Salarios, precios y tasas: Fernández cierra su plan para “encender la economía”

Como parte del shock de iniciativas para los primeros 180 días de una eventual gestión presidencial, el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, completa su programa para lograr lo que ha definido como la necesidad de “volver a encender” una economía apagada desde 2016 por Mauricio Macri. Para eso, sus economistas de consulta trabajan en la sintonía fina entre variables como el tipo de cambio, la tasa de interés de referencia, salarios y precios de los productos esenciales, sin la cual la crisis, en lugar de ceder, podría agravarse.

En caso de triunfar en las elecciones del 27 de octubre, como pronostican todas las encuestas, el peronista recibiría un país en profunda recesión, que se prolongaría a 2020, y con un nivel de inflación superior al 50%. En ese contexto, pretender reactivar con el expediente clásico del aumento del gasto no solo sería inocuo en términos de crecimiento sino contraproducente en lo que hace a los precios, además de chocar frontalmente con la necesidad de acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar una profundización del default selectivo.

Como anticipó Letra P, en la hoja de ruta para los primeros 180 días que pergeña Fernández se destaca la necesidad de aumentos salariales moderados en el marco de un acuerdo social.

Más puntualmente, este portal supo que la idea es que el diálogo entre empresarios y sindicalistas establezca que los salarios equiparen a la inflación, sin ir más allá, de modo de no incrementar la carrera nominal que terminó por desquiciar a la administración macrista.

El hecho de que los ingresos de los trabajadores no recuperen de inmediato lo perdido (un 12% en 2018 y una proyección del 7% para este año en el sector formal, según Ecolatina, datos que empeoran en el mercado laboral informal) puede dejar gusto a poco, pero lo que se busca evitar es una nueva vuelta de tuerca en la espiral inflacionaria y no ahogar más a empresas que manifiestan severos problemas para hacer frente al bono de $5.000 que pretendía imponer el gobierno saliente y que, ahora se sabe, apenas será un anticipo a cuenta de paritarias.

Fuente: Ecolatina.

El objetivo de reforzar el cambio de tendencia, con un estímulo al consumo que termine con la actual inercia recesiva, también podría complementarse con la concesión, como en tiempos de Néstor Kirchner, de sumas fijas no remunerativas, acaso con algún tipo de compensación tributaria posterior para los empresarios. Sin embargo, esa hipótesis, que debería ser analizada “sector por sector”, todavía “está verde” dada la situación de las compañías, sobre todo las pymes, según supo Letra P.

En tanto, la desdolarización de las tarifas de servicios públicos es un objetivo ya enunciado públicamente por el propio presidenciable.

El mayor peligro de bombear el consumo es atizar más un índice de precios que Fernández recibirá en un nivel preocupante, superior al 50%, y cuando hay analistas que advierten incluso del riesgo de una hiperinflación. Así, además de la moderación salarial, se descuenta que el control de cambio deberá ajustarse, de modo de asegurar tanto la cotización del dólar que rige el comercio exterior del país (y, con ello, el precio doméstico de los alimentos) y el sostenimiento de un nivel de reservas mínimo que permita financiar importaciones necesarias para el consumo y la producción, además del servicio de la deuda.

Un problema del cepo anunciado por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, es que resulta demasiado laxo, ya que su límite de compra de 10.000 dólares mensuales para las personas humanas deja indemne al 98% de los potenciales compradores. El propio Presidente dijo que eso apuntó a “cuidar el ahorro de la clase media”, pero esa decisión, de corte probablemente electoralista, hace que hasta ahora el tipo de cambio oficial se siga sosteniendo con una tasa de interés de referencia superior al 80% y a intervenciones directas del Banco Central y bancos oficiales en el mercado, con la consiguiente sangría de reservas por goteo. ¿Cuál es entonces el objeto de un cepo que afecta a las empresas incluso para pagar deudas en el exterior?

El mencionado goteo hace presumir que el cepo será reforzado y la única pregunta es si esa tarea la emprenderá, por necesidad, el propio Macri o quedará pendiente para quien eventualmente lo suceda.

Así, con un control de cambio más efectivo, el dólar quedará mejor sujetado y, con eso, se le pondría coto al factor que más contribuyó desde el año pasado a la escapada de la inflación.

En paralelo, resultará innecesario mantener tasas de interés reales tan elevadas como las actuales, destinadas, justamente, a evitar un pase de carteras de inversión del peso al billete verde. De ese modo, se proyecta, sin chances de una dolarización fuerte, el precio del dinero finalmente podría bajar con fuerza para alivio de empresas que se han visto privadas de las formas más elementales de crédito desde hace ya demasiado tiempo, calculan en el albertismo.

La banca pública, esperan, hará punta en la reactivación del crédito y, dadas las demás condiciones mencionadas, sin riesgos de disparar una mayor inflación.

(Nota publicada en Letra P).

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