los cuatro pesos por dólar vendido para los productos agrícolas no elaborados. Desde el triunfo de Fernández, esas operaciones a futuro se incrementaron de manera notable y, según fuentes del mercado granario consultadas por Letra P, pueden acelerarse todavía más hasta el 10D.

“El efecto recaudatorio del aumento de retenciones va a ser bastante escaso”, le dijo a una de ellas a este medio.

Según se calcula, las ventas anticipadas involucran, solo hasta ahora, unas ocho millones de toneladas de trigo y maíz, equivalentes a unos 3.000 millones de dólares, y alrededor de tres millones de toneladas de soja, esto es, cerca de 1.000 millones de dólares más. Entre las retenciones viejas y las nuevas, mucha plata que debería ir al fisco quedará en poder de los dueños de los granos.

“Está liquidación anticipada está contribuyendo al aumento de la recaudación impositiva del actual gobierno y, en consecuencia, disminuyendo el impacto potencial en materia de ingresos para la administración de Fernández”, explicó Gustavo Reija.

Se trata de otro de los problemas de esta transición interminable. Y contando…

(Nota publicada en Letra P).