Fernández y Dujovne tironean la estadística en un primer round sin ganadores

Después de un tiempo demasiado largo en el que abundaron los epítetos, algunos extraídos de la Guerra Fría, y las consignas vacías, la campaña electoral parece virar por fin hacia el tema más sensible del momento: la economía. El candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se enzarzaron en una polémica dura pero críptica sobre la evolución del déficit fiscal en la que ambos y, a la vez, ninguno tiene razón, pero que pone sobre la mesa una cuestión clave: la herencia que dejará Mauricio Macri. ¿Quién tiene razón? Según dijo Mark Twain, “hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas.”

El peronista abrió fuego el lunes a la noche en una entrevista en Todo Noticias con Joaquín Morales Solá, en la que ejemplificó con la cuestión fiscal el modo en que, según él, Macri empeoró todos los indicadores. Así, señaló que Cristina Kirchner había dejado al salir del poder en 2015 un déficit del 1,8% del Producto Bruto Interno (PBI) y que en la administración actual este saltó al 6%. “Usted me confunde”, le dijo el periodista.

Ausente en la campaña hasta entonces, quien recogió el guante fue Dujovne, quien lo refutó a través de una serie de tuits en los que acusó a aquel de haber tergiversado los números. Para él, el mencionado 1,8% de Cristina fue en realidad un 3,8%.

La controversia enfrenta a dos gobiernos que no brillaron precisamente por su manejo de las cuestiones fiscales, por lo que resultó fértil para todos los campamentos políticos. Así, el primer candidato a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, Marco Lavagna, salió en las redes sociales a llevar agua hacia el molino de Consenso Federal.

Este miércoles, finalmente, Fernández volvió a la carga para sostener su punto, al acusar, también vía Twitter, al ministro de ser quien “anuncia desde hace tiempo el fin de la crisis (…) Ese Dujovne dice que miento. Sin palabras”.

Para entender de qué están hablando todos hay que comenzar por una diferencia fundamental. Si el déficit fiscal surge de la diferencia entre los gastos y los ingresos de un Estado (en la que los primeros superan a los segundos), hay en él dos componentes. El déficit fiscal primario solo toma en cuenta los gastos corrientes de la administración y el total incluye lo que un país paga en intereses de deuda. Esto último es lo que tiende a crecer con fuerza en la era Macri.

Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, indicó en diálogo con Letra P que “desde el aspecto formal, sin duda la razón le asiste al ministro, dado que la generación de datos fiscales corresponde a Hacienda y no al INDEC, como había sostenido Fernández. Sin embargo, según una sentencia que se aplica a muchas situaciones y nunca debemos olvidar, ‘lo que muestra la estadística es importante, pero lo que oculta es esencial’”.

Christian Buteler, analista financiero, le dijo a este medio que “Alberto Fernández tomó como déficit (primario) de 2015 el dato del 1,8% (del PBI) porque fue el que el propio Gobierno utilizó en el prospecto del bono a 100 años. Y ahí se empantana la discusión, porque el mismo Gobierno que dijo eso hoy habla de un 3,8%”.

“Lo correcto para 2015 es hablar de un 3,8%, como dijo Dujovne. Pero seamos claros: el Gobierno bajó el déficit fiscal seriamente solo desde 2018, cuando todo voló por el aire y fue el FMI el que le dijo que hasta ahí podía llegar porque los mercados ya no le daban más financiamiento. Esa fue la condición del paquete de 57.000 millones de dólares. Entonces, vemos que el déficit de 2016 fue superior al de 2015 y que el de 2017 cerró como el de 2015 a nivel primario. Sin embargo, el financiero se fue más arriba porque empezaron a pesar los intereses. Recién en 2018 el primario bajó, pero por lo mencionado, a los palazos, porque así lo impusieron desde afuera”, añadió.

Leandro Ziccarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), aseveró en diálogo con Letra P que, además de eso, “el déficit del 1,8% (del PBI) surge de la fórmula de medición más parecida a la del manual del Fondo Monetario Internacional (FMI), que considera las transferencias (de utilidades) tanto del Banco Central como del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS de la ANSES). Lo que dijo Alberto estuvo en línea con eso”.

“Esa metodología es discutible. El actual Gobierno la usó a medias para agrandar el déficit de 2015, al considerar solo las deudas flotantes pero no los ingresos, algo bastante ridículo. Después la cambió y ahora Dujovne decidió usar otra”, explicó.

“La metodología actual es bastante sólida, pero tiene la particularidad de que incluye ingresos extraordinarios, algunos ya mencionados en el acuerdo con el Fondo, como las transferencias del FGS al Tesoro, que proyectaron 80.000 millones de pesos este año, y la privatización de centrales térmicas, que consideraron como un ingreso tributario. Eso sí que está mal”, cerró.

“Toda la discusión es un embrollo y ambos números son defendibles, pero también objetables. Lo que no hay es una metodología clara y consistente”, dijo Ziccarelli.

De acuerdo con Ziccarelli, “toda la discusión es un embrollo y ambos números son defendibles, pero también objetables. Lo que no hay es una metodología clara y consistente”.

Reija coincidió: “El debate mezcla cosas y hace, por ambos lados, una lectura parcializada de una realidad compleja”.

Ahora bien, ¿le conviene al Gobierno trabarse en una discusión económica, que es terreno que hasta ahora, por razones obvias, había buscado evitar?

Buteler entiende que “al Gobierno no le conviene discutir sobre economía porque ahí pierde. Lo que quiso hacer Dujovne, da la impresión, es mostrar que Alberto Fernández sigue usando datos que no son ciertos, pero el problema es que, como dijimos, los dos datos de déficit fiscal primario, el del 1,8% y el de 3,8%, fueron difundidos por el propio oficialismo”.

Desde el análisis político, Sergio Berensztein le dijo a Letra P que “el Gobierno se dio cuenta de que, más que evitar la discusión económica, lo que no va a ser posible, le conviene más agarrar la pelota y devolver el ataque en términos que le permitan obtener una ganancia en términos relativos”.

“El Gobierno se dio cuenta de que, más que evitar la discusión económica, lo que no va a ser posible, le conviene más agarrar la pelota y devolver el ataque en términos que le permitan obtener una ganancia en términos relativos”, indicó Sergio Berensztein.

“Entonces, Dujovne buscó poner de manifiesto que Alberto Fernández no tiene equipo ni voceros económicos, que no tiene expertise y que sufre contradicciones. Intentó exponer debilidades e improvisaciones en el discurso opositor”, agregó.

Lo económico es para el macrismo terreno resbaladizo. Si lo que intenta es hacer virtud de la debilidad, el resultado de esa audacia se conocerá pronto.

Faltan solo 18 días para las PASO.

(Nota publicada en Letra P).

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