Celia Kleiman: “Esta polarización extrema nos remonta a la Argentina de 1955”

Celia Kleiman constituye un ejemplo poco frecuente como encuestadora, ya que, en paralelo a su tarea profesional, especialmente activa en campañas electorales como la actual, se empeña continuamente en esclarecer al público sobre cómo se deben leer los sondeos, la imposibilidad de hablar de ventajas cuando estas se ubican dentro de los inevitables márgenes de error, la importancia del método que se usa en cada caso y hasta posibles manipulaciones.

Analista política y titular de la consultora CK Consultores/Polldata, le dijo a Letra P que la híper polarización en curso “es producida y generada” y que “nos remonta a la Argentina de 1955”. No hay en el actual estado de cosas mayor novedad, explicó.

Asimismo, invitó a “tomar con pinzas los resultados de las encuestas a nivel nacional” y asegura que las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo domingo serán importantes pero no decisivas: “el futuro no está asegurado”.

A continuación, los principales tramos de la entrevista que Kleiman concedió a Letra P.

-En los últimos días se conocieron sondeos de intención de voto para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que difieren mucho en sus resultados: algunos que anticipan un triunfo amplio de Alberto Fernández y otros, por el contrario, dan ganador a Mauricio Macri. Cómo encuestadora, ¿cómo se explica semejante dispersión?

-La mayoría de las encuestas que vi publicadas habla de una paridad o de una leve ventaja para la fórmula (Alberto) Fernández-(Cristina) Fernández. La dispersión de los datos que brindan los distintos sondeos puede deberse a los márgenes de error. Es decir, por ejemplo, que si se observa paridad, cualquiera de las dos fórmulas puede estar arriba o abajo por hasta cuatro puntos, digamos. De todas maneras, hay que tomar con pinzas todos esos resultados porque todas las encuestas a nivel nacional están hechas con el sistema IVR (ndr: Interactive Voice Response,  o “respuesta interactiva por voz”, en las que el encuestado contesta telefónicamente preguntas estandarizadas de un sistema y va pulsando los botones de acuerdo con las preferencias que se le presentan), que tiene deficiencias y suele generar muestras bastante sesgadas. También puede ocurrir que alguna encuesta que se presenta como realizada a nivel nacional solo tome grandes ciudades, mientras que otras profundicen en ciudades más pequeñas. Esas son las explicaciones que le encuentro a la dispersión que me menciona.

-El actual proceso electoral parece poner en juego la premisa de que lo económico, o lo que algunos encuestadores y analizas llaman “el primer mero cuadrado”, es lo que predomina en el ánimo de los votantes. De hecho, el oficialismo apuesta todas sus fichas a cuestiones vinculadas a valores. ¿Cuál es su visión sobre eso?

-Lo económico sigue teniendo muchísimo peso. Lo que pasa es que Juntos por el Cambio no puede ensayar ninguna defensa en ese tópico, por lo que basa su campaña en lo que usted denomina “valores” y que tiene que ver, en realidad, con temas como transparencia versus corrupción o con una visión de futuro versus un regreso al pasado. El Gobierno trata de alejar el debate todo lo que le resulta posible de la economía, porque ese ha sido y sigue siendo su gran déficit.

“Hay que tomar con pinzas los resultados de las encuestas a nivel nacional (…) El futuro no está asegurado”.

-Sin embargo, al parecer hay un sector muy importante del electorado que define su voto por consideraciones más ideológicas que vinculadas a su situación económica.

-Existen esos segmentos, de ambos lados, que yo denomino “odiadores”. Me refiero a ellos de ese modo porque no prima en sus decisiones ni lo económico ni los valores sino el odio hacia el otro. Si uno les pregunta por la motivación de su voto, responden “por la transparencia”, por ejemplo. Pero en ese caso la verdad profunda es que actúan simplemente para que no vuelva Cristina. Paralelamente, algunos que votan a Cristina no lo harían de ninguna manera por Macri. Por esa razón es que insisto mucho en lo que también llamo identificación partidaria negativa, que es exactamente esto y que va más allá de las justificaciones que algunas personas pueden dar cuando se les pregunta.

