Por qué tomo partido en Boca y apoyo a Ameal-Pergolini

Como saben quienes tienen la amabilidad y la paciencia de leerme, por fuera de mi familia tengo dos pasiones que no logro resistir: el periodismo y mi amor incondicional por Boca Juniors. Ni en una ni en otro me permito ponerme en “modo termo”, aunque a veces pueda parecerlo: si doy una opinión pública, es porque antes la pensé lo más ponderadamente de lo que fui capaz.

Como periodista al que le gusta trabajar temas muy diversos, este año me metí brevemente en la interna de mi club. Entrevisté a Jorge Amor Ameal (aquí y aquí), a José Beraldi (aquí y aquí), a Víctor Santa María (aquí y aquí) y a César Martucci (aquí y aquí). Gestioné lo propio con Christian Gribaudo, pero en ese momento él declinó amablemente la posibilidad por considerar que no era lo apropiado desde lo “estratégico”.

No tengo militancia política partidaria a nivel nacional porque considero eso incompatible con el ejercicio de mi profesión, lo que no equivale a no tener principios inamovibles en función de los cuales uno “no es objetivo”. Sin embargo, dado que el fútbol no es mi foco cotidiano, me voy a tomar una licencia en ese sentido: digo que voy a apoyar y a votar a la fórmula Jorge Amor Ameal-Mario Pergolini.

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Desde ahora, excepto si vuelvo a trabajar sobre la interna política de Boca, caso en el que me autoimpondré tomar toda la distancia posible, cuanto opine en las redes sociales estará destinado a que ambos ganen las elecciones de diciembre y le pongan fin a una etapa de 24 años que está totalmente agotada en el club. Claro, Ameal fue parte de ella, pero desde hace ocho años está en la vereda de enfrente, justo el lapso en el que el sectarismo se acentuó y muchas cosas terminaron de hacerse inaceptables.

Las razones por las que me declaro harto con el actual oficialismo son exactamente las que me llevan a respaldar a Ameal.

Primero, porque hoy tenemos un club al que solo se le debe reconocer la solidez de sus finanzas, aunque esta se logre a través de manejos contables que nunca le quedan claros al socio. Va un ejemplo: ante la pregunta en una entrevista radial sobre el costo de la repatriación de Carlos Tévez desde la Juve, Daniel Angelici respondió en su momento: “Ya se van a enterar cuando presentemos el balance anual”. Inaceptable.

Segundo, porque Boca vive de espaldas al socio, al que maltrata con cuotas y abonos carísimos y con una actividad mínima.

Tercero, porque no hay respuestas al adherente.

Cuarto, porque la promesa (irresponsable, por lo demás) del éxito internacional no llegó ni llegará mientras las políticas sean erráticas, se gasten millones en renovaciones de plantel sin la jerarquía debida después de cada frustración y mientras se den golpes de timón entre entrenadores totalmente diferentes. ¿Tienen en mente algún proyecto digno de ese nombre?

Quinto, porque sin representación de la minoría, la Comisión Directiva es desde hace demasiado tiempo un feudo de un partido político nacional, el Pro, que hace y deshace y conduce el club como parte de un proyecto que va más allá de él. Ameal es peronista y no lo oculta, pero promete despartidizar al club y por eso convoca a personas de otras extracciones.

Sexto, debido al actual desprecio por las demás disciplinas, profesionales (ayer, viernes 25 de octubre, se suspendió un partido de básquet en el que se jugaba nada menos que la clasificación a los play offs porque no funcionaba un reloj) y amateurs.

Séptimo, porque Ameal es la alternativa opositora más genuina y más sólida, con un  proyecto trabajado a lo largo de años. Porque tiene deseos de ser presidente de Boca y no imagina eso como el principio de un camino que lo lleve a otros objetivos.

Octavo y fundamental: porque como toda conducción demasiado extensa, la actual se oligarquizó, se alejó del socio y del hincha y, demasiado confiada en su capacidad para la “rosca”, nunca advirtió que Conmebol y su actual titular, Alejandro Domínguez, siempre serían más sensibles a otras roscas, muy en especial a la del presidente de River, Rodolfo D’Onofrio. Pese a lo que diga ahora Marcelo Gallardo, tanto un entrenador talentosísimo como un verdadero caradura capaz de declararse perjudicado por el último arbitraje con Boca, nuestro club fue escandalosamente despojado en cada uno de los cruces desde hace cinco años, lo que incluyó un apriete descarado de Conmebol para que Angelici presentara a jugar al equipo poco después de la agresión de 2018 en el Monumental aun cuando tenía a dos jugares en una clínica. Nosotros lo sabemos y ellos lo saben, aunque ahora se quejen absurdamente para sacar provecho frente a la que, esperan, sea su próxima víctima: Flamengo.

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Como se no trata de rosquear ni de sacar ventajas de ese tipo sino de manejarse de modo justo y hacerse respetar, rescaté especialmente una respuesta de Ameal durante la entrevista que le hice:

Boca tiene que ser la máquina y no el furgón de cola ni de la Superliga ni de la Conmebol. Con la Conmebol tenemos un problema, evidentemente, pero para que no nos pasen más cosas como esas, el club tiene que estar de pie y no de rodillas. Hoy somos ignorados. Le pongo un ejemplo. El día de la final de la Copa Libertadores en el estadio de River, cuando se produjeron las agresiones a nuestro plantel, mi decisión, de haber sido presidente en ese momento, habría sido sacar a los jugadores, volver a Brandsen 805 y festejar. Y si nos querían suspender, que lo hicieran. Podemos ser creativos y generar otros torneos.

Eso dijo y me conquistó. Me sentí representado. Angelici nunca entendió ni representó al hincha y Gribaudo garantiza en este aspecto más de lo mismo, pero incluso más fríamente, como un mero gerente. Boca merece más y vamos a dárselo.

Tras el escándalo de 2018, la conducción del club se sometió a ese statu quo deplorable, y aunque Gallardo se queje hoy de un arbitraje diseñado para cobrar con criterio localista mil infracciones en la mitad de la cancha (existieran o no), Boca volvió a exponerse al mismo despojo del último lustro y vio cómo se ignoraron sendos penales de Pinola a Salvio (un codazo que además merecía tarjeta roja) y a Villa.

Por todo eso y porque me duele la desolación de los pibes que han sufrido estas decepciones ante las que la actual conducción no puede ni sabe reaccionar. Porque Jorge Ameal porque tiene experiencia y carácter, porque piensa en el hincha y porque no aprovecha las frustraciones para sacar partido con declaraciones ofensivas sobre el técnico y los jugadores actuales, voy a apoyarlo y a votarlo.

Ameal-Pergolini y Bombonera 360. Falta poco: vamos a recuperar la identidad xeneize.