Mario Abdo conjuró a último minuto un juicio político que pudo costarle el poder

El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, desactivó este jueves la apertura de un juicio político que, dada la cantidad de legisladores que habían anunciado inicialmente su respaldo a la iniciativa, amenazaba seriamente con desalojarlo del poder.

La inestabilidad institucional volvió al país vecino el miércoles, cuando las bancadas de varios partidos en la Cámara de Diputados anunciaron su intención de promover la destitución del jefe de Estado y de su vicepresidente, Hugo Velázquez, por la firma de un acuerdo energético con Brasil, realizada en mayo pero que salió a la luz solo recientemente y considerada por esos sectores lesiva para el interés nacional.

El mismo modificaba el costo de la energía que Paraguay compra a la hidroeléctrica Itaipú, que el país comparte con Brasil, lo que incrementaría la cuenta en unos 250 millones de dólares anuales. Si bien, cuando se informó del cambio, se especuló con una suba de tarifas para las empresas y los hogares, el Gobierno se apresuró a aclarar que la cifra sería compensada con el corte de gasto público improductivo.

Itaipú ofrece energía a través de dos vías: la llamada “segura”, cuya provisión el comprador se garantiza mediante el pago  de 40 dólares por megavatio, y la “excedente”, de disponibilidad variable y que, por esa incertidumbre, cuesta apenas 6 dólares. Esta última era la que Paraguay solía adquirir, algo que Brasil consideraba una ventaja impropia y al filo del reglamento, argumento que Abdo aceptó.

El entendimiento fue negociado de manera sigilosa dado lo espinoso de su contenido, pero derivó en escándalo cuando la prensa divulgó que José Rodríguez González, asesor del vicepresidente, había intervenido en las tratativas que terminaron prohibiendo un atajo por el cual la estatal ANDE (Administración Nacional de Electricidad) podía vender, a su vez, esa energía barata a compañías brasileñas.

Paraguay no estaba obligado a renegociar las condiciones del reparto de la energía de Itaipú hasta 2023, de acuerdo con los pactos vigentes hasta el momento.

Debido a la controversia, renunciaron la conducción de la eléctrica estatal, el embajador paraguayo en Brasil, Hugo Saguier y el canciller, Luis Castiglioni.

La iniciativa del juicio político correspondió a los diputados del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y del izquierdista Frente Guasú, ambos opositores, pero las cosas se pusieron realmente complicadas para el mandatario cuando se sumó un sector de la oficialista Asociación Nacional Republicana-Partido Colorado, Honor Colorado, orientado por el ex presidente Horacio Cartes. Eso aseguraba los dos tercios, 53 votos, necesarios para elevar la acusación al Senado.

El miércoles a la noche, Abdo Benítez anunció que tomaba el desafío de la oposición y de la disidencia colorada y que se defendería en el juicio político que pretendía abrir la Cámara Baja. Cabe recordar, como lo demostró la defenestración de Fernando Lugo en 2012, que ese tipo de trámite suele resultar expeditivo en Paraguay.

Ante el peligro, Abdo Benítez decidió operar en dos frentes.

Por un lado, logró que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, aceptara el mismo miércoles a última hora denunciar, esto es dejar sin efecto, el acuerdo bilateral, acto que el último justificó en la alianza ideológica con “Marito” y en el peligro de una quiebra del orden institucional en el país vecino.

Por otro lado, ya con esa carta en la mano, Abdo Benítez salió a conjurar la revuelta del cartismo.

Así, Honor Colorado señaló este jueves por boca del  titular de la Cámara de Diputados, Pedro Alliana, que “considera reparado el daño hecho al país” por el entendimiento desactivado y que se bajaba del juicio político al titular del Palacio de López. No mencionó, sin embargo, cuál será su actitud respecto del vicepresidente Velázquez, que sigue en riesgo.

Controlada de ese modo la amenaza, Abdo Benítez habló este jueves. “Quiero agradecerle al pueblo paraguayo, que demostró su interés y protagonismo en (…) la defensa de sus ideales. Quiero agradecer a quienes criticaron al presidente de la República y a quienes no perdieron la fe en el presidente de la República”, dijo junto a su esposa.

Mario Abdo Benítez y su esposa Silvana. (Foto: Gustavo Machado, ABC Color).

“Quiero agradecer a mi familia, a mi señora, que pasaron conmigo momentos difíciles, angustias. Si no hubiese sido por la contención de mi señora esposa, el apoyo de mis hijos, habría sido mucho más difícil superar este momento. Reitero: debe servir para una reflexión para recuperar esa bandera que levantamos en nuestra campaña electoral y el compromiso que hemos hecho con el pueblo paraguayo”, añadió en tono suavemente autocrítico.

Abdo parece haber encaminado una situación muy amenazante y asegurado por el momento su permanencia en el gobierno. Sin embargo, sale debilitado de la crisis, con un equipo diezmado por renuncias y con una imagen por primera vez asociada a posibles hechos de corrupción, lo que va a contramano del discurso que lo llevó al poder.

Además, quedan expuestas una vez más las grietas dentro del Partido Colorado, disimuladas en la campaña electoral después de una primaria muy dura, en la que el actual mandatario venció al ex ministro de Economía de Cartes, Santiago Peña, lo que significó la recuperación del control del aparato de la ANR-PC del coloradismo tradicional, incluso el ligado al viejo stronismo, en detrimento del ala liberal que lo había regido de la mano de su antecesor.

(Nota publicada en Letra P).

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