-¿Detecta un crecimiento numérico de esos sectores? Porque a esta altura no parecen ser residuales.

-No sé si son tan amplios. La mitad del electorado dice que nunca votaría a uno u otro, pero eso es algo que ocurre en cualquier elección. No se trata necesariamente de que todos los que responden de ese modo lo hagan movidos por el odio. Depende mucho de cómo se haga la pregunta. Estamos frente a un problema semántico: decir “no voto a tal candidato” no implica necesariamente odio. Pero volviendo a la pregunta, no sé si hay un cambio de paradigma sino más bien una polarización extrema, que es producida y generada, y que nos remonta a la Argentina de 1955 porque sigue vigente eso del peronista y el gorila. No creo que estemos frente a un nuevo paradigma sino ante un episodio más de la polarización que arrastramos desde 1955. Lo que está en juego es la puja entre dos proyectos e ideologías y eso no es algo nuevo.

¿Le parece que la crisis financiera desatada el último lunes por la guerra comercial entre Estados Unidos y China puede influir en el ánimo de los votantes a tan pocos días de las PASO, básicamente en lo que hace al regreso de las tensiones con el dólar?

-El aumento del dólar que puede derivar de esa crisis en realidad afecta a un porcentaje reducido de la población, al segmento medio-alto y alto. Para la mayoría de los electores, en cambio, el problema es si un aumento del dólar se traduce después en un incremento de los precios de la canasta familiar; eso es lo que puede llegar a tener impacto. Diría que eso es lo que influye a nivel masivo: lo que pasa con la inflación y con las tarifas, más que el dólar en sí. En ese sentido, el efecto, si finalmente se produce, no debería notarse esta semana, antes de las PASO, sino más bien pensando en octubre.

“Las dos campañas fueron bastante flojas porque se limitaron a hacer hincapié en las debilidades del adversario más que en las fortalezas y propuestas propias”.

-¿Cuánto espacio habrá para corrimientos de votos después de las PASO? O, dicho de otro modo, ¿en qué medida quedarán definidas las cosas el próximo domingo?

– No doy nada por definido porque hay que acordarse de lo que pasó en 2015, cuando el resultado del ballotage difirió muchísimo del de las PASO, tanto que, después de haber perdido inicialmente, Macri terminó siendo presidente. Uno puede hacer ejercicios en las encuestas, pero en realidad no sabe a ciencia cierta hacia dónde pueden ir los votos de (José Luis) Espert o de (Roberto) Lavagna, por ejemplo. Claro que puede asumirse que, por ideología, los de Espert pueden ir en mayor medida a Macri, pero lo que la gente dice en las encuestas no siempre es lo que hace en el cuarto oscuro. A los encuestados les preguntamos hoy qué van a hacer en una segunda vuelta, pero muchos ya están mareados. Las PASO son la mejor encuesta, aunque decir eso sea un cliché, pero es la verdad. Después de que se realicen habrá que empezar a analizar lo que puede pasar en octubre. El futuro no está asegurado. Sí se puede prever lo que harán los núcleos duros, ¿pero qué pasa con los que no los componen? Ahora hay que esperar.

-¿Cómo siguió en general la campaña? ¿Le sorprende que no se hayan conocido demasiadas propuestas o eso es algo a lo que hay que acostumbrarse con la política agónica que construye poder en base a la llamada “grieta”?

– Para mi gusto, las dos campañas fueron bastante flojas porque se limitaron a hacer hincapié en las debilidades del adversario más que en las fortalezas y propuestas propias. Obviamente, eso se vincula con el escenario de extrema polarización que se ha planteado. Sería muy interesante y enriquecedor que se realizara un debate entre los candidatos a presidente, de modo que toquen los enfoques y las políticas públicas que cada uno de ellos pretende aplicar.

(Nota publicada en Letra P).

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