Duplicar exportaciones que no responden al superdólar, el desafío de Fernández

La falta de dólares es un drama histórico de la economía argentina, que suele encontrar más respuestas políticas por el lado de evitar su salida que por el de generar mayores ingresos. Hoy rige otra vez un cepo cambiario, algo en lo que el equipo del favorito para ganar las elecciones del 27 de este mes pretende hacer sintonía fina, de modo de no ir “ni a la absoluta desregulación del mercado de cambios, que nos deja en vulnerabilidad como ocurrió en abril del año pasado, ni tampoco a una regulación excesiva”, según dijo esta semana en un foro organizado por el Grupo Clarín el economista Matías Kulfas. Para él, al contrario, la solución a la falta de divisas se va a concretar duplicando las exportaciones en cuatro años. ¿Se trata de un objetivo realizable? ¿Por qué caminos? ¿Cómo lidiar con la paradoja de que el superdólar que tiene la economía argentina no termina de dinamizarlas y que, si hay superávit comercial, es todavía “gracias” al desplome de las importaciones que genera la recesión?

“Vaca Muerta está probando que tiene un potencial muy significativo. Eso se suma a la agroindustria, a la minería, a los servicios y a la manufactura”, dijo Kulfas, resumiendo la apuesta albertista. Para eso, ratificó lo anticipado por este portal en el sentido de que, en caso de imponerse en los comicios, proyectan enviar al Congreso un proyecto de ley para fomentar más la extracción de gas y petróleo no convencionales, algo en lo que ya trabaja Guillermo Nielsen.

Las últimas cifras del Indec resultan desalentadoras sobre la respuesta de las exportaciones al tipo de cambio más que favorable que, devaluaciones repetidas del peso desde abril del año pasado mediante, tiene hoy el país.

En efecto, las exportaciones aumentaron 7,5% interanual en agosto para alcanzar a 5.568 millones de dólares. Las importaciones, mientras, cayeron 30,3% con respecto a igual mes de 2018 para llegar a 4.400 millones de dólares.

“En los ocho meses de 2019, las exportaciones alcanzaron 42.176 millones de dólares [3,8% arriba] y las importaciones, 34.468 millones de dólares [27,3% abajo]. El intercambio comercial (exportaciones más importaciones) disminuyó 12,9% y alcanzó un valor de 76.644 millones de dólares”, dijo el instituto oficial. Así, la balanza comercial registra en el año un saldo positivo de 7.708 millones de dólares, producto básicamente del desplome de las compras al exterior, necesarias en buena medida para equipar a las empresas e incrementar la competitividad de la producción nacional.

Federico Furiase, director de la consultora Eco Go y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), le dijo a Letra P que “la próxima gestión partirá con superávit comercial, pero este será producto de la recesión”.

Federico Furiase (FOTO: AGLP).

Paula Español, doctora en Economía y exsubsecretaria de Comercio de Cristina Kirchner, le dijo a Letra P que “el balance comercial no responde solo al tipo de cambio y hay otros elementos muy importantes para explicar su dinámica. Una devaluación genera, a lo sumo, una ventana temporal de oportunidad para las empresas que ya son exportadoras, pero no sirve para que otros empresarios elaboren una estrategia de largo aliento en ese sentido. La apertura de nuevos mercados lleva tiempo”.

Paula Español.

Aunque parte de un enfoque diferente, Marcelo Elizondo, titular de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), coincidió en el diagnóstico.

“Las exportaciones no levantan por varias razones. Primero, porque el dólar alto no es condición suficiente. Entre 2002 y 2018, las exportaciones de la Argentina y las de Venezuela son las que menos han crecido en toda la región, aun cuando las respectivas monedas fueron las que más se devaluaron. Lo primero que hay que tener es un tipo de cambio estable, porque la inestabilidad disuade a las empresas de hacer negocios a largo plazo incluso cuando aquel resulta competitivo”, señaló en diálogo con este medio. “Segundo, influye la falta de acceso al financiamiento, al menos a capital de trabajo, lo que hace muy difícil mejorar la capacidad productiva. Tercero, el dólar alto, a la vez, hace muy caras las importaciones y la mayoría de los exportadores también son importadores de insumos o de equipos y bienes de capital. Y cuarto, la Argentina sigue sin corregir sus deficiencias estructurales, como presión impositiva, rigidez regulatoria, peso del fisco en la economía, que genera efectos como una tasa de interés muy alta”, aseveró.

Para Español, “se necesitan mejoras en la competitividad sistémica, lo que requiere inversiones en infraestructura, ciencia, tecnología e innovación”.

“Hay muchos elementos de la coyuntura que no alientan el comercio exterior”, indicó Elizondo. “A eso se suman factores exógenos, como el hecho de que no levanta la demanda en el principal cliente del país, que es Brasil, algo que va más allá de que en el resto del mundo el comercio exterior, incluso con menos dinamismo, sigue creciendo”.

Marcelo Elizondo (FOTO: AGLP).

La tarea de ordenar el país será demasiado grande para el próximo gobierno; lo que pase afuera queda, naturalmente, lejos de su alcance. Duplicar las exportaciones sería una solución de fondo para un problema atávico de la economía argentina: la llamada “restricción externa” de divisas. Para eso, además de partir de un tipo de cambio competitivo, será necesario terminar con un ciclo devaluatorio sin fin. El desafío se llama estabilidad.

(Nota publicada en Letra P).

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